CRECIMIENTO PERSONAL

LA VIDA NO ES JUSTA… ¿Y QUÉ?

 

 

Jorge F. Méndez

 

Naces y es seguro que morirás. No eliges algo relevante hasta los 20 años y ya a los 75 dejas de hacerlo, ya no serás sujeto de crédito y en las isapres no te aceptarán. Si tienes más de setenta y cinco, tus hijos elegirán tu geriátrico, con quién vivirás y a qué hora comerás. Hoy no tienes un día más de vida, tienes uno menos. Así de injusto es. Trabajas o estudias cinco días, y solo descansas dos, los jefes siempre ganan más veces y más que tú, y por si fuera poco quieren que compares a la empresa con la familia, jamás lo será. Te convencen que el cliente “siempre tiene razón”, aunque nunca la tiene. Si durante años pagas en fecha una cuenta nadie te dice nada pero si debes una cuota ya eres indeseable, moroso, castigado. Cuando eres chico quieren que seas grande y ya de grande te cuestionan si te comportas como un niño. Te dijeron que la familia era lo más importante, pero sin aclararte que se puede armar a tu gusto, nunca fueron necesarios los lazos de sangre para eso, basta con el amor que sientes. Te incrustaron la culpa, la solidaridad y la generosidad para que te sintieras muy mal cuando no practicaras aquello. Castigan a justos por pecadores y se confía en la justicia como un valor fundamental. La justicia es un valor que norma la convivencia y ese espíritu lo comparto, pero que es aplicado con cierto criterio por hombres y mujeres que viven un momento determinado de sus propias vidas, con una forma de pensar particular, con una percepción emocional ocasional y con gran responsabilidad de tratar de ser imparciales. Absolutamente subjetiva, inexacta e injusta.

 

Tal vez te encantaría creer en la justicia divina. Si no te comportas bien irás al infierno porque siempre “están observando tus actos” decían tus padres, profesores, curas, abuelos, etc., adultos en general. Así nos educaron. ¿Será por eso que te sientes tan mal cuando algo no encaja con esos preceptos? ¿Será por eso que una mujer separada tenga permanentemente sentimiento de fracaso o un hombre que quedó sin trabajo sienta que ya no vale? Las riquezas están repartidas injustamente, ¡porque nadie las reparte!, tú las generas o las pierdes. Eres solamente tú quien invierte en ello, solo controlas aquello que haces, no lo que realizan otros. Esta es una falsa idea de justicia, la que el resto de las personas actúen como a ti te gustaría. “Dar sin pedir nada a cambio, poner la otra mejilla, tienes que ayudar a otros, etc.”.  Todos mensajes injustos porque en realidad cuando pides quieres que en algún momento de la vida te devuelvan la mano, si no te sentirías defraudado. Poner la otra mejilla es de ingenuo, te enseñan a defenderte si alguien te golpea, pero contradictoriamente también te mandaron el mensaje de poner la otra mejilla. Y ayudar a otros está muy bien, siempre y cuando quieras hacerlo y no “tengas” que hacerlo como un sentido de obligación permanente, porque si no siempre tendrás la sensación de que algo te deberán y esperarás la ocasión para cobrarlo y recordárselo, y también eso es injusto para el que recibió tus favores.

 

Toda la vida ha sido de contradicción e injusticia permanente. Esa es la realidad, ahora si te es cómodo seguir viviendo ilusoriamente es cosa tuya. De adolescente no tienes idea de lo que quieres, sin embargo lo quieres a toda costa. La juventud vive eternamente de la esperanza y la vejez del recuerdo. En la madurez vives un poco más en paz con lo que no puedes cambiar y gozas de tus logros, sin embargo es injusto el tiempo que tienes para disfrutar, porque es cada vez menos. Y de repente y sin previo aviso llegó tu vejez, ese inesperado e incierto episodio de tu vida que te recuerda implacablemente que hay muchas cosas que ya no podrás hacer. Estoy seguro que por ello empiezas a dar buenos consejos porque ya no puedes dar malos ejemplos.  Si te pones a pensar, es injusto… todos quieren llegar a viejos pero nadie quiere admitirlo cuando están ahí.

 

Si hasta los refranes son injustos: “No hay mal que por bien no venga”, ¿por qué tendría que venir un mal ahora justamente que hay un bien, porque siempre con miedo venía la enseñanza? Otro; “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”, ¿o sea, si descansas o te distraes un poco ya te llevó la ola? Y este otro; “no todo lo que brilla es oro”, otra vez injusto, ¿si brilla un poco porque no puede ser oro?  Nos han criado en el sacrificio, todo tenía que costar, había que tener suerte en la vida, y además en el sentimiento inmaculado de la justicia, creyendo permanentemente que los otros debían actuar como se esperaba de ellos. El tema es que cuando eso no sucedía y sucede a menudo, te amargas, te angustias y te enrabias. Todo por esas malditas expectativas que tenías de otros y que ellos no cumplieron. La gente empeña y empaña la vida para que haya justicia y vive injustamente frustrada por ello.

 

Te incomodará escucharme: pero déjame decirte algo: ¡vive tu vida y sé justo contigo mismo! Lo que no te gusta cámbialo, si quieres equilibrar algunas cosas de tu vida está bien, pero sin culpa ni remordimiento. Deja de creer que todo lo que empiezas lo tienes que terminar o si no serás un mediocre. Haz lo que quieras, sin dañar a nadie en ese intento, sino que privilegiándote siempre. Quizá te tomaste muy en serio eso de “pelear por tus derechos”. No tienes que pelear con nada ni con nadie, solo estar en armonía contigo. No es justa la vida y está bien que así sea. No serán justas las acciones de tus jefes, ni las de tus profesores, tus subalternos, tu pareja, tus hijos y ni siquiera la de tus padres. ¡Qué importa!, deja de martirizarte y victimizarte. Canjea esos odiosos sentires por la tranquilidad de la aceptación y la libertad.  Dale rienda suelta a lo que crees justo para ti y no pierdas más tiempo, solo eso. No todos somos iguales ante la ley, ni lo seremos, ni nadie tiene certeza donde irás al morir, no sabes siquiera si hay paraíso. ¡Despierta! La vida no es justa ni jamás lo será, solo es una ilusión que sirve para mover a aquellas ingenuas personas que aún creen en aquellos que se adueñaron de ella y la profesan vergonzosamente con desparpajo. ¡Acostúmbrate! Si vas a tener fe, tenla en ti mismo. Recuerda que el símbolo de la justicia es una mujer con los ojos vendados, de ahí que la justicia es ciega y sostiene en una mano una balanza con dos platillos que pretenden estar equilibrados y en la otra una espada por si no le gusta como quedó el equilibrio. No eches a perder tu vida demandando el comportamiento justo de otros. Discúlpalos. Puedes pasar del desprecio al aprecio en un paso y de ahí a la admiración en un centímetro. Dedícate a ser justo siempre contigo, no te falles. Te hará sentir poderoso, satisfecho, más protagonista y más feliz, y de paso, también nos regalarás ese buen hábito a todos los que te rodeamos que queremos vivir armoniosamente en este mundo sin quejarnos de la vida.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

84 − 81 =