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Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes.

Al despertar, ordenó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

– ¡Qué desgracia Mi Señor! – exclamó el Sabio.

– Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

– ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido. ¿Cómo te atreves a decirme

semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y encargó que le dieran cien latigazos.

Más tarde mandó que le trajesen a Nasrudín y le contó lo que había soñado.

Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

– ¡Excelso Señor! Gran felicidad le ha sido reservada.

El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes.

Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le

dieran a Nasrudín cien monedas de oro.

Cuando el muláh salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

– ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es

la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le

pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

– Recuerda bien amigo mío, respondió Nasrudín, que todo depende de la

forma como se dicen las cosas.

Colaboración de Gonzalo González

Fuente: http://aprendiendo-a-crecer.blogspot.com

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