REFLEXIONES

TENEMOS MIEDO A LA MUERTE

 

 

Ricardo Ros

 

La muerte se suele decir que es un elemento más que conforma nuestra vida, y como tal se presenta al final de la misma sin previo aviso. En el caso de las personas mayores es algo que se les acerca poco a poco, pero también se ceba con personas que se encuentran en la flor de la vida, y es entonces cuando nos resulta más difícil de comprender su verdadero significado.

Es algo por lo que tarde o temprano todos pasaremos. Se trata de algo que sabemos que está ahí pero de lo que en ocasiones nos cuesta hablar. Se trata de otra, la última etapa de la vida.

Creo que todo el mundo comparte en mayor o menor medida ese miedo en muchos casos inconfesable a la muerte, simplemente porque es algo nuevo o desconocido, algo a lo que nunca nos hemos enfrentado y a lo que nunca más nos enfrentaremos.

Solo se muere una vez, pero esta experiencia esconde situaciones y sensaciones muy distintas. Todo el mundo teme de un modo u otro a la muerte y lo que esta significa, aunque ahí encontramos un trasfondo que puede variar bastante entre lo que unos y otros sienten al enfrentarse a ella.

Lo primero que nos inquieta de la muerte, sin lugar a duda, es ese miedo innato que tenemos por lo desconocido. Hasta ahora nadie ha conseguido morir y regresar para contarnos qué hay después, por eso nos seguimos preguntando qué se esconde tras esa palabra. Con lo único que contamos es con creencias más o menos extendidas, pero una creencia no resulta suficiente para calmar nuestro miedo a lo desconocido, no consigue tranquilizarnos.

Por otra parte a este punto anterior tenemos que añadirle ese miedo que sentimos a la separación de las personas que queremos. Morir significa tener que separarse de aquellas personas a las que queremos y nos quieren. Entonces es cuando se plantean preguntas: ¿Estarán bien sin mí? ¿Qué les ocurrirá? ¿Podrán salir adelante sin mucho sufrimiento?

Con esto se une esa idea de no haber atado todos nuestros cabos y dejar ciertas cosas sin atacar o acabar. Esa sensación da inacabado nos lleva a pensar que deberíamos haber dejado las cosas mejor hechas.

¿Realmente qué es la vida?

¿Por qué estoy yo aquí?

¿Qué sentido tiene todo esto?

¿Qué sentido tiene mi propia existencia en este mundo?

¿De dónde vengo?

¿A dónde voy?

Está claro que en ciertos momentos concedemos una especial importancia a cosas que realmente no la tienen. Es por ello que hay que ser capaz de conceder a cada cosa sus propias proporciones. El mundo no se acaba porque no aprobemos un examen o porque no consigamos el ascenso tan esperado. Gracias a esa capacidad que tenemos de ver nuestra finitud, lo que nos empuja a buscar sentido, y por supuesto nos debería empujar a basar nuestra vida en valores.

 

Fuente: http://www.ricardoros.com/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

61 − = 60