HAZLO POR AMOR
David Montalvo
“Los 7 Círculos”
Amar no es una habilidad con instructivo. Los actos en donde compartimos el amor, esos sí probablemente lleven un poco de astucia y creatividad. Pero nosotros ya somos amor. Y nadie nos puede interrumpir, ni quitar, ni hacer menos ese don del Cielo. El despertar a una nueva conciencia nos ayuda sencillamente a trasladarlo al plano consciente de la luz.
A lo largo de los años, el tema se ha juzgado, enjuiciado y maltratado. Muchos han incluso dudado del poder del amor a causa de sus crisis personales. Cuando culpas al amor de tus dificultades, ya sea por la aparente ausencia de éste, porque te divorciaste o porque la persona que deseas a tu lado no aparece o no te ofrece la atención que solicitas, el problema no es del amor, sino tuyo. Al pensar de esa manera, ni siquiera te acercas a su auténtico significado.
No se encadena a ningún resultado, contrato o condición humana. El amor no es negocio. Rompe cualquier idea utilitaria. Querer condicionarlo, es también poner en la cuerda floja a nuestra felicidad. Si dependiera de las circunstancias externas, no lograríamos entender por qué una madre se quita de la boca un pedazo de pan para dárselo a su hijo hambriento, o por qué un joven emprende un viaje a otro mundo para curar a enfermos de sida en África sin recibir un solo centavo, o cómo un héroe anónimo en la calle es capaz de arriesgar su vida tratando de ayudar en un accidente automovilístico a perfectos desconocidos. El amor no es una meta a la que se llegue o un objetivo que se persiga y listo, sino una planta a cultivar, pero que florece dentro de nosotros.
He podido conocer infinidad de casos en los cuales algunas personas existen y respiran, pero sin vivir, todo porque se encuentran ahogados en una profunda depresión, estados de ansiedad o agobio debido a problemas de amores y desamores, rupturas y encuentros. De hecho, miles de psicólogos y psiquiatras no me dejarán mentir que es una de las primeras tres razones por las que los pacientes acuden a consulta con razones trilladas como: “No puedo vivir sin ella”, “Siento que me muero si no estoy a su lado”, “Ya no siento lo mismo de antes”.
En realidad, el amor no causa problemas ni debe llevarnos a dejarnos morir en la tristeza; el enamoramiento probablemente ocasione diferencias de pensamiento que originan que las personas tomen diferentes caminos o decisiones. Pero el amor sigue en su estado puro y natural. En el Universo no pierde su importancia o disminuye su nivel. Nuestra angustia nace por el significado erróneo que le otorgamos y por los filtros de nuestra mente. Y ése es precisamente el enfoque que debemos de modificar para seguir avanzando.
No poseemos la verdad absoluta, ni siempre tendremos la razón. Siempre existirán personas que de pronto se acerquen, se marchen, regresen, y probablemente no entenderemos sus reacciones o decisiones. Pero eso no quiere decir que debemos acribillar al amor con nuestro ego. Lo que debe de ser, así será. Quien deba de estar, estará en nuestra vida. Punto.
Si piensas que el amor no existe, que no está hecho para ti, que es psicológico, que es un invento para satisfacer las mentes de los humanos o que es un encarcelamiento voluntario de nuestra libertad, seguramente ese significado subjetivo que le has dado se relaciona íntimamente con las experiencias que has vivido o visto en casa.
Observar al amor como un acto fatalista, al puro estilo Romeo y Julieta, tampoco es el camino. No dudo de que lo hayas pasado mal en una relación de pareja —en mi caso también sucedió, es completamente humano—, pero sí te puedo asegurar que si experimentaste un evento tormentoso o que pasó sin pena ni gloria, probablemente el verdadero amor ni siquiera fue parte del juego de relación: ni siquiera existió una pizca auténtica, ni dentro de ti, mucho menos para compartir. Probablemente existieron otras razones, valiosas también, que te hicieron compartir ese espacio en el tiempo con otra persona, pero no necesariamente el evento estuvo fundamentado por el amor en su totalidad. Vaya, pueden existir luchas de intereses en nuestras relaciones, pero, de cualquier forma, el amor no debe de ser el motivo real de ninguna separación.
Otra de las falacias y contradicciones que escucho comúnmente es que la gente debe sufrir por amor o que el amor debe de ser sobrellevado, como si fuéramos víctimas de una carga pesada. Nada más alejado de la realidad. El amor todo lo soporta, pero nunca por encima de nuestra dignidad ni felicidad. No es intercambiar una cosa con la otra, no se trata de “o amo o soy feliz”. Hace poco conocí a una señora que me decía: “Eso de la felicidad lo tengo medio abandonado por tener que atender a mi familia”.
El amor en sí mismo no implica sufrimiento, ansiedad o desasosiego, ni Dios quiere eso para nosotros, Él desea nuestra felicidad. Se vuelve un martirio cuando todo nuestro poder lo perdemos por creer que estamos amando, cuando en realidad sólo estamos enamorados, y por tal razón a veces decimos que hacemos muchas locuras por amor. Por más que tratemos de justificarlo con pensamientos bonitos, no podemos otorgar nada que no somos.
Fuente: http://www.davidmontalvo.com.mx