• LITERATURA

    MECÁNICA POPULAR

        Raymond Carver   Aquel día, temprano, el tiempo cambió y la nieve se deshizo y se volvió agua sucia. Delgados regueros de nieve derretida caían de la pequeña ventana —una ventana abierta a la altura del hombro— que daba al traspatio. Por la calle pasaban coches salpicando. Estaba oscureciendo. Pero también oscurecía dentro de la casa. Él estaba en el dormitorio metiendo ropas en una maleta cuando ella apareció en la puerta. ¡Estoy contenta de que te vayas! ¡Estoy contenta de que te vayas!, gritó. ¿Me oyes? Él siguió metiendo sus cosas en la maleta. ¡Hijo de perra! ¡Estoy contentísima de que te vayas! Empezó a llorar. Ni…

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    LAS LLAGAS DE WAISER

        Hernan Casciari   Waiser era el bibliotecario de la Biblioteca Sarmiento de Mercedes. Yo llegué a conocerlo, pero de lejos; nunca hablamos ni nada. Sin embargo tuve que ver, de refilón, con su muerte. Y esa historia es la que voy a contar hoy. En el año 93 a Waiser le pusieron en la biblioteca una ayudante que se llamaba Analía, bastante más joven que él. El viejo empezó a tener con ella fantasías sexuales un poco extrañas para su edad, unas perversiones tan nítidas que terminaron por obsesionarlo.   El Rúben y Libermann, sus amigos de toda la vida, creyeron que era nomás un enamoramiento a contrapelo…

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    FLOR DE IMPERIO

        Horacio Quiroga   Antonio Fatal se casó en 1881, y de su matrimonio tuvo dos hijos: Divina (el nombre de la madre) y Rubén, la primera de los cuales murió en temprana edad, arrebatada por el río. Rubén lloró largamente la desaparición de su hermana. ¿Quién le acompañaría a buscar las primeras flo­res de primavera, para las que era tan fresca la cabeza de Divina? ¿Quién como ella, se acordaría de encerrar con el mal tiempo a los pequeños pa­vorreales que no podían soportar la lluvia? ¿Quién se sentaría a su frente en la mesa, y dónde estaba, ¡ay!, la voz que contaría de igual modo que él…

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    EL DROMEDARIO

        José Díaz-Díaz   Convierte tu muro en un peldaño Rainer María Rilke   Se sentía cansado de andar escondiéndose y su cuerpo ya no daba para más. Frente a la primera choza abandonada que encontró mientras huía, sus piernas se doblegaron como chamizos inermes. Empujó la puerta, de una sola hoja, semidestruida y sin ningún tipo de cerradura ni candado y esta cedió sin esfuerzo chirriando con un gemido de madera podrida. De bruces fue a parar al fondo del desolado bohío construido con débiles paredes de bahareque y sobre un piso de tierra empolvada olorosa a excreciones de chivo viejo y a orín de animales de monte.…

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    CUANDO CREÍ QUE PODÍA SER UN SUJETO ORIGINAL

        Francisco Díaz Klaasen Cuando éramos jóvenes   Durante el tiempo que viví en Europa, cuando era todavía un muchacho impresionable, lleno de ilusiones y proyectos, de esperanzas para mí y para los míos, se me ocurrió que aquello de Gaudí en España, los duomos de Italia, la Costa Azul, la torre Eiffel, el Museo Británico—se me ocurrió que todo eso estaba muy visto, que mis ojos no serían capaces de ver esas cosas de manera distinta a como las habían visto, a lo largo de cientos de años, otros ojos, cientos de miles de otros ojos; que sólo sería capaz de remedar momentos pasados, calcados a otros momentos…