AÚN CUANDO PIERDES, SIEMPRE GANAS
Maickel Melamed
Desde que nací el mundo está en crisis y por tanto nos invita a ser parte de ella.
Así es, cuando no es crisis económica, es crisis de valores, crisis de familia, crisis emocionales. Siempre vivimos en crisis, algunas más locales, otras más personales y otras más universales, pero al parecer siempre están presentes y es como las asumimos o las decidimos vivir lo que hace la diferencia.
Hace poco viví uno de esos momentos mágicos y únicos que sólo el amor, la infancia y la inocencia te puede regalar si te lo permites y a su vez, su lección correspondiente.
Mi sobrino Jeremy tiene 7 años y está comenzando el proceso de mudar dientes.
Si te lo pones a pensar desde su visión, es una situación terrible. Se te afloja un diente, herramienta importante para la digestión cotidiana, que además tu rostro se te verá cómico y eres consciente que pronto se te caerá sin que nadie pueda hacer nada al respecto y sólo existe la promesa etérea que una vez que eso ocurra, por un hecho casi mágico fantasioso, te crecerá otro en el mismo lugar, resultando ser mejor y más fuerte.
Imaginemos la confianza y legitimidad que hay que tener con los líderes que te acompañan por tal proceso y te lanzan aquella profecía:
“¡Todo será mejor! ¿Por qué? ¡Porqué así es!”.
Estábamos esperando en una línea de espera y Jeremy se comía unas cotufas o palomitas de maíz con un gusto que la vida radicaba en cada bocado. Yo con mi hermana Maritza, su mamá, conversaba de tantas cosas cuando de pronto ocurrió. El niño brincaba de alegría como un loco intentando comunicar lo que las imágenes explicaban por si sola; su sonrisa desdentada de oreja y una boca que sangraba sin parar. El espectáculo era un poco sórdido y paradójico, normalmente la sangre y las sonrisas no se asocian a menudo.
Pero allí estaba, el sin diente anunciando al mundo su pérdida para que todos se enterarán. No hubo duelo, ni miedo al “¿y ahora que no está que haré?”. Hasta le agradecía a las cotufas por ser detonante de la situación. Él estaba feliz por saber que se despedía de una etapa y que mientras la cosa se normalizaba, podría asumir su extraño rostro con alegría, jugando a crecer. Lo demás estaba claro:
“¡Todo será mejor! ¿Por qué? ¡Porqué así es!”.
Y él confía en ello que mientras eso llega, lo atrae con su actitud.
Las pérdidas o los cambios de circunstancias están a la orden del día, y más aún si juegas al alto rendimiento.
Ojalá cuando asumamos el papel de líderes nos hayamos ganado la confianza y legitimidad para que la oferta de: “¡Todo será mejor! ¿Por qué? ¡Porqué así es!”. De tal forma que quienes nos siguen la asuman como elemento motivación y no como factor de temor o incertidumbre.
Y ojalá como seres humanos recuperemos un poco nuestra capacidad de tener verdadera confianza en nuestra vida y en su magia eterna y milenaria, que nos vive demostrando lo que muchas veces nos negamos en creer.
“Aun cuando pierdes y siempre ganas, porque, ¡Todo será mejor! ¿Por qué? ¡Porque simplemente así es!”.
Fuente: http://www.inspirulina.com/