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EL MALO
Enrique Gil Gilbert Duérmase niñito, duérmase por Dios; duérmase niñito que allí viene el cuco, ¡ahahá! ¡ahahá! Y Leopoldo elevaba su destemplada voz meciéndose a todo vuelo en la hamaca, tratando de arrullar a su hermanito menor. —¡Er moro! Así lo llamaban porque hasta muy crecido había estado sin recibir las aguas bautismales. —¡Er moro! ¡Jesú, qué malo ha de ser! —¿Y nuá venío tuabía la mala pájara a gritajle? —Iz que cuando uno es moro la mala pájara pare… —No: le saca los ojitos ar moro. San José y la virgen fueron a Belén a adorar al niño y a Jesús también.…
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LA FRONTERA
Edmundo Paz Soldán A la entrada de la mina La Frontera, que creía abandonada, se hallan dos hombres. Tienen el rostro terroso, apariencia de mineros en la vestimenta desastrada, y pancartas en alto condenando el cierre de las minas decretado por Paz Estenssoro. La escena me parece curiosa; detengo el jeep, me bajo y me acerco a ellos. Hace años que no venía por este camino abandonado, hace años que no visitaba la finca de Sergio. Bien puede esperar unos minutos, me digo, y perdonar al periodista que siempre hay en mí. De cerca, confirmo que son mineros. Los rayos del sol refulgen en todas partes…
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UN ASADITO, POR EL AMOR DE DIOS
Hernán Casciari Cuando uno llega a España no entiende muchas costumbres, pero creo que la más terrible (por encima del terrorismo y el tamaño ridículo de los yogures) es por qué insisten en descuartizar a la vaca muerta sin pedir consejos. ¿Por qué reinciden en el corte transversal paralelo al nervio, si ya saben que así no es? ¿Por qué el carnicero finge no saber qué significa «colita de cuadril» cuando es obvio que sí lo sabe, y pone cara fastidio cuando un cliente, nacido en un país ganadero y democrático, le pide un kilo? «Será por orgullo o desgano», pensaba yo al principio de mi estancia,…
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LA CARNE Y LOS HUESOS
Rubem Fonseca Mi avión no partiría sino hasta el día siguiente. Por primera vez lamenté no tener un retrato de mi madre conmigo, pero siempre me pareció idiota andar con retratos de la familia en el bolsillo, más aun el de mi madre. No me incomodaba quedarme dos días más vagando por las calles de aquel gran hormiguero sucio, contaminado, lleno de gente extraña. Era mejor que caminar por una ciudad pequeña con el aire puro y los campesinos que dicen buenos-días cuando se cruzan contigo. Me quedaría aquí un año si no tuviera aquel compromiso esperándome. Caminé el día entero respirando monóxido de carbono. Por la…
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NOSOTROS NO
José B. Adolph Aquella tarde, cuando tintinearon las campanillas de los teletipos y fue repartida la noticia como un milagro, los hombres de todas las latitudes se confundieron en un solo grito de triunfo. Tal como había sido predicho doscientos años antes, finalmente el hombre había conquistado la inmortalidad en 2168. Todos los altavoces del mundo, todos los transmisores de imágenes, todos los boletines destacaron esta gran revolución biológica. También yo me alegre, naturalmente, en un primer instante. ¡Cuanto habíamos esperado este día! Una sola inyección, de cien centímetros cúbicos, era todo lo que hacia falta para no morir jamás. Una sola inyección, aplicada cada cien años,…