19
January
2009

¿QUIERE SER EXITOSO EN TIEMPOS DIFÍCILES?0

Joachim de Posada 

Desarrolle su pensamiento crítico, no su pensamiento mágico.

Estoy a bordo del vuelo 606 de American Airlines rumbo a San Juan, Puerto Rico, tras estar una semana en Phoenix, Arizona, dictando una conferencia y en Scottsdale, participando de un congreso de oradores.

En otro artículo les daré algunas de las múltiples lecciones aprendidas. No lo hago ahora, porque son tantas las ideas que se exploraron en ese congreso que la cabeza todavía me da vueltas y tengo muy poco tiempo para ordenar mis ideas en la mente y después plasmarlas en papel, quise decir en mi laptop. Sí, puedo decir que todos entendían y aceptaban que estamos en una profunda recesión en los Estados Unidos y en casi todos los países del mundo.

En los periódicos es el tema dominante, de verdad que se respira una gran dosis de negativismo y aunque creo que el público debe de estar informado, siento que la prensa utiliza las emociones del ser humano para vender más prensa. Aún así, los pronósticos no son nada buenos y todos tenemos que aceptar que estamos en momentos difíciles en la historia del mundo.

Me ha sorprendido, no, no debo usar la palabra sorprendido, porque en realidad la capacidad del ser humano para creer lo increíble, en verdad no tiene límites.

La capacidad del ser humano para ser engañado, sobre todo en momentos difíciles, en momentos en que somos vulnerables, es ilimitada.

Se reporta en el periódico de hoy que el negocio de los adivinadores, los psíquicos, los astrólogos, los que leen las cartas o las manos y los que se comunican con los muertos, etcétera, está floreciendo. El artículo da varios ejemplos, uno de ellos el de un corredor de bolsa, supuestamente un hombre exitoso que diariamente revisa las gráficas de las acciones para tratar de predecir el movimiento del mercado.

Ustedes, mis amables lectores, deben saber que día a día, millones de personas tratan de predecir lo que va a pasar al día siguiente, ya sea en el mercado de acciones, el futuro, el oro, la plata, el platino, los bienes raíces o si la selección de Brasil le va a ganar a la de Argentina, Colombia, Uruguay, Paraguay o cualquier otro país. La vida es el constante adivinar lo que va a suceder en el futuro.

El problema surge cuando un corredor de acciones de bolsa declara que además de revisar sus gráficas, consulta con su psíquica todos los días, y que si la psíquica le dice que va a ser un día negativo, inmediatamente vende sus acciones. Eso es verdaderamente increíble.

Una psíquica de Nueva York que se especializa en ángeles que le transmiten la información para ayudar a sus clientes a tomar decisiones financieras, dice que el negocio le ha aumentado de 15 ó 20 clientes semanales al doble esa cantidad. A veces la realidad es más increíble que la ciencia ficción.

Una psíquica de Los Ángeles, California, que no doy su dirección de Internet para no aumentar su negocio, dice que en su página recibía 30 visitas diarias y que hoy en día ha aumentado a 200 visitas diarias. Trabaja principalmente por teléfono y cobra $150 por una consulta telefónica de media hora y hasta $500 por una lectura de hora y media.

Entiendo que algunos de mis lectores en estos momentos están pensando en meterse en ese negocio. Yo lo podría hacer. Yo podría convencer a mucha gente de que tengo poderes mágicos y que puedo predecir el futuro. Pero en la vida, lo más valioso que tiene el ser humano es su dignidad y el quitarle la plata a las personas, engañándolas, es deplorable y a la larga va a trabajar en contra de usted.

En la entrevista, la psíquica de Nueva York, dice que lo que la gente quiere saber, en una economía con problemas, es qué pueden hacer para reinventarse.

Eso es muy cierto, y en eso estoy de acuerdo con ella cien por ciento. Lo que la gente tiene que hacer en momentos difíciles es reinventarse, cambiar, buscar áreas de diferenciación, identificar necesidades que no se están satisfaciendo, mejorar el servicio al cliente, ser creativo en el marketing y cien cosas más que se pueden hacer.

Pero pensar que en vez de tener que reinventarse, se puede recurrir a personas que contactan ángeles, muertos o cartas astrales, es caer víctima de un tremendo engaño, además de ser sumamente ingenuo.

¿Cuántas personas, en sus propios países, dan dinero a estos personajes sin pensar que ese dinero se lo están quitando a sus hijos, a sus padres o a sus seres queridos que de verdad lo necesitan?

¿No creen ustedes que si alguien pudiera predecir el futuro, no habría límites para esa persona en este mundo? ¿Piensan ustedes que Dios, la fuerza mayor, el arquitecto del universo o como le quieran llamar, escogió a algunos de nosotros para darle poderes sobrenaturales de manera que nos puedan cobrar por esos poderes y hacerse ricos a expensas de hacernos más pobres a nosotros?

Hay otra posibilidad: hay gente que va a estos personajes para obtener paz mental.

Para que alguien les diga que el futuro puede ser adivinado o cambiado, claro, a cambio de unos cuantos pesos, no debe de darle paz mental a nadie.

La paz mental se obtiene cuando usted toma los pasos necesarios para cambiar sus circunstancias, cuando usted regresa a la escuela a aprender otra profesión u oficio.

Cuando usted decide, como he decidido yo, a no participar en la recesión. Paz mental se obtiene cuando se tiene la seguridad que se están tomando todos los pasos posibles para triunfar en un ambiente lleno de retos en los cuales vivimos.

Por lo tanto, además de lo que ya he mencionado en el artículo, humildemente, le doy un par de consejos más.

Elimine todas las deudas posibles. Ahora no es el momento de deberle plata a nadie.

Modifique su estilo de vida y no incurra en gastos que son innecesarios o que se puedan clasificar como botar el dinero.  

Si usted cenaba afuera una vez en semana, hágalo una vez cada dos semanas. Ajuste su presupuesto a sus necesidades.

Estudie qué industrias sufren menos en estos tiempos difíciles. Por ejemplo, mi profesión, conferencista motivacional, tiene buena demanda ahora, ya que las empresas necesitan que alguien motive a sus empleados, o mejor dicho, que alguien cree las condiciones adecuadas para que el empleado se motive a sí mismo. Nadie motiva a nadie. Todo el mundo se tiene que auto motivar. Lo que se puede hacer es crear las condiciones para que el empleado se motive.

La ingeniería está en gran demanda en estos momentos, la consultoría especializada en diferentes áreas también, especialmente si puede aumentar la productividad, crear nuevas ideas o disminuir los gastos.

La gente, desafortunadamente, se va a seguir muriendo, así que las funerarias tendrán siempre un buen negocio.

El amor es imparable por lo que planificar bodas siempre será un gran negocio. Lo importante es entender que ahora es que usted tiene que ser mejor.

Ahora es que usted tiene que caminar la milla extra, salirse de su zona de comodidad, buscar nuevas formas de hacer las cosas, atender mejor a su cliente.

Usted, en estos tiempos difíciles, le va a quitar el negocio a aquellos que no quieren cambiar, a aquellos que van a seguir haciendo las cosas como se hacían antes, a aquellos que no se han dado cuenta que el mundo nunca será igual.

Lo que hay que hacer ahora es olvidarse del pensamiento mágico, poner los pies en la tierra y aprender a pensar críticamente.

Finalizando el artículo, me doy cuenta de que he sido bastante severo con los que se hacen llamar psíquicos y astrólogos y con los pensadores mágicos que acuden a estas personas y les dan negocio.

Me viene a la mente la frase “¿Quién es un hombre sabio? Aquel que aprende de todos los hombres”, del autor Simeon ben Zoma.

Así que admito, hasta de esos psíquicos y adivinadores hay que aprender.

Hay que entender cómo usan la persuasión y la sugestión para convencer a tantas personas de tantos disparates.

Y entonces hay que aplicar esas técnicas en tareas más nobles y dignas, que ayuden a la humanidad.  

Fuente: http://espanol.pfinance.yahoo.com

19
January
2009

TÚ PUEDES SER EL DUEÑO DEL MUNDO0

Cierto día, en una vieja estación de trenes, al interior de una provincia cordillerana, un apacible anciano, que tomaba el aire fresco de la tarde, se me acerco, al ver en mi cierta impaciencia y desagrado por la tardanza del tren. Estaba ya empezando a sentirme muy molesto por la demora y creo que trate a mas de alguien con cierta dureza, y comenzó una conversación tan agradable que nunca he olvidado sus sabias palabras.

Cuando llegué a viejo, después de haber pasado viviendo y aprendiendo todos estos años, he tenido el valor de reconocer que somos nosotros mismos, cada uno de nosotros, los que hacemos nuestro mundo propio.

¿Sabe? Viajo con bastante frecuencia  a la gran metrópoli y siempre tuve la idea de que en esa ciudad todos los que manejaban un taxi eran muy impacientes y de pésimo humor. Pero también me parecían malhumorados los empleados de los ferrocarriles y los trabajadores de los hoteles. Y pensé que con ninguno de ellos podría llegar a llevarme bien.

Pero un día me encontré, en plena ciudad capital, y por pura casualidad con un libro de Thackeray, a disposición del público en la recepción de un hotel, y las primeras palabras que leí, y las únicas, por decirlo de una forma honesta fueron las  siguientes: “El mundo es un espejo que muestra a cada cual el reflejo de su propia cara”. Ese día, cuando con el taxista ya estábamos poniendo las caras de pocos amigos, tuve la idea de razonar de esta manera: Esto que está pasando ¿no será el resultado de mi propio proceder ante los demás?

Empecé a vivir entonces por las palabras leídas en el libro de Thackeray. En el siguiente viaje a la capital no pude encontrar a ningún taxista malhumorado, ni ascensorista o empleados de ferrocarriles antipáticos. ¿Había cambiado la gran ciudad, o seria yo el que había cambiado? La respuesta era muy clara.

Dejar todas las excusas para evadir nuestras faltas es igual a ir a una tierra extraña en donde todo es nuevo y distinto. En ese lugar es uno el que tiene que asumir las causas de sus fracasos y dificultades. Aunque, claro, las muchas presiones externas influencian nuestra propia vida, y no por eso la tiene que dominar. Pero suponer que es así equivale a engañarse a uno mismo.

Desde ese día, en la capital, llegué a convencerme de que la idea descrita por Thackeray forma la base de todas las relaciones para con nuestros semejantes. La forma más rápida de enmendar la mala voluntad de los demás es empezar a corregir la nuestra.

Ensáyela usted también, le dará buenos resultados. Además contribuirá en gran medida al grato trabajo de hacer nuevos amigos y  a la alegría de estar vivos.

Ese día aprendí una gran lección, y pude hacer un nuevo amigo. 

Fuente: http://www.autorneto.com

19
January
2009

DE CÓMO LOS ETRUSCOS, SIN COMERLO NI BEBERLO, PUEDEN DESTROZARTE LA VIDA0

Ricardo Ros 

Lo conocí en la Universidad hace más de 30 años. Yo estudiaba psicología y él Historia. Durante un par de cursos vivimos en el mismo piso de estudiantes. Luis era una persona muy inteligente, con mucha capacidad de estudio. Conseguía unas notas magníficas, casi todo sobresalientes. Estudiaba muchas horas. Yo era un estudiante mediocre, que aprobaba los cursos por la ley del mínimo esfuerzo. Luis se quedaba estudiando, mientras los demás nos íbamos de juerga.

Luis tenía dos grandes intereses: una chica rubita, a la que perdió porque no tenía tiempo para ella, y, su gran afición, los etruscos. Cuando no estaba estudiando, estaba en la biblioteca leyendo y sacando notas de todo lo que tuviera que ver con los etruscos. Mientras los demás teníamos las paredes llenas de fotos de chicas, Luis la tenía llena de fichas con datos sobre los etruscos.

Acabamos la Universidad y nos perdimos la pista. Recientemente, a través de una amiga común, he vuelto a encontrármelo. Estuvimos cenando. Trabaja como profesor de Historia en un Instituto de Secundaria y su pasión sigue centrada en los etruscos. Me dice que no es feliz, porque sus alumnos no tienen interés en la historia y porque no ha realizado el sueño de su vida: escribir una serie de libros sobre los etruscos. Me cuenta que tiene un piso de 160 metros cuadrados, con todas las paredes llenas de estanterías, en las que acumula miles de libros y cientos de miles de fichas sobre los etruscos. Me dice que ha querido empezar el libro cientos de veces, pero que todavía no ha dado el paso, porque siempre le falta confirmar algún dato. Me dice que sin falta este año escribirá el primer libro de una colección de doce volúmenes: orígenes, antecedentes, el arte, la cultura, costumbres y leyes, las ciudades, las guerras, la arquitectura, la influencia en otros pueblos, la visión etrusca a través de los siglos, si los etruscos vivieran hoy en día, bibliografía extensa. Doce volúmenes de unas 700 páginas cada uno. Me dice que tiene también pensados los capítulos de cada volumen y, a ver qué opino, si el volumen sobre las leyes tiene que ir antes o después del volumen sobre el arte.

Luis tiene un grave problema. Lleva treinta años acumulando información, almacenando datos, pero sin decidir nada… todavía. Luis tampoco empezará el primer volumen este año, porque se acaban de publicar tres nuevos libros sobre los etruscos, dos en Francia y otro en Italia, y necesita estudiarlos en profundidad antes de ponerse en acción. De estos tres nuevos libros sacará miles de fichas que ocuparán un metro cuadrado más en el pasillo de su casa.

En realidad, lo que le ocurre a Luis es que tiene miedo, tiene miedo a equivocarse. Puedes acumular datos toda tu vida, pero al final, si quieres hacer algo, tendrás que arriesgarte. Nunca tendrás la certeza absoluta de que es un trabajo completo y perfecto. Y cuanto más tardes en decidir, el riesgo es mayor. Si Luis hubiera escrito un pequeño libro lleno de errores hace treinta años, en estos momentos tendría escritos, no doce volúmenes, sino doscientos, y sería valorado como uno de los mayores expertos mundiales sobre el mundo etrusco. Pero es un desconocido, al que nadie conoce porque nunca ha dado el paso.

¿Cuántos datos más necesitas acumular para tomar una decisión? ¿Cuánto riesgo estás dispuesto a asumir? ¿Cuánto margen estás dispuesto a dar a la equivocación? 

Fuente: http://www.ricardoros.com