CUIDADO CON EL PODER
Miguel Ángel Cornejo
Existen jefes mediocres que se preocupan más por demostrar su grandeza y su dedicación, humillando y aplastando a los demás, que por motivarlos para que empleen mejor sus potencialidades. Estos jefes no han comprendido que un colaborador maltratado es una fuente inagotable de obstáculos y si esperan que a través de incentivos económicos conseguirán aliados, están equivocados; los empleados solamente permanecerán a su lado como seres mercenarios que en la primera oportunidad los traicionarán o se irán con el mejor postor. Un empleado hostil es alguien que el dinero no puede cambiar. Se ha cultivado adversidad y tarde o temprano se cosecharán conflictos.
Es un principio: todo líder que aspira a la Excelencia no debe competir con alguien que puede no hacerlo con él. Por ejemplo, si usted está jugando ajedrez con su hijo de ocho años, por favor no compita; juegue con él, diviértase, no se sienta bien por humillarlo, por hacerlo sentir que usted sabe mucho más que él, sólo juegue. Si tiene un subordinado que está fallando o un hijo que está careciendo de algunos conocimientos, no compita con él, mejor enséñele, capacítelo, estimúlelo para que siga adelante. Si usted se dedica a humillar y demostrar que es el amo de todos los conocimientos, que sabe muchísimo más, habrá perdido a un valioso ser. Tome en cuenta que si su subordinado supiera más que usted él sería su jefe, su padre si es su hijo, su maestro si es su alumno. Él espera que usted lo dirija y, por tanto, es fundamental que usted jamás trate de competir con su subordinado. Recuerde: sencillamente juegue cuando deba jugar.
Por favor, nunca humille. La humillación es tal vez uno de los elementos más nefastos de la relación de un líder con un subordinado. Se convierte en lo que nosotros llamamos “cuentas por cobrar”. Después de una humillación un subordinado quedará muy resentido, abrirá su librito de “cuentas por cobrar” y va a anotar esa humillación para cobrársela más adelante, y… ¡cuidado! porque puede ser que su automóvil, ese último modelo que acaba de adquirir, vaya a amanecer con un pequeño rayón porque su subordinado pasó cerca con un clavito…, él sólo sintió sensacional y le cobró una cuentita. Las fallas de calidad en gran parte son cuentas por cobrar de subordinados humillados que jamás han recibido una disculpa satisfactoria —no económica— por parte de su líder. ¡Piénselo, es importante!
Fuente: http://www.cornejoonline.com