ME SIENTO FRUSTRADO
Ricardo Ros
La frustración es una verdadera amenaza que se extiende a todo el mundo. En una sociedad cada vez más tecnificada y competitiva, nadie está a salvo de encontrarse frustrado con su vida.
Los medios de comunicación extienden la idea de que podemos controlar nuestras vidas como lo hace el famoso o la famosa de turno que tienen el mayor reconocimiento social y profesional, esquían en los Alpes y se bañan en las aguas más azules y cristalinas de los mares más paradisíacos, nadan en la abundancia y parecen estar permanentemente de vacaciones. Son jóvenes y guapos, tienen la cartera llena y la sonrisa más blanca.
Son felices mientras nosotros nos peleamos día tras día con nuestros problemas cotidianos: Pepito sigue sacando malas notas y Juanito necesita una ortodoncia, nuestra mujer gasta más de la cuenta y nuestro marido fuma demasiado, el jefe nos tiene manía y nuestros subordinados no parecen tenernos el más mínimo respeto.
La letra del piso nos ahoga todos los meses y necesitamos un coche nuevo. Margarita ha empezado a salir con un chico muy raro; sin duda no se la merece. En la empresa comienza a hablarse de regulación y nuestro equipo está abocado a bajar a Segunda.
Todos podemos sentirnos frustrados. Nadie es inmune a ello. Desde la persona que está en el paro y cobra del subsidio social, hasta el alto ejecutivo que todos los meses cobra una fortuna. No es cuestión de ingresos, de riqueza, ni de éxito.
Mientras tanto en la tele, una Venus rubia nos habla de lo último en tecnología, algo de lo que no podemos prescindir. Con ese nuevo aparato conseguiremos sin duda la felicidad. ¿Cómo hemos podido ser tan tontos? ¿Cómo hemos podido vivir sin ello hasta ahora?
Todo está en nuestra mano. Los medios de comunicación nos atosigan sin parar continuamente el mensaje de que si no lo conseguimos es culpa nuestra, únicamente nuestra, y eso nos frustra todavía más.
El chico de la tele nos sonríe con sus blancos dientes mientras chapotea en la piscina de un hotel de lujo en el Caribe, mientras nosotros miramos por la ventana y en la calle sigue lloviendo.
La persona frustrada ha tocado fondo y, lo que es peor, no sabe salir de él.
No es un estado permanente, sino transitorio. No obstante, es un proceso acumulativo que empeora día tras día.
La frustración crónica consume el espíritu de quien la sufre, mina su ambición y sus ganas de vivir. Todo se ve desde una perspectiva negativa, desde la derrota, desde la falta de entusiasmo. El mundo es gris y sus perspectivas negras.
La frustración puede incluso trascender al plano físico y originar la aparición de dolencias y enfermedades.
La sensación de impotencia se apodera de la persona frustrada y aunque los factores externos que la hayan producido desaparezcan, raramente existe un punto de retorno. La negatividad parece apoderarse de esa persona y no parece haber posibilidad de marcha atrás.
En la peluquería hojeamos las revistas de actualidad donde el famoso empresario posa acaramelado con su nueva novia, cuarenta años más joven que él, en el marco incomparable de su casa de la costa.
Día tras día el empleado acude a su puesto de trabajo, a realizar un trabajo aburrido y que nunca le ha gustado, rodeado de gente igualmente resignada y triste. Se siente explotado e injustamente tratado y en el horizonte no parece haber ninguna razón para la esperanza. Mañana será otro día igual y un sentimiento de frustración e impotencia se han instalado ya en su corazón, quizá definitivamente.
Sólo hay un camino para la esperanza.
Sólo cuando la persona recupere la sensación de que puede “controlar” la situación, esa persona se sentirá con fuerzas suficientes para seguir adelante.
Las personas con “poder personal”, aun en las situaciones más adversas, sienten que está en su mano “hacer algo”. No se sienten impotentes o sobrepasadas por las circunstancias. Saben explorar los caminos, las posibilidades que tienen aun cuando en un primer momento parezca que no haya salida.
¿Qué opinas?
Fuente: http://www.ricardoros.com