CUANDO NOTAS QUE TE ADELANTA TU PROPIA SOMBRA
Ricardo Ros
Continuamente me encuentro con personas que tienen prisa. Suelen decir que no tienen tiempo, que cuando se despiertan por la mañana ya están pensando en lo que tendrán que hacer por la noche. El tiempo se les agolpa, se les cae encima. Generalmente son personas que tienen la ansiedad muy alta, es decir, que tienen miedo: tienen miedo de no saber hacer las cosas a tiempo, tienen miedo a fracasar, tienen miedo a no ser perfectas.
Gregoria me escribe una carta en la que me dice que no sabe cómo, pero que de repente se ha quedado sola en casa porque todos sus hijos se han hecho mayores. Dice que no comprende cómo ha podido ocurrir tan rápido si hace nada eran todavía unos niños. “Toda mi vida he estado trabajando para mis hijos y no me he enterado de que se han hecho mayores. He trabajado tanto para ellos, que no he sabido disfrutarlos. ¿Cómo podría recuperar ese tiempo perdido?”, me dice.
Enrique me cuenta que se despierta e inmediatamente comienza a tener ansiedad. Le digo que tiene que haber algún pensamiento y me contesta que, ya desde la cama, comienza a trabajar en todos los proyectos que tiene en su trabajo, que les da vueltas y vueltas, que comprende que no tiene tiempo en todo el día de hacer lo que tiene que hacer y que eso le desespera. “Ni aunque trabajara quince horas diarias podría hacer todo lo que me he propuesto hacer”.
Eva dice que le preocupa mucho la educación de su hijo de cinco años y que por eso lo está ya llevando a muchas actividades extraescolares (inglés, pintura, judo, atletismo, natación) y que se le hace muy duro, porque tiene que estar todas las tardes yendo de aquí para allá. “Por la mañana trabajo. Por la tarde, recojo al niño a la salida del colegio y lo llevo a judo, que está a diez minutos del colegio. Cuando el niño sale de judo, lo tengo que llevar a inglés a otro centro que está a veinte minutos en coche. Cuando sale de inglés vamos a pintura, que está a media hora. Se me hacen las nueve de la noche cuando llegamos a casa, bañarlo, cenar, contarle un cuento, las once. No tengo tiempo para estar con mi marido, no estoy disfrutando. Tengo la sensación de estar todo el día esperando al niño para hacer de taxista”
Mario tiene 40 años y me cuenta que cuando sale del trabajo tiene necesidad de visitar a todos sus amigos. “Al principio quedábamos en un bar, nos tomábamos unas cañitas y nos íbamos a casa. Pero cuando empezaron a casarse y a tener hijos, yo empecé a visitarlos en sus casas. Sé que no hago bien, porque les estoy incomodando, les estoy quitando privacidad y las mujeres de mis amigos me odian, pero no puedo evitarlo, necesito verlos a todos porque el tiempo pasa muy rápido y en cualquier momento cualquiera de nosotros puede morir”.
A Gregoria, Enrique, Eva y Mario sus sombras se les cruzan por delante. Están tan preocupados por el futuro, están tan concentrados en el futuro, tienen tanto miedo al futuro, que no se enteran del presente, se están perdiendo el presente.
Disfruta de la fragancia que te da ahora la flor, pues es seguro que con el tiempo marchitará.
Fuente: http://www.ricardoros.com