LITERATURA

ALEMANES DE MIERDA…!

 

 

Gino Winter

 

Al verme obligado a renunciar a mi puesto gerencial en una agencia de turismo, quedé en una posición de transmigración social tal que llegué a sentirme un potencial homeless (mendigo). Hasta empecé a pensar en cómo modernizar el logo y el diseño mismo del Homeless-T-Shirt (camiseta, polo) para sentirme más cómodo con mi balde (cubo) pidiendo moneditas bajo el inclemente sol de Miami… Felizmente un compatriota ilegal me ofreció un cachuelo (empleo eventual) que me salvó una vez más de tal ignominia. Se trataba de hacer el setting o set up (ubicar según el plano) de los muebles, toldos, menaje y accesorios de una boda germano-brasilera en un Club Alemán de Miami.

Cuando empezamos a colocar las sillas en el jardín de la ceremonia la cosa no se proyectaba como muy prolija que digamos y un alemán que estaba paseando y que no tenía nada que ver con la boda, se acercó y ofreció una cinta de medir y dos cintas guías que tenía en su auto. El teutón se dió el trabajo de medir, calcular y arreglar la posición de las sillas guía, con lo cual el resto del trabajo fue más fácil que disparar al piso y además nos regaló las cintas, que quedaron lindas como adorno y luego se retiró feliz, como si se hubiese acostado con Nicole Kidman… Yo estaba gratamente sorprendido pensando en el espíritu de cooperación tedesco, cuando se acercaron mis compatriotas a preguntarme por qué a estos alemanes de mierda les gusta estar midiendo y mandando a todo el mundo como si fueran los elegidos de Dios y nosotros sus chulillos… Según el inexorable cronograma de actividades de ese día, tendríamos nada más que treinta minutos para colocar en el salón de la fiesta las más de cien sillas del jardín mientras los invitados pasaban al lobby a tomar unos cocteles. Empezamos a realizar la tarea a toda velocidad mientras éramos observados por algunos invitados quienes parecían estar intercambiando cálculos mientras señalaban las sillas de marras y movían la cabeza como árbitros de tennis. Una rubilinda y turgente alemana, perfectamente enfundada en un vestido Cacharel, se me acercó y pidiéndome disculpas me aseguró que no terminaríamos a tiempo, por lo cual se ofrecía con su grupo a darnos una mano. Antes de que pudiera explicarle a mis compañeros lo que estaba pasando, tres bellas muñecas alemanas se sacaron sus zapatos de fantasía y empezaron a acomodar las sillas, seguidas por sus respectivas parejas quienes abandonaron sus tragos para ponerse a trabajar como si les fueran a pagar con isótopos de uranio. Mis compañeros me preguntaban qué les pasaba a estos locos de mierda, con qué los alimentaban allá en Alemania, por qué les gustaba meterse en todo, acaso creían que éramos nosotros unos incapaces? Por qué Churchill no actuaban como invitados normales y se sentaban a ver cómo pujábamos y a criticar nuestra falta de previsión y lo mal que se había confeccionado el cronograma, la poca cantidad de trabajadores, o simplemente a decir que esta fiesta iba a ser una reverenda mierda, etc.?

Traté de comentarles algo sobre el espíritu alemán y su obsesión de que todo salga bien y exacto, pero me cortaron con eso de que «por qué no le rezan algunas misas para que deje de atormentarlos el espíritu de mierda ese, que se vaya a penar a otro país, por la p…» y cosas por el estilo. Al terminar la tarea antes del tiempo establecido, las teutonas (de verdad que eran muy teutonas, con teutas naturales además) se acercaron felices a agradecernos el haberles permitido colaborar con la tarea, yo ya no sabía qué decirles a mis compañeros mientras ellos acotaban que «deben de ser de alguna Iglesia de esas raras…»

Al término de la reunión, todo quedó tan ordenado como al principio, lo cual contrarió tremendamente a mis compañeros pues «Gracias a estos alemanes de mierda ya nos quedamos sin hacer horas extras… Por eso lo hacen, por joder y nada más que por joder»…

Me acordé de un gran amigo alemán de la tercera edad que se la pasaba reiterando que él era un «alemán de Alemania» porque ya estaba harto de que le digan que era un «alemán de mierda». Así son pues estos «fucking» alemanes…, Siempre buscando que todo salga perfecto, por eso será que están como están… ¿No?

 

Fuente: http://cronicasilegales.blogspot.com/

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