18
January
2009
Francisco Rodríguez Higueras
Cada día vendemos nuestras personalidades – nuestros talentos, nuestro amor, nuestro valor – a otros. Cada persona es una persona de ventas aunque la mayoría de la gente no reconozca esta habilidad o hecho.
Las ventas son el trabajo que usted hace cada día. Cuando trabajo en el marketing multinivel, el mirar para patrocinar a miembros del equipo, a menudo la gente me dijo, “yo no lo haría bien en esto. No soy una persona de ventas. “El hecho de la del asunto es que cada uno de nosotros es una persona de ventas como la dinamita. Usted se vende a usted y a aquellos en su mundo para lo que usted quiere o necesita todo el día, día tras día.
Primero de todo, usted se vende en la capacidad de lograr las tareas que usted intenta completar ese día, al día siguiente… año tras año. Usted posiblemente no puede tener éxito a no ser que usted sepa, en su corazón, que usted logrará cualquier tarea.
Cuando usted encuentra a alguien que le gusta, usted hace todo lo que piensa para conseguir que a la otra persona también usted le guste, ¿verdad? Además, usted le vende sus buenas cualidades como un amigo tal vez su lealtad, su seriedad, su buen humor, etc. Básicamente, usted le dice a la nueva persona, “Aquí estoy. Estos son mis ventajas para ti.”
¡Um!. Me suena bastante a una estrategia de ventas – pero mucho más sutil.
Cuando usted quiere que alguien le ame, usted tiene que venderle el porqué usted es el mejor amante que ellos jamás encontrarán en ¡cualquier parte! Usted quiere que ellos sepan que usted se preocupa, usted se respeta y se honra, y a ellos también.
Cuando usted va para una entrevista de trabajo, usted vende sus habilidades, talentos, lealtad, independientemente de lo que la empresa potencial quiere en sus empleados.
La lista de sitios donde el lado de la persona de ventas de usted da un paso adelante puede aparecer obvia una vez que usted se para y piensa en ello. Sin embargo, aquella parte de usted no tiene ningún límite en el funcionamiento para hacerle bien y feliz en una base diaria.
Piense en este caso del arte del super vendedor. Digamos que a usted le gustaría poseer un nuevo robot de cocina que promete cortar las horas de preparación de alimentos hecha a mano. Usted le dice a su compañero o su mejor amigo todos los detalles de la inclusión de máquina donde comprarlo al mejor precio. Usted solamente no habla de ello una vez. Usted habla de ello cada pocas horas – o, al menos, cada día. Cada vez usted le cuenta al comprador potencial no sólo cuánto su vida será mejor, también qué grande esta aplicación resultará para él o ella, también porque usted pasará menos tiempo en la cocina, usted tendrá más tiempo de ocio para estar juntos.
La próxima vez que usted sienta las palabras salir de su boca, “no soy una persona de ventas,” pare usted y considere si la oportunidad puede ser un regalo, más bien que una carga.
Fuente: http://www.gestiopolis.com
Posted: NETWORK MARKETING
17
January
2009
David Fischman
“Un hombre soberbio visitó a un maestro y le pidió que le enseñara lo que sabía. Le dijo que aunque ya había aprendido todo lo necesario de diversos maestros, igual quería escucharlo. El maestro le ofreció una taza de té. Al servirla, no reparó que había llegado al borde de la taza y el té se derramó sobre la ropa de su visitante. El hombre, molesto, le dijo: “¿Qué puedes enseñarme tú, si ni siquiera sabes servir el té?” El maestro respondió: “Como esta taza, tu mente está llena de ideas. Si te doy más conocimientos, se derramarán como el té. Regresa cuando la taza de tu mente esté vacía y quieras verdaderamente escuchar”.
Según un estudio de Ralph Nichols, escuchamos sólo 40% de nuestro tiempo. Esto significa que también 40% de la planilla de una empresa se invierte en escuchar. ¿Cuán efectiva es esa inversión? Cuando la empresa compra un activo, invierte un esfuerzo considerable en optimizar la compra. ¿Qué estamos haciendo para optimizar la tremenda inversión de escuchar?
Existen varios niveles de escucha. En la escucha desconectada nuestro cuerpo está presente, pero nuestra mente no. Claro que damos señales de que estamos escuchando, para no ser descubiertos: “ajá”, “sí”, “claro”, entre otras, pero no escuchamos nada: estamos en otro lugar del universo.
El siguiente nivel es la escucha competitiva. Mientras escucha a medias, la persona va ideando respuestas lo más rápido posible. Interrumpe constantemente a la persona con quien habla para darle su opinión. En este nivel de escucha no hay interés en escuchar, sino en probarse a sí mismo y a los demás que se es el más capaz y competente.
En el tercer nivel, la escucha verbal, la persona presta atención solamente al contenido del discurso, mas deja de lado los mensajes no verbales. Escucha las palabras, pero no distingue la información valiosa derivada de los gestos, tono de voz y postura, entre otros.
Las estadísticas revelan que nuestra comunicación es sólo 7% verbal, 38% vocal (tono, volumen, velocidad) y 55% de gestos, posturas y contacto visual. Si solamente escuchamos las palabras, nos perdemos 93% del mensaje.
El último nivel es la escucha empática, esto es, cuando escuchamos la parte verbal y percibimos la no verbal y las emociones. En este nivel dejamos nuestro ego, tomamos una actitud de servicio y nos ponemos en el lugar de la otra persona.
Una vez llegó a mi oficina una persona con un problema serio. Mi primera reacción fue recomendarle las posibles soluciones. Cuando terminé de hablar, la persona, aún más contrariada, se paró y se fue. Reflexionando, me di cuenta de que estaba tan concentrado en demostrarle mi capacidad para resolver problemas, que no había escuchado nada. La llamé, le pedí disculpas y luego me puse en su lugar y la escuché con empatía. Ella no quería que yo le resolviera la vida: quería que la escuchase.
Dejemos de escucharnos sólo a nosotros mismos, escuchemos empáticamente a los demás. No sólo lograremos mejores resultados, sino que además contribuiremos al bienestar de las personas de nuestro entorno.”
Fuente: http://portafoliodigitalco.bligoo.com
Posted: CRECIMIENTO PERSONAL
17
January
2009
Vincent Roazzi
“La Espiritualidad del Éxito”
Cuando comencé a trabajar como vendedor, el primer producto que vendí eran seguros de salud. El programa era especial porque combinaba el poder adquisitivo de los trabajadores autónomos para que obtuvieran mayor cobertura y mejores tarifas. Habiendo sido antes un trabajador autónomo, yo comprendía muy bien el valor de este concepto y del producto. El precio era competitivo y la cobertura amplia. En seis semanas, obtuve la licencia, y durante ese lapso mi expectativa creció y creció. Estaba ansioso de ponerme frente a los clientes y decirles lo estupendo que era el producto.
Mi gerente de ventas nos enseñó que para tener éxito en este negocio era necesario obtener quince citas por semana. Sin embargo, aunque yo tenía quince citas por semana durante el primer mes, sólo concretaba una venta por semana mientras que otros vendedores concretaban cuatro o cinco. Me desanimé y pensé en renunciar. ¿Por qué los clientes no veían el fantástico que estaba vendiendo? Comencé a pensar que tal vez la culpa era mía.
Le pedí al vendedor más importante de la oficina que me permitiera acompañarlo en una presentación. Aceptó, y a los cinco minutos de iniciada su presentación me di cuenta de todo. Era evidente que esta persona estaba allí para ayudar a los clientes, no a sí mismo. Eso era lo que me faltaba a mí.
El caso es que me hice vendedor por la posibilidad que me ofrecía esa profesión de ganar mucho dinero. Obviamente, eso lo percibían mis clientes. Yo estaba allí para ganar mucho dinero y, en consecuencia, ganaba muy poco.
Cuando dejé de lado la comisión y comencé a preocuparme por el cliente, no sólo hice muchas ventas, ¡sino que me convertí en el agente más importante del país! Sin embargo, en última instancia, ¿qué cambió? El producto, el precio, la competencia y todo lo demás era igual. Lo único diferente era yo, y eso hacía toda la diferencia del mundo.
Fuente: http://www.nicanaxan.com
Posted: VENTAS