28
January
2010
Lic. Renny Yagosesky
¿Hay vacuna para los desesperados? Revisemos algunos caminos:
La aceptación
El gran secreto para derrotar el sufrimiento es la aceptación, ver las cosas como son, mirar la realidad a la cara y vencer la tendencia a negar los hechos. Este es el primer paso hacia la liberación: aceptar, aceptar, aceptar más allá de nuestros deseos y preferencias. Cuando aceptamos, la mitad de la batalla está ganada, o mejor aún, la situación comienza a dejar de ser una batalla.
La autoconfianza
Ante situaciones que nos afectan y generan en nosotros reacciones desesperadas, es necesario centrarse en uno mismo, observarse y poner atención en las capacidades, dones, talentos, recursos, habilidades. Ante lo oscuro, no es sensato concentrarse en la oscuridad, cuando la solución realmente está en la luz. La conciencia debe desplazarse hacia nuestras zonas de poder. No funciona autocompadecerse o autoflagelarse. Siempre será mejor ir al lugar dentro de nosotros, donde laten la iniciativa y la creatividad.
La búsqueda de apoyo
Hay momentos en los que pedir ayuda es la mejor decisión, pues lo que para nosotros resulta difícil o complicado, puede ser muy fácil para otros. No tema buscar ayuda, abandone el orgullo, arriésguese a dejar entrar a alguien que pueda tener una solución.
La fe
Cuando la lógica humana no es suficiente, cuando es muy grande el poder de la adversidad, es tiempo de clamar a un Poder Superior. Formamos parte de un plan espiritual, que no reconocemos, gracias al manto gris que han dejado en nuestros ojos el egoísmo, el miedo, el pragmatismo, la codicia y el utilitarismo. Lo que sucede tiene una razón para que suceda, aunque nuestra manera básica, dual y elemental de razonar, del tipo, ´bueno o malo´, ´amigo o enemigo´, ´conveniente o inconveniente´, ´agradable o desagradable´ no nos permita captarla.
La acción
Muchas veces la desesperación nos paraliza y nos llenamos de una ola de preocupación que no resuelve las dificultades. Es por eso que debemos hacer algo, ya sea al estilo ´pasitos de bebé´. Un poco cada día puede brindar mejores resultados que mucho hoy y nada mañana. Acción, una acción reflexiva es recomendable, dentro de lo que la angustia del momento nos permita.
Siempre, mientras estemos en este nivel de consciencia marginal en el que ahora vivimos, es seguro que nos sentiremos desesperados con cierta frecuencia, mientras no aprendamos a vivir más en el presente, a confiar más en nosotros y en Dios, mientras nuestras decisiones estén motivadas por las necesidades superficiales del ego, y mientras que nuestro sentido de identidad personal se base más en lo que tenemos y hacemos que en lo que realmente somos.
Fuente: http://www.elexito.com
Posted: REFLEXIONES
27
January
2010
-No, es No y hay una sola manera de decirlo. No. Sin admiración, sin interrogantes, ni puntos suspensivos.
-No, se dice de una sola manera. Es corto rápido, monocorde, sobrio y escueto.
-No, se dice una sola vez. Con la misma entonación.
-Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín no es No.
-Un No que necesita de explicaciones justificadoras, no es No.
-No, tiene brevedad.
-No, no deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas, ni puede dejar de ser.
-No, aunque el otro y el mundo se pongan patas arriba.
-No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.
-No, no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos, ni con pena, aún menos con satisfacción.
-No, es No.
Cuando el No es No, se mirará a los ojos y el No se descolgará naturalmente de los labios. La voz del No, no es trémula, vacilante, ni agresiva, no deja lugar a dudas.
Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección al futuro.
Y sólo quien sabe decir No, puede decir Si.
Fuente: http://www.librosdeluz.net
Posted: CRECIMIENTO PERSONAL
26
January
2010
Ricardo Ros
La mamá de Sergio está muy preocupada porque su hijo de 21 años desde hace algún tiempo ha comenzado a hacer cosas raras antes de irse a dormir. Enciende y apaga las luces un montón de veces, comprueba una y otra vez si la puerta y las ventanas están bien cerradas, se está haciendo un sarpullido en las manos de tanto lavárselas, no llega a casa hasta que la suma de las matrículas de los coches que encuentra por la calle no sea múltiplo de 7… Sin embargo, Sergio dice que no le pasa nada, que son sólo pequeñas manías y que no necesita ayuda. Pero a Sergio sus “pequeñas manías” le ocupan varias horas al día.
Julián comenzó a beber poco a poco, casi sin darse cuenta. Su mujer dice que ya no es como antes, que ya no es cariñoso con ella y que, algunas veces, incluso le ha levantado la mano cuando ella le ha echado en cara su alcoholismo. Pero Julián dice que no le pasa nada, que está bien, que sólo bebe un poco, que no es alcohólico y que puede dejar de beber cuando él quiera. Julián no quiere recibir ayuda.
Ana Luisa comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza, pero no dijo nada a nadie. Su marido notó que algo le ocurría y le insistió en ir al médico, pero ella dijo que ya se le pasaría. Ana Luisa dice que no pasa nada.
Jacinto es empresario. Ha estado fabricando componentes electrónicos para pequeños electrodomésticos durante los últimos 20 años. Desde hace dos años sus pedidos han bajado de forma estrepitosa. Los bancos le están empezando a negar créditos. Las empresas prefieren comprar en China porque les resulta más barato. Jacinto dice que ya se darán cuenta de que son de peor calidad y que ya volverán a él. Jacinto dice que es la coyuntura comercial mundial, pero que él no tiene que cambiar nada. Jacinto dice que no pasa nada, que en cuanto pase la crisis él volverá a vender como antes.
Son cuatro ejemplos de cómo los seres humanos nos obstinamos en no ver lo que tenemos delante. La mamá de Sergio sabe que tiene un problema. La mujer de Julián sabe que tiene un problema. El marido de Ana Luisa sabe que tiene un problema. Los bancos que trabajan con Jacinto saben que tiene un problema. Pero todos ellos están ciegos, no ven, no quieren reconocer que tienen un problema.
Si no aceptas que tienes un problema, nunca podrás resolver tu problema. Mientras no aceptes que tienes un problema, no podrás poner en marcha respuestas que eliminen el problema. Lo primero que tenemos que hacer cuando tenemos alguna dificultad es aceptar que tenemos esa dificultad. Llegará un momento en el que Sergio no podrá hacer otra cosa que cumplir sus “manías” durante todo el día, ya que cada día son un poco más elaboradas. Julián acabará con una cirrosis y abandonado por todo el mundo, pues la convivencia se está haciendo insoportable para su familia, incluso sus hijos ya lo rechazan. Ana Luisa acabará enferma del todo si no pone remedio, sus dolores de cabeza cada vez son más insoportables. Jacinto tendrá que cerrar porque económicamente ya no puede soportar los gastos. Primero tenemos que identificar el problema, cuantificarlo y poner cada cosa en su sitio. Así podremos buscar una solución.
Había una vez un ladrón al que el Juez ya le había puesto la soga al cuello. Cuando el Juez le preguntó si quería decir su última palabra, el pobre hombre dijo: “No pasa nada”. El Juez le dijo, “hombre, sí que pasa, lo vamos a ahorcar”. Entonces el ladrón dijo: “Esto puede ser un problema para usted, Señor Juez, pero no para mí, no veo el problema”. El Juez dio la orden y el verdugo movió la palanca. El ladrón estaba ya con los pies en el aire, dando bandazos, cuando dijo: “Creo que en realidad sí que pasa, ¿podemos hacer algo para cambiar la situación?”. El Juez le contestó: “Sí que podemos. ¿Prefiere que lo enterremos boca arriba o boca abajo”. Pero el ladrón ya no pudo decir nada más.
¿Hay algo en tu vida sobre lo que las personas cercanas te dicen que tienes un problema pero tú no lo ves? ¿Alguien te está diciendo que deberías revisar algo pero tú no lo aceptas? ¿Qué puedes hacer si ves que alguien cercano tiene un problema pero él lo rechaza?
Fuente: http://www.ricardoros.com
Posted: CRECIMIENTO PERSONAL