EL RELOJ DE ARENA
Sandra Najjar
La salud y el tiempo que tenemos de vida son o deberían de ser lo más preciado, Somos como el reloj de arena, a veces la arena se atasca en el cuello de la botella y es ahí donde se nos acaba precipitadamente la vida. Se nos vuelve corta, porque no percibimos las situaciones de riesgo en las que día con día, la vida nos puede poner, aunque suele suceder que también nosotros mismos nos arrojamos, inconscientemente a estos precipicios.
El peligro y la supervivencia van de la mano y no vemos la vida y la muerte como dos grandes amigas, sino que las concebimos distantes una de la otra. ¿Cómo no distinguimos o detectamos cuando algo en el ambiente no anda bien? ¿O cómo no saber si físicamente o psicológicamente no nos sentimos bien? Aunque no lo crean, todo lo que sucede alrededor y dentro de nosotros mismos, invariablemente lo identificamos, sólo que al provocarnos miedo o incertidumbre (aquello que percibimos y que sabemos que está mal) simplemente preferimos «ignorarlo». Podemos mentimos a nosotros mismos por mucho tiempo, nos engañamos hasta que un día, la realidad se estrella de frente con nuestra cara y nos sacude el piso hasta hacernos caer, tocar fondo e incluso enfermar. Este es el tipo de juego que mucha gente hemos adoptado como estilo de vida.
Al decir que siempre, sin excepción alguna, sabemos cuando estamos en medio de una situación de peligro o de alto riesgo, ya sea externa (ambiental), o interna (emocional, mental o fisiológica) me refiero a que como seres humanos complejos que somos, tenemos capacidades y habilidades que hemos desarrollado con el tiempo desde nuestro nacimiento, y en menor o mayor grado vamos aprendiendo a utilizar en función de la propia supervivencia, entre estas habilidades se encuentran ingredientes como la percepción sensorial (los sentidos) que conjuntamente trabajan con las emociones y el pensamiento. Cuando vas caminando por la calle y percibes del ambiente algo que no te gusta, por ejemplo, una persona y que por lo regular haces caso omiso a tu intuición y sigues caminando en dirección suya o viceversa y no haces nada por esa alarma que se activo en ti, corporalmente, es casi seguro que se confirme cuando dicha persona llegue hasta ti y te asalte o te robe o te violente. Esto que sentiste y captaste de la situación y de esa persona desconocida, es parte de tus mecanismos para sobrevivir. Aprendes a leer el cuerpo de los demás, los cuerpos hablan por sí solos. De igual forma la sensación de peligro o riesgo sucede con tu cuerpo internamente, a veces es casi imperceptible, otras, talvez no tanto y duela notoriamente y se vuelva evidente el desajuste emocional o psicológico o físico, e ignoras los síntomas, hasta que llega el momento, ese en el que ya el cuerpo, la mente y la emoción, no pueden manejarse y autorregularse. Cuando esto pasa esa alarma acabará por desbordarse, ya como dolencia aguda o como enfermedad, lastimando a tu persona de formas impredecibles y más difíciles de tratar. Dentro de las situaciones cotidianas, existen algunas que aunque las registre nuestra mente, emoción, percepción y hasta intuición, sencillamente se salen de nuestro control, como lo son los accidentes viales, o gente armada o situaciones por el estilo que en definitiva no pueden ser evitadas o manejadas, y que toca vivirlas o sobrevivirlas.
Hay momentos en donde se pueden prevenir con el factor «voz interna» (nuestra conciencia, y raciocinio mezclado con intuición y conocimientos humanos que aprehendemos y ponemos en práctica a lo largo de la vida). Cuando dejamos de oírnos en el interior mientras existimos, nuestra voz interna, que es muy sabia, lucha por ser escuchada sin éxito y entonces pasa el auto-sabotaje, que no es otra cosa que emprender el camino a la autodestrucción, unas veces de manera consciente (que es la más peligrosa) y otras de forma inconsciente, que hasta que no identificamos y accionamos puede acabarnos por completo.
El ser humano es un ser maravilloso cuando conoce y se auto-conoce para transformarse, cuando aplica su conocimiento para el bien individual y para el bien común, pero también puede ser su propio peor enemigo, cuando está instalado en la incongruencia, la inconsistencia y la ignorancia de sí mismo, la negación de su pensamiento, emocionalidad, percepción e intuición. Lo que conduce a una «muerte» en vida, existiendo como en una especie de «zombificación» humana, es decir; cuando perdemos la capacidad de sentir (propia y externa), cuando perdemos la capacidad de ser empáticos con nuestros semejantes y se le de la bienvenida a la apatía. Todo este proceso comienza desde uno mismo y se extiende hacia afuera.
De estas situaciones alarmantes en donde uno mismo se coloca,, están las relaciones codependientes, o las recaídas a encontrar siempre el perfil de pareja que te hará daño, las drogas y adicciones, conductas inadecuadas o desadaptadas que atentan contra uno mismo ya que no encajan en un perfil dentro de lo establecido socialmente. Relacionarse con la gente equivocada, esto siempre es un riesgo, así que lo mejor será tener la habilidad de hacer a un lado a esas personas que no te dejen nada bueno en la vida y por lo contrario te orillen a comportamientos peligrosos o riesgosos, problemas alimentarios (bulimia, anorexia, etc.)
No todos somos tan inteligentes como quisiéramos ser, sin embargo existe una pieza en el rompecabezas del accionar individual llamada «pensamiento crítico». Y aunque debemos ser tolerantes a otras ideologías y no caer en fanatismos de ninguna idea o concepto, debemos sobretodo aprender a ser fieles a nuestra individualidad, sabiendo que no somos ni buenos ni malos, que tampoco somos perfectos y que tenemos defectos, pero también virtudes, el aceptarnos favorecerá que exista un cambio en la forma en que vemos hoy la vida y el mundo en el que vivimos, todo ello en pro de amplificar el panorama mental y porque no, vital.
El auto-conocimiento engrandece a la persona y el conocimiento del mundo y la eliminación de los prejuicios engrandece al espíritu. Es el propio juicio quien nos ayuda a tomar lo mejor de cada cosa en el vivir diario.
Comprender nuestras capacidades de supervivencia y eso que llamamos «corazonadas», mejorará nuestra calidad de vida y muchas veces hasta evitará que nos ocurran situaciones desagradables o malos momentos que incluso atenten contra la vida. Poseer o convertir al pensamiento en un pensamiento divergente, nos ayudará a caminar de manera más relajada, a captar los acontecimientos del entorno por muy pequeños que sean, a prevenir sucesos desafortunados y a ser más sensibles y por ende, mejores personas. ¿Y tú qué corazonada tienes…?
Fuente: http://www.miamidiario.com/