REFLEXIONES

AQUELLO QUE TODOS HEMOS VIVIDO Y SEGUIREMOS VIVIENDO

 

 

Miguel Gutiérrez

 

Si yo le digo que el tema que nos ocupa es algo que nos ocurre y ocurrirá a todos, qué creen que puede ser. No es algo que les ocurra a algunos de vez en cuando, ni a casi todos, sino que es algo que ocurre a todo el mundo. Lo cierto es que dicho así no son muchas las cosas que nos vienen a la cabeza.

Así que le voy a decir que a lo que me refiero es al “fracaso”. Lo importante no es si fracasamos, sino cómo fracasamos. Es de vital importancia la actitud que tomamos una vez hemos fracasado, ya que de eso dependerá nuestro nivel de éxito. Es por eso que más relevante que el fracaso en sí, es el después.

Lo realmente cierto es que el fracaso es el resultado natural de intentar las cosas. Nadie nunca ha tenido éxito sin haber fracasado antes.

Un claro ejemplo de esto que estoy hablando puede ser el propio Albert Einstein. Uno de los genios más reconocidos de la historia, también sufrió en sus propias carnes el sabor de la equivocación y derrota. Pero supo aprender de esos reveses y seguir intentándolo sin tirar la toalla.

No hay más que reflexionar un minuto sobre una de sus frases: “Pienso y pienso durante meses y años. En el noventa y nueve por ciento de los casos la conclusión es falsa. La vez que hace cien, tengo razón.”

De esto deducimos que el éxito suele llegar como resultado de tiempo y esfuerzo. Algo que hoy en día parece ser que cuesta un poco más, ya que hay personas que no están dispuestas a sudar en exceso, sino que desean un resultado óptimo inmediato.

De tal modo que lo que tenemos que saber es si nosotros somos de esas personas que aprenden o de las que se hunden ante cualquier adversidad. No hay que dejarse aplastar por él, sino aprender.

Aprender lecciones como que no somos invencibles, y que quizá debemos corregir nuestra dirección, probando una nueva. El fracaso nos hace ver también que no siempre vamos a conseguir lo que deseamos en el momento que deseamos, sino que debemos echar mano de nuestros recursos, que son más de los que creemos.

No hay que tomar el fracaso como motivo de vergüenza, ni como medio de supervivencia, sino como forma de crecimiento. Siempre con la esperanza por delante.

Lo que está claro es que el riesgo trae consigo el fracaso, pero sin fracaso no hay éxito. El éxito no viene a buscarnos, sino que tenemos que ser nosotros quienes salgamos y arriesguemos en su búsqueda. No correr el riesgo de fracasar puede que sea el peor de los errores.

Sí que es cierto que la sensación de frustración y decepción van unidos al fracaso, pero este tipo de sentimientos en vez de derrotarnos, lo que tiene que hacer es ayudarnos para volver a intentarlo.

De esto deducimos que todo depende de nuestra actitud y nuestras opciones.

De esto deducimos que fracasar está bien, ya que si no fracasamos no crecemos.

De esto deducimos que como siempre hay personas que aprenden y personas que no aprenden con los errores. Tú, ¿con cuál de ellos te identificas?

De esto deducimos que el fracaso nos tiene que ayudar para reaccionar.

De esto deducimos que cuando logramos algo que funciona, aunque sea un poco, hay que partir de ese punto para que la próxima vez sea aún mejor.

De esto deducimos que no hay que tapar el fracaso, sino reconocerlo y seguir en otra dirección.

 

Fuente: http://www.pnlnet.com/

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