LITERATURA

LA ESPERA

 

 

Liliana Miraglia

 

Desde niña siempre imité a mamá: porque el dolor que me producías estaba escondido detrás de la sensación de que ‘el mundo estaba al revés, disperso y en desorden; yo quería poner todo en su lugar hasta que a un par de pujos les sucediste tú, tirada como una masita de carne en la cama; tu sexo me resultó un tanto familiar y sentí ese momento como si ya lo hubiera vivido antes.

No tuve que dar explicaciones sobre ti, esas cosas son comunes, aunque me hubiera interesado saber quién era tu padre tan solo como un detalle genético; repasé mi vida, depuré minuciosamente los últimos tiempos y te acepté.

Empezamos a caminar juntas, tu talle esbelto empezó a competir con el mío, y me sentí capaz de mostrarte el mundo; hice que caminaras con naturalidad y elegancia y quería decirte que hay que amar al hombre por lo menos una vez a la semana durante todo el día.

En la ducha acabé de despertarme, afuera ya debía estar, como todos los días, mi novio azul, de traje a cuadros, veraniego y atrayente, esperando abrirme la puerta de su carro.

 

Fuente: http://www3.wabash.edu/

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