REFLEXIONES

EN BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO

 

 

Sandra Najjar

 

Durante décadas se le han atribuido al hombre »exitoso», cualidades inteligentes, básicamente se referían al CI (Cociente Intelectual) y a las capacidades cognitivas.

Con el paso del tiempo algunos grupos de investigadores, incluso la misma sociedad en áreas laborales, escuelas, etc. Se han  percatado  que no sólo el cociente intelectual es importante, sino que la Inteligencia Emocional o manejo emocional personal e interpersonal así como las habilidades sociales son absolutamente necesarios para lograr el éxito individual e impulsar el mismo hacia el colectivo.

 

¿Cómo influyen las emociones en nuestras sociedades? Pues bien, estamos hechos de ellas y somos movidos y regidos en gran medida por ellas.  (Término emoción del latín emot?o, -?nis, que significa «el impulso que induce la acción».)  A partir de una Inteligencia Emocional adecuada, cada individuo podrá obtener mayores triunfos en su vida, mejores trabajos, podrá ser reconocido, respetado y servir de ejemplo para el entorno en el que se desempeña, adquirirá buenas relaciones interpersonales, familiares/laborales, porque la comunicación comienza con uno mismo (comunicación interpersonal) y sin temor a equivocarme mejorará el propio mundo, ya que se sensibiliza la conciencia y al llevar una buena relación emocional consigo mismo y su propio entorno, podrá tomar mejores decisiones o las decisiones correctas para su propia vida y tendrán efectos en la sociedad donde se desenvuelva.

 

»Las emociones sirven para establecer nuestra posición con respecto a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos, acciones, ideas y nos alejan de otros. Las emociones actúan también como depósito de influencias innatas y aprendidas, y poseen ciertas características invariables y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y culturas»  (Levenson, 1994).

 

Esta sería la manera en que yo visualizo una sociedad, con un desarrollo y re-conocimiento de su vida emocional, una sociedad progresista, fuerte, consciente y sensible ante el mundo y la humanidad, en pro de una existencia mejor y porque no decirlo; una existencia más  »emocionable». Parecería una utopía pensarla así, pero en verdad creceríamos como personas, como especie.

 

Sin llegar a sonar exagerada sabemos que nuestro campo emocional está subestimado, no se le presta la debida atención, de preferencia, porque no está bien sentir (mientras por dentro nuestro mundo se cae a pedazos) debido a que «‘debemos»‘ comportarnos ecuánimes, fríos, casi  insensibles, y olvidamos que es una necesidad básicas expresar las emociones, expresarlas o comunicarlas no  de manera extrema o trastocada, sino de forma ajustada y autorregulada, por y para nuestro propio bien y el de los demás, comprender esto de manera profunda y dando el lugar que deben tener, el ser humano sería mejor, actuaría mejor, y sin embargo nadie nos enseña que hacer con lo que sentimos, casi no se habla de esta parte tan importante que nos complementa como seres,  a veces ni siquiera nos dicen que existe como tal, es por eso que hasta nos parece difícil reconocerlas cuando caemos en momentos de crisis; y decimos «‘No sé qué me pasa, ni qué es lo que siento»… ¿les suena familiar?

 

El hombre se integraría mejor a su persona y por ende a su entorno, si lograra aceptarse con todo lo que conlleva su parte interna compuesta de emociones y sentimientos, logrando el tan buscado equilibrio »Conciencia-cuerpo-Emoción-pensamiento-Decisión-acción», todo dentro de su propia envoltura.  En una envoltura que se ha disociado a sí misma en el transcurso de su existencia aún vemos que en pleno siglo XXI, en ésta  actualidad de un  mundo globalizado continúa resistiéndose, se niega a sí misma desde su propia esencia, se auto-sabotea, confrontándose a la mal heredada «vergüenza, a la culpa, al ridículo, al bloqueo», para frenar, presionar, rebajar, minimizar, controlar; cuando la realidad es que es esta «envoltura», un cuerpo (materia) y un individuo (conciencia) en  conjunto, una pieza hermosa, única, sí compleja, pero inigualable, capaz de aprender y retroalimentarse entre semejantes y aunque distintos e irrepetibles unos de otros, capaces de crecer en conjunto.

 

Hay que dejar de temerle a nuestra naturaleza, hay que entenderla y aceptarla, elevando y anteponiendo a la CONCIENCIA y/o actos conscientes para así abrazarnos desde nuestro mundo interior y  transformar el mundo exterior.

 

He aquí mi inquietud e interés por escribir acerca de las emociones que el ser humano posee.  Hoy extiendo mi invitación a trabajar con ellas, será complicado para algunos, incómodo y hasta vergonzoso para otros incluso el nombrarlas o  hablar del campo emocional del ser humano y su manejo. Recomiendo que  vayan y  observen a la gente a su alrededor, que  registren cada una de las reacciones emocionales no nada más  para comprenderlas, sino para hacerlas conscientes.

 

Comenzando desde las propias, el mayor reto será reconocerlas en nosotros mismos,  nuestra emotividad, habrá que  elaborar una autocrítica constante y a partir de esto  hacer un manejo de la Inteligencia Emocional y aplicarla para  tomar mejores decisiones de vida. Este  descubrimiento ofrecerá para cada uno de ustedes, una gama de posibilidades, ellas están ahí, existen en nuestros adentros, aprendemos que algunas de las competencias de habilidades sociales y autorregulación , que al final  nos brindarán una mejor convivencia, una mejor vida.

 

Les deseo  éxito en ello, la autorregulación, comprensión y autocontrol de las emociones, les deseo éxito  en esta búsqueda de su propio equilibrio.

 

Fuente: http://www.miamidiario.com

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