REFLEXIONES

METAMORFOSIS

 

 

Sandra Najjar

 

Escucho a la gente con problemas personales todo el tiempo. Leo y miro las noticias de mi país y del mundo y… ¡ahí está de nuevo la problemática!, en este caso social. Abro mis cuentas en la red y nuevamente la gente publicando no sólo los conflictos por los que están atravesando, sino que también hacen públicas sus emociones y sentimientos. Además de sobre-informarnos lo que acaban de comer, dónde se encuentran, sus viajes y nuevas adquisiciones extravagantes, sus enfermedades y dolores, sus cuadros infecciosos y pensamientos suicidas, o simplemente bombardean las redes de fotos de sí mismos (en el baño, en el espejo, en el auto o en cualquier lado) los llamados «selfies».  Me pregunto entonces, si la necesidad de comunicar aquello que por lo regular nos cuesta trabajo expresar, ha llegado al extremo.  ¿Será que tal vez los seres humanos estemos gritando a voces que necesitamos atención, afecto y comprensión? Vivimos en un mundo paradójico en donde hemos aumentado los medios para comunicarnos, y disminuido la comunicación humana, real. Hemos llegado al grado de ventilar nuestra vida e intimidades que nunca antes hubiéramos hecho notorias (porque socialmente, no era bien visto) para que al final terminemos irritados y completamente furiosos porque la gente opina y juzga nuestra forma ser, de pensar y de llevar la vida.

Analizando los alcances del ser humano,  parece que estamos caminando a través  de una  transformación social muy profunda, es verdad que las sociedades y civilizaciones constantemente lo están haciendo, sin embargo creo que éstos son tiempos especialmente sensibles y de gran impacto en lo que al tema se refiere.

La segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI, se han vivido momentos ideológicos cruciales de cambios, para la forma en que la humanidad o gran parte de ella, concebía la vida, aspectos como la estructura moral-religiosa que era absolutamente conservadora, en la que implicaba el control de sociedades enteras desde en cómo se debía  ejercer una sexualidad, hasta las ideas de pobreza, mediocridad y conformismo, la represión y/o adoctrinamiento intelectual, el concepto de  culpa, pecado y absolución, etc.

Cabe mencionar que tocar estos  temas, aún hoy pueden resultar espinosos para aquellos que no se atreven a mirar hacia el presente-futuro y el progreso del hombre, por otro lado, sé que no todo es o ha sido malo, que hay que rescatar ciertos conceptos de religión (institucional)  para seguir adelante en el nombre de la libertad individual, así como  de la buena convivencia y el bienestar común. Sepan que respeto toda opinión y que promuevo el debate sano que posibilite una retroalimentación, que promueva que la mente se vuelva elástica; que se expanda para bien.

Siempre he pensado que el problema más grande que tenemos como seres humanos, es que vivimos en los extremos, eso es algo que podemos comprobar al observar nuestros pensamientos, emociones e interacciones sociales. Siempre digo que estamos en el blanco o en el negro, nunca vemos la gama intermedia de matices que existen entre estos dos. ¿Pero por qué no somos capaces de manejarnos en el centro? Primero; porque nadie nos ha enseñado. Segundo; aquí no sólo entra  el aprendizaje cultural o la herencia de nuestros antepasados.

Nos hemos preocupado por investigar las conductas del ser humano y cómo funciona el cerebro. Es aquí que dilucidamos que entran en juego también,  el campo emocional, psicológico y fisiológico. Diversos estudios han revelado que las emociones juegan un papel protagónico en la forma en cómo nos conducirnos, por lo que debemos aprender a identificarlas y diferenciarlas de los sentimientos, racionarlas, autorregularlas y sobre todo, comprenderlas. Que éstas debieran ser parte del proceso de desarrollo humano, parte del aprendizaje básico  en casa,  parte de la herencia cultural. El poco manejo emocional provoca la represión o el exceso de sensibilidad o emocionalidad desbordante (ambas, poco útiles para enfrentar el mundo real), el extremo en cualquier caso, éstas emociones producen padecimientos internos o sintomatologías psicológicas, al punto de  alcanzar el descontrol total de vivir, de sentir (depresión o apatía) de tener  pocos motivos para seguir adelante cada día (en este apartado psicológico-emocional entra el estrés). Está comprobado que el estrés mal manejado, produce enfermedades, literalmente enferma a nuestro cuerpo.  Independiente al manejo emocional correcto y consciente, existe la posibilidad de padecer algún trastorno neuronal que afecte en este sentido áreas cerebrales y provocar desequilibrios emocionales y vitales. Si es el caso, será  necesaria la valoración médica para  posible medicación y tratamiento.

Después de comprender un poco  cómo funcionamos corporal, emocional y por ende conductualmente, regreso al cambio que la humanidad está sufriendo. Digo «sufriendo» porque toda transformación es dolorosa, pero al final cambiamos de forma, como la crisálida que se convierte en mariposa. Hablábamos acerca del legado religioso que marcó una manera de «ser» de la humanidad de siglos y siglos. Comenzando por entender y aceptar la sexualidad de una manera sin preguntar. Esto por supuesto, selló y definió roles en hombres y mujeres y sus conductas sociales; las aceptables y las inaceptables, además del concepto de «ser hombre» y «ser mujer». Así como los mandamientos basados en aquello que demarcaron como «bueno» y «malo». La represión intelectual y el adoctrinamiento ideológico: se sabe que eran para ejercer el poder sin posibilidades de perderlo, control de las masas a través del miedo, de un ídolo o una idea.  Este ejemplo ya se ha visto a lo largo de la historia de la humanidad y funciona muy bien en otras esferas sociales, a la fecha aún se aplica en algunos países del mundo. Otro punto ha sido impartir y difundir la idea de que la pobreza es buena (usando al alma de pretexto) que hay que ser pobre para alcanzar la inmortalidad (el reino de Dios)… ¿Y las motivaciones, metas y anhelos humanos? ¿Dónde quedan los sueños de crecimiento y éxito personal, acaso no cuentan? ¿En qué otra vida lo conseguiremos? ¿Hay verdaderamente otra vida, o tenemos que esperar a morir y desperdiciar nuestro aliento, nuestro latido para saber que existe otra vida nueva? ¿Por qué no aprovechamos ésta para lograr las ideas de triunfo y objetivos que conciernen a ella? Este tipo de preguntas se hacen las nuevas generaciones. El concepto de culpa: es no hacerse responsables de sus propios actos, sentimientos, emociones e intenciones. La llamada «culpa» hay que entenderla como algo humano, sólo que sin ese dedo que señala incesantemente a cada paso que damos; cuando comencemos a aceptar la responsabilidad de nuestros pensamientos, emociones y conductas, ese día podremos crecer y aprender, evitaremos cometer los mismos errores y seremos personas más justas y honestas.

Los pecados: diría que se refieren a no habitar los extremos de lo que ya hablamos antes. Son características y necesidades humanas llevadas a los extremos: la gula (comer), lujuria (sexo desmedido), avaricia (¿se acuerdan de Scruge?), ira (manejo emocional nulo que puede  orillar a cometer atrocidades), tristeza (O sea, cómo. ¿No se vale sufrir? O se referirán al hecho de no controlarla y cometer suicidio) pereza (es necesario ser productivo para que una sociedad funcione bien) soberbia (No hay que creerse más que los demás, todos valemos y cada uno es importante). Hay que analizar las épocas en que estos mandatos y forma de vivir fueron dictados. Provenimos de civilizaciones y tiempos violentos, por lo que ha sido necesario aplicar normas civiles y enaltecer los valores universales para poder lograr una convivencia armoniosa; en los mandamientos por ejemplo hablan de valores como: el respeto en distintas manifestaciones (honrar al padre y a la madre, no robar, no cometer adulterio), no matar (respeto a la vida), la honestidad (no mentir)  y no envidiar a nada ni a nadie (no codiciar, mujer, propiedades, etc., del prójimo) en fin, conceptos humanos que llevados al extremo, resultan en una auto-exclusión social, ya sea porque el individuo se aísla o le cae el peso de la ley y estos actos se denominan hoy en día delitos. Estos frenos morales eran necesarios para poder auto-domesticarnos como especie, para convivir y diferenciarnos de los animales, por el hecho de ser conscientes de lo que somos y lo que hacemos. Y provenimos de culturas  donde siempre han existido la religión y el cuidado del espíritu, la adoración y consuelo de uno o más Dioses. Llevando así, una vida paralela, dividiéndonos en dos partes y dos planos, el material y el espiritual. Basados en las creencias místicas, religiosas y divinas.

¿Qué sucede hoy, en nuestros tiempos? El conocimiento del  hombre ha avanzado tanto, que hemos llevado la investigación del mundo muy en serio,  las historias increíbles de las religiones que cubrían ciertas necesidades, ya no las cubren, pues ya no las creemos. La ciencia ha hecho tantos hallazgos, así como la medicina y la anatomía que el ser humano se ha vuelto escéptico, ateo hasta consigo mismo.

Su característica principal, se siente que todo lo sabe, porque se sabe producto de la evolución, pero su carácter se agría por algún extraño motivo. Y se forma un vacío en esa vida que llevábamos paralela, así que surgen religiones o sectas con ritos extraños, que a veces hasta atentan contra la vida. O La gente toma personajes de la ciencia ficción, o de las historias y cuentos de la infancia para creer en ellos. Hay gente que adora mundos naturales y fantásticos como el de las hadas y los duendes (remite a la pureza de la infancia y a la conexión que  se tiene con la naturaleza), de extraterrestres y reptiles (la ciencia ficción y su vasta gama de literatura y cine). Esto tiene un propósito inconsciente, el de llenar esos huecos abismales que por ADN heredamos y traemos en la sangre como especie, es decir; la mente y nuestro raciocinio nos dice una cosa y nuestro ADN nos dice otra. Así que nos queda la sensación de abandono e insatisfacción. Yo personalmente respeto las creencias de cada quien, siempre y cuando respeten la vida y el entorno de los demás Por otro lado, la naturaleza nos demuestra su espíritu y esencia, la energía descubierta en forma vital, y su capacidad de transformación e indestructibilidad.

Este es el siglo de la melancolía individual, la tristeza aparentemente sin fundamento, el siglo que va a parir nuevas ideas. El tiempo de las paradojas en donde el ser humano mira por su bien material pero también ve por su bien espiritual, porque lo necesita. El siglo de la comunicación y la falta de comunicación. Este es el siglo del vacío y  también de las opciones de llenado, puede ser muy peligroso, pero a la vez puede resultar «con una buena orientación» verdaderamente enriquecedor. Hay que reaprender a pensar, pensar críticamente, a recuperar del pasado la instrucción de los valores universales; el amor, el respeto, la honestidad, la justicia. Con los valores del ahora como la tolerancia, la responsabilidad, la libertad, la solidaridad, la verdad, la confianza y por supuesto la ética; que no es sino el impartir conscientemente las normas humanas, sociales, igual que los valores. Y aceptar que existen fuerzas más allá de nosotros, yo no tengo un nombre que las denomine, sin embargo sé que están ahí, en lo personal me siento conectada,  no estoy sola.  Si  yo dejé de creer en las instituciones religiosas como muchas generaciones subsecuentes a mí, sé  también que no hay forma de disociar la otra parte, la parte mística, la paralela, ésa que llamamos divina.  Es momento de pensar con buen juicio, de aceptar lo que en nuestro pasado nos ayudó a crecer humana y civilizadamente, y aceptar lo que nos ayudará a continuar en el camino con amor. Pronto llegará el  momento de la transformación.

 

Fuente: http://www.miamidiario.com/

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