REFLEXIONES

UN TELEFONAZO A TIEMPO

Oswaldo Pulgar Pérez

Hay quienes dicen que existe la buena suerte. Incluso se califica a las personas según tengan más o menos de este ingrediente vital. Puede que exista la buena suerte, pero detrás de ella hay siempre algo que la hace posible.

Me contaron una anécdota de la vida real ocurrida entre dos amigos; leámosla de labios de uno de los protagonistas. «Recibí una llamada telefónica de un buen amigo que me alegró mucho. Lo primero que me preguntó fue: -¿Cómo estás? Sin saber por qué, le contesté: -Muy solo. -¿Quieres que hablemos? Le respondí que sí y añadió:

-¿Quieres que vaya a tu casa? Dije que sí. Colgamos el teléfono y en menos de quince minutos estaba tocando a mi puerta. Yo le hablé durante horas de todo: de mi trabajo, de mi familia, mi novia, mis deudas; él, atento siempre me escuchó.

Sin darnos cuenta se nos hizo de día. Yo estaba mentalmente agotado. Me había hecho mucho bien su compañía y sobre todo que me escuchara, me apoyara y me hiciera ver mis errores. Cuando él notó que ya me encontraba mejor, me dijo: -Bueno, me voy, que tengo que trabajar.

Sorprendido, le dije: -¿Por qué no me habías dicho que tenías que trabajar? Mira la hora que es, no dormiste nada, te quité toda la noche. Él sonrió y me dijo: -No hay problema, para eso estamos los amigos. Yo me sentía cada vez más feliz y orgulloso de tener un amigo así.

Lo acompañé a la puerta de mi casa y cuando caminaba hacia su automóvil, le grité desde lejos: -Y a todas estas, por qué me llamaste anoche tan tarde? Regresó y me dijo en voz baja: -Quiero darte una noticia. -¿Qué pasó? -le pregunté. -Fui al médico y me dijo que estoy gravemente enfermo.

Yo me quedé mudo. Él sonrió de nuevo y agregó: -Ya hablaremos de eso. Que tengas un buen día. Pasó un largo rato hasta que pude asimilar la situación, y me pregunté una y otra vez: ¿por qué cuando me preguntó cómo estaba me olvidé de él y solo hablé de mí? ¿Cómo tuvo la fuerza para sonreírme, darme ánimos y decirme todo lo que me dijo? Esto es increíble.

Desde entonces mi vida ha cambiado: ahora soy menos dramático con mis problemas y disfruto más de las cosas buenas. Ahora aprovecho más el tiempo con la gente que quiero».

En un artículo anterior comenté el caso de un señor que murió de un infarto en su escritorio y nadie se dio cuenta. Era un hombre que llegaba siempre el primero y se iba muy tarde. Pasó días así, hasta que las señoras de la limpieza se dieron cuenta y dieron el parte.

El hombre no está hecho para vivir solo. Necesita de los demás y los demás necesitan de él. Hace poco leí unas coplas sobre la amistad de las que reproduzco algunas: «Todos escuchan lo que dices/ Tus amigos escuchan lo que tú dices/ Y los mejores amigos escuchan lo que tú no dices.

Si todos mis amigos fueran a saltar desde un puente, yo no saltaría con ellos, sino que iría abajo a esperarlos/ Un verdadero amigo es aquél que entra cuando todo el mundo sale/ El verdadero amigo es como la salud, que se valora cuando se pierde.

Fuente: http://www.eluniversal.com

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