LITERATURA

MEDEA

 

 

Liliana Miraglia

 

Cualquier cosa que escribimos es una imposición que le hacemos a los lectores, al menos a los lectores que tengan la gentileza de leernos, así que ésta es mi pequeña versión de Medea que se me ocurrió a partir de la versión de Christa Wolf y ya me quisiera yo que ella también la leyera.

El lugar es una ciudad que no es mi ciudad pero es como cualquiera, tal vez con una vía circular que la rodea. El hotel es un hotel que tiene una gran escalera en la mitad del lobby. La gente del hotel hace lo de siempre, circula por el lobby, entran y salen pasajeros con maletas, aparecen o desaparecen en el ascensor, como los actores en el escenario. El movimiento no cesa porque es un hotel muy importante. Entra un cantante admirado y se pierde en lo alto de la escalera, también un escritor célebre y muy cerca del mostrador de recepción hay un gran cartel que anuncia que una famosa compañía de ballet se va a presentar en el teatro principal de la ciudad. Somos turistas en un país extraño y comemos cosas extrañas como coco frito y muchas alcaparras. También tortas de cebada con ají.

Aunque vemos a todos los huéspedes y su continuo movimiento frente a nosotros, debo confesar que a los niños nunca los vi sino hasta cuando ya estaban en plena función. Pude haberlos visto antes, a la hora del desayuno, pero yo hacía que me lo subieran a la habitación. En cambio, ahora sé que a la nodriza sí la vi y tal vez hasta a la misma Medea, a quien Ximena dijo que la había visto con una bata de cama en el corredor de su piso buscando hielo. También sé que vimos a Jasón que andaba con un blue jean apretado y unas botas negras, pero ni idea de que se trataba de ellos. Por eso a todos después, menos a los niños, los reconocí cuando ya estaban en el escenario, cuando Jasón y Medea ejecutaron un gran baile que recuerdo como un repique insistente no sé si de castañuelas o solamente del zapateado.

La nodriza con un traje blanco y rojo con arandelas es la única que no baila, ella sólo acompañaba a los niños y los ubica delante de Medea, después se los lleva y los vuelve a traer. Sin embargo, a mí me parece que los niños están asustados y hacen que me asuste también. Comento con nuestro guía, le digo que esos niños deben ser en la realidad hijos de Medea, así como los hijos de Tani Flor son los hijos de Tani Flor que viven con ella en el teatro, pero el guía me dice que no, que son niños actores que están ahí después de haber pasado por un casting en el que resultaron elegidos y que ni siquiera viajan con sus padres sino que lo hacen con una tutora, entonces yo digo que In tutora debe ser la nodriza y el guía hace como que no me escucha y ya no me contesta. Pero los niños sí están asustados y creo que es porque ellos saben que los van a matar. Yo miro hacia otro lado en el teatro porque no me gusta ver que los niños están asustados, si tuviera seis años le pediría a mi mamá que me adelante lo que va a suceder, como cuando le preguntaba si iban a matar a la muchacha que unos pillos tenían acorralada, para que ella me tranquilizara diciéndome que todo es de mentira y que sólo son actores, pero estos niños saben que no es así y están asustados porque ya los mataron también en las otras funciones que representaron en otras ciudades del recorrido o por último, porque así lo hicieron ayer en el ensayo.

Volvemos al hotel y todos los días a esta hora es la hora del apagón, por un racionamiento de electricidad, y a pesar de la poca luz que viene de las velas, ahora sí los reconozco. Son los mismos niños a quienes finalmente mataron, poco tiempo antes, en el escenario y veo que la mujer que los cuidaba no era la nodriza. Ellos estaban jugando a las perseguidas y se agarraban del vestido de la mujer y se lo jalaban para un lado a otro y ella los reprendía, les decía que estuvieran quietos. El cantante famoso que subió por la escalera era Juan Manuel Serrat que tenía puesta una chompa de cuero que con las velas parece dorada, el escritor famoso es uno que se llama como antes se llamaba Adolfo; una turista inglesa se hace la que no es conmigo pero empieza a hablar en voz alta y dice que es el colmo que sin electricidad haya huéspedes que hacen que les suban el desayuno a la habitación y lo peor es que creo que Juan Manuel Serrat también la escuchó.

Yo la miro con odio y espero que vuelva a decirlo porque seguro que lo volverá a decir. Debe ser por el vino que la gente habla tanto y la falta de extractar hace que se sienta insoportable el olor a carne asada a pesar de que la gente ya tiene hambre. Jasón se acerca a Ximena y la invita al bar a tomar un trago y ella dice que se va con él a pesar de lo mucho que le huelen las axilas y se echa una carcajada. Eugenia, en cambio, desde otra ubicación, quiere decirme con la mirada que algo de la Medea de Christa le molesta, por decir algo dice que se la ve como si usara productos Clinique hipoalergénicosy puede que tenga razón, pero en eso se me cruza la Medea de acá y nada más de puro mala quisiera preguntarle ¿y Clitemnestra? para ver si se hace a que no me entiende, como si no supiera eso de que las buenas de pronto se hacen malas y las malas buenas.

Finalmente decido no decirle nada, para qué meterme en peleas en las que no tengo nada que ver, más si Jasón se pasea por el lobby exhibiendo su blue jean y sus botas apretadas, tan llamativo que tardo un rato en darme cuenta de que ha dejado botada a Ximena y cuando el apagón concluye, todos nos reconocemos y vemos cómo son nuestras caras exactamente.

Llega el momento esperado en que nos llaman a comer y casi no hemos terminado de sentarnos ante la mesa cuando el mozo nos pregunta si empezaremos por el cordero, pero yo no entiendo mucho la pregunta y qué puedo haberle contestado para que él insista en lo de que son muy finas las lascas del cordero ¿asado y bañado con salsa de menta? y yo no en ésta todavía, sino después en otra historia, presiento que vaya recordar los dos renglones de Italo Calvino que dicen que “el verdadero viaje es una deglución del país visitado en su fauna y flora y en su cultura, haciéndolo pasar por los labios y el esófago”.

 

Fuente: http://www.revistaguaraguao.org/

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