A VECES ES INTERESANTE NO PENSAR
Ricardo Ros
Solemos creer que lo más inteligente es pensar. Sin embargo, a veces, lo inteligente es no pensar.
La psicología conductista se adueñó de las Facultades de psicología en los años sesenta. Todavía recuerdo en mis años de Universidad los laboratorios de psicología, en los que nos exigían realizar experimentos con ratas. De hecho todavía siguen allí (me refiero a los conductistas, los laboratorios y las ratas), repitiendo una y otra vez investigaciones con laberintos en los que las ratas tienen que resolver determinadas situaciones.
Las ratas respondían a estímulos de forma automática. Si hacían lo que esperábamos, recibían un premio, generalmente una bolita de comida. Si no hacían lo que esperábamos, recibían un castigo, generalmente una descarga eléctrica. De esta manera, la rata aprendía a discriminar, por ensayo y error, por premios y castigos, lo que se consideraba como una conducta correcta de lo que se consideraba como una conducta inapropiada. Tras varios premios y castigos, la rata aprendía una conducta adecuada, evitaba el dolor y buscaba la recompensa.
Se nos decía que el ser humano funcionaba de la misma manera y que había que educar a los niños siguiendo las mismas pautas de premios y castigos. Si el niño hace algo bien, prémialo, si hace algo mal, castígalo, hasta que sus conductas se adecuen a las respuestas consideradas como buenas. Claro, ¿quién decide cuál es una conducta adecuada?
La educación actual busca cambios en el comportamiento. La mayor parte de los sistemas educativos están basados en estas premisas conductistas. La escolarización consiste en un gran laberinto en el que el niño entra cuando todavía es muy pequeño y que tiene que recorrer a lo largo de muchos años hasta llegar a la salida en la vida adulta. Si sus conductas son las esperadas, su educación habrá sido un éxito. Si sus conductas no son las aceptadas por el sistema, el niño será un fracasado escolar.
Para la psicología conductista, el aprendizaje consiste en conseguir cambios en el comportamiento. Sin embargo, muchos profesionales nos hemos salido del laberinto, porque estamos convencidos de que el aprendizaje no tiene nada que ver con la conducta. Pensamos que el aprendizaje consiste en un cambio en el significado de la experiencia y que la conducta no es más que un aspecto más que participa de algo más amplio que engloba también aspectos cognitivos y emocionales.
Sabemos que el aprendizaje no es un proceso en el que el ser humano va descubriendo cosas, sino que es un proceso en el que va construyendo cosas. El conocimiento se construye, no se descubre. La construcción de nuevos conocimientos empieza con la observación, a través de conceptos que ya poseemos. Cada nuevo conocimiento que construimos está basado en los conocimientos previos que ya hemos almacenado en nuestro cerebro.
Todo esto está muy bien, y soy capaz de discutir con cualquiera lo que estoy afirmando. Sin embargo…
Sin embargo, muchas veces es mejor recurrir a nuestro instinto más primario para resolver las situaciones y dejarnos llevar por las conductas automáticas, como las ratas. O sea, que muchas veces, los conductistas y las ratas tienen razón, hay que dejar de pensar, de tener contacto con nuestra propia experiencia, y saltar lo más alto posible para evitar la descarga.
Ley de Bronce de la Inteligencia:
Si notas que el suelo comienza a moverse bajo tus pies, no pienses, ¡salta!
Fuente: http://www.ricardoros.com