REFLEXIONES

SENTIMIENTOS REPRIMIDOS

Ricardo Ros

Hombres que actúan de manera violenta contra las mujeres. Mujeres que actúan de forma violenta contra los hombres. Está de plena actualidad. Cada día los medios de comunicación nos sorprenden con noticias terribles que nos hablan de malos tratos en el hogar, violaciones y asesinatos.

Siempre ha sucedido así. A lo largo de la historia de la humanidad estas situaciones se han sucedido sin cesar. No obstante siempre nos sorprenden por su brutalidad y por el componente sexista que las rodea. El hombre, más fuerte físicamente, abusa de ese poder en detrimento del más débil, la mujer o los niños.

También existe un componente añadido que nos desagrada especialmente, ya que estos hechos ocurren invariablemente en un ámbito íntimo, en un ámbito privado donde se supone que toda persona se siente segura.

Nuestra intimidad, nuestra casa, es nuestro fortín, nuestro refugio. Allí es donde nos sentimos realmente seguros, a salvo de cualquier agresión externa.

Sin embargo, es precisamente en este lugar el escenario de este tipo de agresiones, de crímenes que nos hacen preguntarnos si nos encontramos realmente a salvo.

La propia educación recibida por hombres y mujeres nos hace distintos y canalizan nuestros sentimientos hacia lo que se supone debe ser nuestro comportamiento correcto.

Si la naturaleza te ha hecho niño, la educación recibida ira enfocada en el sentido de controlar cualquier tipo de manifestación de nuestros sentimientos. “Tienes que ser fuerte. Los chicos no lloran”.

Llorar, mostrar nuestros sentimientos, está mal visto. Sin embargo, mostrarse violento e iracundo es de machos. Es normal que un niño se desfogue a través de la violencia, ya que no se le permite otro tipo de escape.

Si la naturaleza te ha hecho niña, es todo lo contrario. Las frustraciones y la agresividad nunca podremos demostrarla, ya que está muy feo que una niña diga malas palabras, grite o se muestre de manera violenta. No obstante, tiene todo el permiso para mostrar su debilidad, su dolor, su tristeza e incluso llorar.

Se podrá decir que las propias naturalezas del hombre y de la mujer son distintas, pero la educación recibida no hace más que agravar la situación.

Es frecuente encontrar en nuestras consultas hombres bloqueados por sentimientos de tristeza o dolor que no saben expresar esos sentimientos porque nunca se les ha enseñado a hacerlo. Reprimen esas sensaciones de vulnerabilidad y se desahogan a través de manifestaciones de cólera o, por el contrario, encerrándose en sí mismos.

No es correcto que una mujer muestre su malhumor. El bloqueo de sentimientos de ira y de cólera en la mujer, suele desembocar en la violencia verbal y en la crítica inmisericorde hacia los demás.

En el seno de la familia, la incapacidad de los seres humanos por demostrar adecuadamente sus sentimientos puede desencadenar la violencia. En estos casos, el agresor no sabe al final por qué lo ha hecho. Cuanto más pierde el control de sus actos, más se distancia del origen, de la causa de su cólera.

Nuevamente vemos en la psicología una vía para corregir este tipo conductas. No es infrecuente encontrar en nuestras consultas hombres a los que, una vez les hemos dado permiso para expresar sus sentimientos, han experimentado un enorme cambio. Se han desembarazado de su habitual mal humor y se sienten liberados mentalmente.

De igual manera, también podemos dar permiso a las mujeres para expresar libremente, no sólo sus sentimientos de tristeza o debilidad, sino también su mal genio y su cólera.

La corrección de este tipo de conductas, propiciado como hemos visto por una educación errónea, es sin duda imprescindible para atajar de raíz el problema de la violencia doméstica.

Es importante para nuestras vidas tener un refugio donde podamos sentirnos seguros.

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Fuente: http://www.ricardoros.com

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