REFLEXIONES

QUIZÁS NO TENGO RAZÓN

 

 

Ricardo Ros

 

San Dimas llamó a mi puerta. Llevaba un traje con corbata, una cartera y un libro en la mano. Pensé que era algún vendedor, alguien que quería venderme alguna enciclopedia. Pero no, lo primero que dijo es “en el nombre de Jesús le conmino a arrepentirse de sus pecados. Jesús ya viene y usted va a ir al infierno si no se arrepiente”, levantando la Biblia contra mí, como algo amenazante. Me dice que él era un drogadicto, un alcohólico, un delincuente, pero que gracias a Jesús se ha salvado y que Dios lo ha elegido para salvar a otras almas descarriadas.

Entro en un Bar. Hay dos hombres y el camarero discutiendo sobre política. Hablan muy alto, gritando. A uno de los hombres se le sale la vena del cuello de tanto chillar. Todos tienen muchos argumentos para rebatir al contrario. Todos tienen la solución para los problemas del país. No se escuchan los unos a los otros. Hablan sin saber lo que ha dicho el otro. De repente, el hombre de la vena tiene un infarto. Ambulancia y a urgencias.

Jaime me escribe un email diciéndome que todos mis puntos de vista sobre la psicología están equivocados. Argumenta que nunca hablo del alma, base de la psicología y expone en 20 puntos y 55 páginas que estoy confundiendo a la gente, que debería tener mucho cuidado porque mis palabras desorientan a los crédulos que me siguen en Internet y que debería dejar de hacer estas reflexiones “tan erróneas y equivocadas”

Esto me ha hecho pensar en lo siguiente: He imaginado por un momento que no tengo razón.

Hazlo tú también. Imagina, por un único segundo, que no tienes razón. Imagina que estás equivocado, que no has tomado las decisiones mejores, o que en el debate que tuviste ayer con un amigo él tenía razón. Sé que es difícil imaginar lo que te pido, porque tendemos a creer que siempre tenemos la razón. Imagina ahora que no sólo no tienes razón, sino que además estás profundamente equivocado.

Desde que San Pablo se cayó del caballo, los conversos son peligrosos, porque tratan de convencer a los demás de que lo que ellos hacían antes es condenable. Un exfumador se convierte en perseguidor de fumadores. Un converso a cualquier religión se convierte en un intransigente religioso, que trata de convencer a los demás de sus propias creencias. No prediques tus creencias. Si son sinceras quedarán reflejadas en tus acciones

No intentes convencer a nadie de tu verdad. Quien posee la verdad no intenta convencer a los demás. Aquellos que saben, no hablan. Por eso, tampoco hagas caso de las cosas que yo digo en estas reflexiones, son pura palabrería. Jaime tiene toda la razón.

¿Qué opinas?

 

Fuente: http://www.ricardoros.com

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