CÓMO ENGAÑAR A NUESTRO CEREBRO PARA TENER ÉXITO
Francisco Cáceres Senn
Puedes encontrar falsas creencias en cualquier lugar. Según un reciente estudio en Estados Unidos, el 18% de los americanos piensa que es el sol el que gira alrededor de la tierra.
Incluso en cosas altamente publicitadas o supuestamente del dominio público encontramos falsas creencias que se abren paso con la misma intensidad de una gota de agua sobre la roca, lenta pero segura. Más del 10% de los norteamericanos piensa que Obama, su presidente, es musulmán, cuando es probadamente cristiano desde edad temprana.
El cerebro no únicamente reúne y acumula información, tal cual lo hace el disco duro de una computadora. Los hechos son almacenados primero en el Hipocampo, una estructura que se encuentra en lo profundo del cerebro, del tamaño de nuestro dedo meñique.
Pero la información no sólo descansa ahí. Cada vez que la recordamos, es como si el cerebro la volviera a escribir de nuevo, y durante este realmacenamiento, es vuelta a vivir o experimentar por nuestro consciente. Con el tiempo y la repetición, es gradualmente trasladada a nuestra corteza cerebral, desligándose de la fuente de la misma.
Esto quiere decir que si alguna vez escuchamos un hecho de una fuente no confiable, en ese instante lo rechazamos por aparentemente falso. Pero si lo volvemos a escuchar, como el cerebro en este proceso llamado «Amnesia de fuente», tiende a olvidar la fuente de la información pero no la información en sí, con el tiempo estaremos pensando que esa información es cierta. Habremos creado una verdad de una mentira.
Los publicistas saben perfectamente cómo trabaja nuestro cerebro y aprovechan esta situación para hacernos creer cualquier cantidad de datos no comprobables acerca de los productos que comercializan.
Sobre este tema, existe un estudio realizado en Stanford con un grupo de estudiantes que fue muy revelador. A un grupo de ellos se les hizo leer la frase «La Coca-Cola es usada como thinner para mezclar con pintura» citada en un sitio Web de poca credibilidad, más de cinco veces mientras que a otro grupo sólo se le pidió leerla una sola vez. Al confrontar a ambos grupos con la idea de que la fuente de información podría ser la revista del consumidor, una fuente confiable para casi todas las familias americanas, o el National Enquirer, un periódico de corte sensacionalista y amarillista de escasa confianza, los que habían leído la frase más de cinco veces estuvieron tres veces más dispuestos a creerse que la fuente de información original era la revista del consumidor, mientras que el otro grupo, tendió a creer que la fuenta era el National Enquirer.
¿La verdad de la historia? El National Enquirer fue la fuente original de información y como casi toda la información que maneja, fue sensacionalista y no fundamentada.
No nada más tendemos a olvidar la fuente de la información, también, y esto tal vez resulte más impactante, una vez que una idea es aceptada tendemos a rechazar los hechos que contradigan dicha idea. De hecho, nuestra memoria tenderá a ser más afectiva con hechos que estén de acuerdo con nuestro modo de entender el mundo, con nuestros modelos mentales, nuestras creencias.
Y es más, ya sabemos que no únicamente nuestra memoria resulta afectada, sino nuestra percepción completa, privando a nuestros sentidos de percibir todo aquello que amenaza nuestros modelos del mundo o paradigmas.
En otro estudio en Stanford con 48 estudiantes, la mitad de los cuales estaban a favor de la pena de muerte mientras que la otra mitad estaba en contra, se les expuso a dos tipos de información. Una de las evidencias manejaba con datos que la pena capital no detenía el crimen o no era un buen desmotivador de los criminales, mientras que el otro argumento evidenciaba lo contrario.
¿El resultado? Los estudiantes estuvieron más dispuestos a creer que el argumento más correcto y lógico fue el que apoyaba su creencia inicial, es decir, buscaban mantenerse férreamente asidos a sus modelos del mundo y la lógica se adaptaba a los mismos, en lugar de que ocurriese lo contario.
Dado que nos podemos creer a base de repetición casi cualquier cosa y que alteramos el mundo a nuestro alrededor en función de nuestras creencias una vez que estas están solidificadas en nuestra corteza cerebral, te sugiero trabajes sobre la siguiente afirmación falsa hasta el cansancio:
«Tú puedes alterar tu vida y convertirla en una obra de arte».
O en la siguiente otra afirmación carente de todo fundamento:
«Si visualizas suficientemente un objetivo, terminará inevitablemente en convertirse en realidad.»
O estas otras atrevidas y mentirosas afirmaciones:
«Naciste para la grandeza» o «Puedes lograr cualquier cosa que te propongas».
Recientemente, dos niños jamaiquinos aparecieron en el programa de Oprah en Estados Unidos, clamando que llegaron a ese programa después de visualizar por meses que Oprah los invitaría. Se visualizaron una y otra vez estando en el programa. Obviamente, estos niños ya llegaron al punto de creerse todas las falsedades anteriores.
Estas, y algunas otras, son el tipo de mentiras que manejamos en el seminario-taller «Los 4 secretos de la Ley de la Atracción» y en todo nuestro programa de Master. Desafortunadamente, algunos alumnos ya se las han creído y están transformando sus vidas logrando cosas que antes pensaban imposibles.
Piensa en ello.
Fuente: http://www.neuromanagement.net/