18
February
2008
David Fischman
El Invierno no sólo trae frío, sino también resfríos, lo que afecta nuestra salud. Cuando estamos resfriados es fácil contagiar nuestro virus a quien nos acompaña aun sin darnos cuenta. Desgraciadamente, ocurre lo mismo con el virus de la desesperanza.
Como el resfrío, el virus de la desesperanza también se contagia. “No sé que vamos a hacer, la situación esta terrible”. “Este país no avanza”. “La cosa política arde. Creo que todo se irá al diablo”. “A la empresa le va pésimo, seguro que reducirán personal”.
No importa el tema, el común denominador es desesperanza, negativismo y depresión. Cuando estas con una persona infectada con este virus empiezas a contagiarte. Similarmente al resfrío, la persona infectada con el virus de la desesperanza no es consciente de que lo trasmite y la persona que se infecta tampoco lo es.
La desesperanza, como el resfrió, produce síntomas visibles.Las personas empiezan a ver todo oscuro, tienen miedo, se aferran a lo conocido y no toman riesgos. Se sienten impotentes como pequeñas marionetas del destino. Se limitan a quejarse y a esparcir. A diferencia del resfrió, en el que nuestro sistema inmunológico se activa y vence al virus, con la desesperanza no existe un sistema que nos salve.
¿Qué podemos hacer? La solución no es pensar positivamente, a ciegas. Es posible que sí existan problemas, crisis, malos manejos, consecuencias negativas. No se trata de forzarnos a ver la realidad como un jardín de rosas para no caer en la desesperanza. De la misma forma que la vitamina C nos eleva las defensas y evita que nos resfriemos, para evitar el virus de la desesperanza debemos tomar “vitamina D”; es decir, la vitamina del desapego.
Esta vitamina requiere de un acto de voluntad para percibir la realidad de forma diferente. El desapego implica que todo ser humano tiene un mundo espiritual interior que le permite tener paz y tranquilidad al margen de las circunstancias o el ambiente. Es como un recipiente térmico: no importa que tan congelado este el ambiente, el agua del recipiente no se afecta y conserva su temperatura.
En un curso usted trata de aprovechar el tiempo estudiando y prestando atención para maximizar su aprendizaje. Toma los problemas y retos del curso con buena actitud para sacarle el jugo a su inversión. La filosofía del desapego se basa en el hecho de que todos somos alumnos que hemos venido a tomar en nuestro periodo de existencia como seres humanos: el curso de la vida. Este curso tiene una duración determinada y luego partimos. Nuestro objetivo es maximizar nuestro aprendizaje manteniendo una buena actitud hacia los retos que nos plantea.
Todos hemos tenido maestros exigentes en el Colegio o la Universidad. Quizá en el momento no nos gustaba o nos quejábamos de su rigurosidad. Pero hoy reconocemos su valor y el impacto que tuvieron en nuestra persona. La vida es un maestro exigente, nos pone retos y problemas para que fortalezcamos nuestro espíritu. Para que cuando partamos, nos graduemos de esta vida siendo mejores personas.
Cuentan, que un cachorro de tigre, cuya madre falleció cuando él nació, fue criado por unas ovejas. El tigre aprendió a comer pasto, a balar como las ovejas y a hacer todo lo que estas hacían. Un día otro tigre atacó la horda de ovejas y quedó perplejo cuando vio al tigre que se creía oveja corriendo con pánico gritando “beeeee”. El tigre lo llevó a un lago calmo y le dijo:
“Mira tu imagen reflejada y recuerda quien eres, deja de actuar como una oveja ridícula en pánico”. Al igual que el tigre que se creía oveja, algunos se llenan de miedo y desesperanza ante las amenazas y problemas. No se dan cuenta de que ellos mismos son tigres y tienen toda la capacidad de poder enfrentarlos. Aprovechemos los retos de la vida para crecer y no para temer.
Fuente: http://www.odontomarketing.com
Posted: CRECIMIENTO PERSONAL
14
February
2008
Jorge Bucay
“Cuentos para pensar”
Esta es la historia de un hombre que yo definiría como un buscador. Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.
Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debería ir a la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, de modo que dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó a lo lejos la ciudad de Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores bellas. La rodeaba por completo una especie de valla de madera lustrada. Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y caminó lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió sobre una de las piedras, aquella inscripción:
“Aquí yace Abdul Tareg. Vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.”
Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla; decía:
“Aquí yace Yamir Kalib. Vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.”
El buscador se sintió terriblemente abatido. Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que más lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años. Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
“No, ningún familiar” dijo el buscador. ¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa terrible hay en esta ciudad? ¿Porqué tantos niños muertos enterrados en este lugar…? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente que los ha obligado a construir un cementerio de niños…?”
El anciano respondió:
“Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré …Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella, a la izquierda, qué fue lo disfrutado y a la derecha, cuanto tiempo duró el gozo. “Conoció a su novia, y se enamoro de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿una semana..? ¿dos.? ¿tres semanas y media…? Y después, la emoción del primer beso, la fiesta de bodas, ¿cuánto duró la alegría del matrimonio?¿dos días…? ¿una semana..? ¿Y el casamiento de sus amigos…? Y el viaje mas deseado…? ¿Y el encuentro con quien vuelve de un país lejano..? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de esas sensaciones…? ¿Horas..? ¿días…?
Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos. Cuando alguien muere es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo anotado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo VIVIDO.”
Colaboración de Arturo Arreguín
Fuente: http://forumgam.suddenlaunch.com
Posted: REFLEXIONES
12
February
2008
Max Ehrmann
Anda plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que se puede encontrar en el silencio. En cuanto te sea posible, vive en buenos términos con todas las personas, enuncia claramente tu verdad; escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante: ellos también tienen su historia. Evita las personas ruidosas y agresivas, pues son un fastidio para el alma. Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado; porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú. Disfruta de tus logros así como de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera, por humilde que sea; ella es un tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos, se cauto en tus negocios; pues el mundo está lleno de egoísmos. Pero no te cierres a la virtud que hay en ella; mucha gente se esfuerza por alcanzar nobles ideales; y en todas partes la vida está llena de heroísmo, se tú mismo.
En especial, no finjas los afectos. Tampoco seas cínico en el amor, porque en medio de toda la aridez y desengaños, es perenne como la hierba.
Acata dócilmente el consejo de los años, abandonando con donaires las cosas de juventud. Cultiva la fuerza del espíritu para que te proteja en la adversidad repentina. Pero no te angusties con fantasmas. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Junto con una sana disciplina, se benigno contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que las plantas y las estrellas; y tienes derecho a existir, y sea que te resulte claro o no, el universo marcha como debiera. Por lo tanto, mantente en paz con Dios, cualquiera sea tu modo de concebirlo y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones, mantén la paz con tu alma en la bulliciosa confusión del planeta, que con todas sus farsas y sueños fallidos, sigue siendo hermoso. Ten cuidado.
Esfuérzate por ser feliz.
Colaboración de Alex Valverde
Fuente: http://www.elmistico.com.ar
Posted: REFLEXIONES