• LITERATURA

    OLOR A CEBOLLA

        Camilo José Cela   Estaba enfermo y sin un real, pero se suicidó porque olía a cebolla. -Huele a cebolla que apesta, huele un horror a cebolla. -Cállate, hombre, yo no huelo nada, ¿quieres que abra ventana? -No, me es igual. El olor no se iría, son las paredes las que huelen a cebolla, las manos me huelen a cebolla. La mujer era la imagen de la paciencia. -¿Quieres lavarte las manos? -No, no quiero, el corazón también me huele a cebolla. -Tranquilízate. -No puedo, huele a cebolla. -Anda, procura dormir un poco. -No podría, todo me huele a cebolla. -Oye, ¿quieres un vaso de leche? -No quiero…

  • MOTIVACIÓN

    TU VIDA IMPORTA

        Gabriel Sandler   Tu vida importa, no sólo a ti sino al mundo entero. Hacer que tu experiencia sea la mejor que podría llegar a ser es algo que le debes a todo lo que existe.   Tu tiempo importa. Cada instante constituye una oportunidad para aportar verdadera riqueza y valor.   Tu perspectiva importa. Enfocándote en lo positivo haces que todo en la vida resulte más positivo y más pleno.   Tus acciones importan. Lo que haces, modifica las cosas, y tú cuentas con la habilidad, real y concreta, de hacer que el mundo sea un lugar cada vez mejor.   Tu propósito importa. Haz aquello que…

  • REFLEXIONES

    LA PEREZA ES UNA DE LAS MÁSCARAS FAVORITAS DEL MIEDO

        Alicia Escaño Hidalgo   Hoy en día cuando escuchamos a alguien decir que algo le da pereza nos echamos las manos a la cabeza. Una persona perezosa no es digna de aprobación por el sistema social, ya que es vista como alguien holgazán que no es capaz de cumplir sus obligaciones y hasta llegamos a considerarlo como alguien inferior. Un debilucho carente de voluntad.   Ciertamente, todos los humanos sentimos pereza en mayor o menor grado y las razones de que la compartamos son evolutivas. Como todas nuestras emociones, la pereza también tiene una función: hacer de freno para nuestro gasto de energía, de manera que siempre contemos…

  • LITERATURA

    LA CUESTA DE LAS COMADRES

        Juan Rulfo   Los difuntos Torricos siempre fueron buenos amigos míos. Tal vez en Zapotlán no los quisieran; pero, lo que es de mí, siempre fueron buenos amigos, hasta tantito antes de morirse. Ahora eso de que no los quisieran en Zapotlán no tenía ninguna importancia, porque tampoco a mí me querían allí, y tengo entendido que a nadie de los que vi­víamos en la Cuesta de las Comadres nos pudieron ver con buenos ojos los de Zapotlán. Esto era desde viejos tiempos. Por otra parte, en la Cuesta de las Comadres, los Torricos no la llevaban bien con todo mundo. Seguido había desavenencias. Y si no es…

  • LITERATURA

    VEINTE DÓLARES PARA EL NEGRO WALLACE

        Gino Winter   Mi vida es un concierto de equivocaciones, una tragicomedia con música de Wagner y libretos de Molière… —¡Fiuuu-í… fiuuuu-í…! —¡Ya salgo, negro…! »En épocas de mi infancia, mis compañeros del Juventud Prado —equipo de fútbol de mi barrio— solían buscarme para salir a pelotear, silbándome desde el patio exterior de mi casa. La mitad del equipo eran negros, todos muy amigos míos. Mi madre, al escucharme, salió apurada de la cocina y me dijo, sotto voce: —¿Por qué le dices negro? —Porque todos les decimos negro a los negros… es mi amigo, el negro Manuel; el otro Manuel es cholo, así los diferenciamos. —Pero no…