REFLEXIONES

VIVE CADA ABRAZO COMO SI FUERA EL ÚLTIMO

 

 

Eli Bravo

 

Hoy escribo de nuevo a bordo de un avión. Cuando voy solo, pocos lugares son tan apropiados para ello. Viajo pensando en una querida amiga quien falleció hace pocos días. Fue algo inesperado, una complicación respiratoria que en cuestión de horas apagó la vida de una mujer joven y sana. También pienso en mi tío quien lleva meses acorralado por un enfisema. Es una lucha que lo ha dejado sin aliento al igual que sucedió con su padre, es decir, con mi abuelo. La última vez que le vi tenía el aire de bondad que le caracteriza y la mirada en paz de quien sabe a dónde conduce el camino.

 

Mientras tecleo recuerdo otro vuelo que realicé hace poco. En esa oportunidad viajaba a mi lado una mujer mayor de piel morena. Vestía de forma impecable y parecía concentrarse en las nubes más allá de la ventanilla. Cruzamos pocas palabras. Al desembarcar le ayudé a bajar su equipaje del compartimiento superior y tras agradecerme me dijo que tomaría otro vuelo hasta su pueblo natal. Asistía al funeral de su madre. Una mujer que había tenido una vida larga y feliz, según me comentó antes de desaparecer por los pasillos.

 

Yo también debía conectar otro vuelo. Me tocó ventana y al frente viajaba un hombre joven y entrado en peso. Conversaba animadamente con su vecino y con naturalidad le explicó la razón del viaje: su hermano había fallecido la noche anterior en un accidente. El hombre no lucía abatido. Cada quien tiene su forma de lidiar con la vida y la muerte.

 

Alzo la vista del computador. ¿Viajará alguien en este avión por razones similares? La ruta de hoy es muy frecuentada por vacacionistas, como evidencian las sandalias y camisas estampadas, pero quien sabe. Quizás algún pasajero vino a secarse las tristezas al sol. Está más que comprobado que remojar las penas en el mar es terapéutico. Lo digo por experiencia propia.

 

Hablando de aviones, un par de días atrás me sumé al crowfunding del documental que un amigo filmará en honor a su esposa. Ella fue una gran mujer a quien el cáncer le ganó la partida, y si bien la enfermedad debilitó su cuerpo, le reforzó su espiritualidad de forma tal que inspiró a muchos, incluyéndome. El propósito de la película es registrar el momento cuando sus cenizas sean esparcidas desde una avioneta sobre el Autana, un tepuy sagrado en la selva venezolana. Sumarme a este ritual es una forma de agradecerle y acompañarla.

 

El piloto anuncia que comenzamos el descenso y pienso en el momento cuando me despedí de mi familia esta mañana. Fue algo rápido, y siendo honestos, yo estaba un tanto tenso. Con la cabeza en una mudanza inminente y algo irritado por nimiedades abracé a mis hijas sin estar totalmente presente. Quiero decir, nos apretamos pero ellas lo hicieron con más intensidad. Yo pensaba en terminar el chequeo de seguridad y asuntos pendientes. Ellas querían otro instante de cariño y alguna sorpresa en mi maleta cuando regresara.

 

Vive cada abrazo como si fuera el último, me recordé apenas ellas se marcharon y yo quedé solo al otro lado de la puerta.

 

Pensar en la fragilidad de la vida puede causar ansiedad. Pero también puede hacernos sentir la maravilla de compartir este momento presente con nuestros afectos. Cerca o lejos siempre están allí. Incluso cuando ya no están sus cuerpos quedan las semillas que plantaron en nosotros. Viven en nuestros corazones, como lo haremos nosotros en alguien más.

 

Al tocar tierra enciendo el teléfono para llamar a casa. Atiende Isabel, mi hija mayor. En su voz hay alegría y a la vez un dejo de distracción. Está viendo su programa favorito. Le envío un beso y le digo que la amo. Ella responde que también antes de soltarle el teléfono a mi esposa.

 

Llueve y los vidrios del aeropuerto son una cortina de agua. Camino con el resto de los pasajeros hacia el punto de inmigración. Todos vamos de paso, pienso, y agradezco de todo corazón por este viaje.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com/

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