CUANDO LA BOMBA DE GASOLINA DEJA DE FUNCIONAR Y TODO DEPENDE DE UN GOLPE CERTERO
Ricardo Ros
No conozco a nadie que no tenga un problema. Tenemos problemas económicos, problemas personales, de relación, de pareja, con los hijos, en el trabajo, con el perro del vecino, con la bomba de la gasolina del coche…
Wittgenstein decía: Un problema tiene la forma siguiente: «Desconozco la manera de resolverlo» porque si sabes cómo solucionar el problema de la bomba de la gasolina del coche, deja de ser un problema. Si sabes evitar al perro del vecino, deja de ser un problema. Es de Perogrullo, pero es así: un problema deja de ser un problema en el momento en que encontramos la solución.
Hace poco el coche no me arrancaba. Yo estaba desesperado, porque tenía mucha prisa e iba a llegar tarde a una reunión. Tengo que decir que no tengo ni idea de mecánica. Esperé al mecánico del seguro, que tardó en llegar más de una hora. Cuando el mecánico llegó, se agachó y le dio un golpe con un enorme martillo a algo que estaba en la parte de abajo del coche. Me dijo “pruebe ahora”, y el coche arrancó. El mecánico, al ver mi cara de sorpresa, se echó a reír y me dijo que se había bloqueado la bomba de la gasolina. “Esto es provisional, no se olvide de llevarlo mañana al taller”. El mecánico sabía, pero yo no sabía cómo resolverlo. Para mí era un problema. Él tenía la solución porque sabía cómo resolverlo.
Al cabo de unos tres meses, una mañana, el coche no arrancó de nuevo. Como había visto cómo lo había hecho, comencé a darle golpes a aquella zona debajo del coche. Pero el coche no arrancó. Llamé al seguro. Cuando el mecánico llegó echó un vistazo y me dijo que el problema era la batería, que había que cambiarla. A veces, los mismos síntomas no tienen el origen en el mismo problema, pero, muchas veces, seguimos dando la misma solución que no funciona.
Hay problemas que no podemos resolver, generalmente porque no dependen de nosotros y sobre los que no tenemos capacidad de maniobra. Ante estos problemas lo que podemos hacer es realizar un esfuerzo para adaptarnos a nosotros mismos a ese problema no resuelto. La experiencia no es lo que nos sucede, sino lo que hacemos con lo que nos sucede. Además, cuando no encuentres la solución, siempre podrás admirar el problema. ¡Qué maravilla es un problema no resuelto! ¿Te gustan los acertijos, las preguntas difíciles? Pues tener un problema sin resolver te tiene que llenar de satisfacción (excepto si el coche no arranca y tienes mucha prisa).
Existen otros problemas, la mayoría, que sí dependen de nosotros. Hay muchas personas que leen libros sobre el cambio, acuden a cursos, se dejan llevar por un coach, pero no consiguen resolver sus problemas. Hace poco me llamó por teléfono una persona y me contó que había estado con una conocida coach durante seis meses, pero que no había conseguido avanzar. La coach le había dicho que “se le resistía, que no estaba dispuesto a cambiar” y que por eso ella no podía ayudarle. Me bastó hacerle una pregunta para darme cuenta de lo que pasaba. Le pregunté “en las sesiones de coaching, ¿hablasteis de cómo cambiar creencias?”. Su respuesta fue que sólo habían hablado de técnicas para el cambio, tareas que él tenía que cumplir entre una sesión y la siguiente.
El aprendizaje y el cambio permanentes se basan en la apertura continua a que se cuestionen nuestras creencias y supuestos básicos sobre lo que son las cosas. A menos que las creencias y los valores cambien, los nuevos procesos no funcionarán. Resolver un problema es salirnos fuera del problema y poner en duda todos nuestros conocimientos anteriores, es cambiar nuestras creencias y nuestros valores, dudar de las cosas más seguras, poner en la picota cualquier cosa sobre la que estemos convencidos. No encontramos la solución porque vemos el problema desde dentro del problema. Y nuestras creencias nos impiden ver las cosas de otra manera.
Wittgenstein no lo dijo, pero lo digo yo: Un problema tiene la forma siguiente: «Desconozco la manera de resolverlo porque no estoy dispuesto a cambiar mi forma de pensar ni a poner en duda mis más profundas creencias».
Fuente: http://www.ricardoros.com