REFLEXIONES

APRENDER A DESPRENDERSE

 

 

María Eugenia Troya S.

 

Hoy es un día gris, con poco sol pero no es triste, quizás porque en mi diaria caminata en la mañana pensé mucho y muy profundamente en qué significa amar y desprenderse.

Las que hemos tenido el honor de ser mamás sabemos que en ese preciso instante tomamos el curso más intensivo de amor incondicional. Tener un hijo-a nos enseña el profundo amor que somos capaces de dar, sobre todo si desempeñamos esa tarea desinteresadamente. Se nos acaba el tiempo de dormir, de salir de fiesta, de visitar a alguien cuando se nos antoja…en fin, muchas actividades cambian y, una sola sonrisa o caricia de nuestro hijo-a lo paga todo. Así pasamos varios años, años en los que también debemos trabajar la idea y realidad de que los hijos son prestados y tienen todo el derecho de hacer su propia vida, de manera independiente.

Considero que el aprender a desprendernos de nuestros hijos, y amarlos cada día más, es nuestra gran tarea en la vida. Siempre pensamos que hemos tenido éxito si profesional o laboralmente somos reconocidos, pero ¿se han puesto a pensar que nada justifica el abandono a nuestro mejor producto y nuestro mayor éxito como es ESE SER MARAVILLOSO-A al que hemos procreado? Y el reto más grande es que dejamos mucho de lado por ellos-as sabiendo que más temprano que tarde ese hijo-a tiene que marcharse de nuestro lado, y tiene que hacerlo si queremos sentir orgullo y satisfacción al mirarlo-a volar con sus propias alas.

Así como aprendemos a dejar volar a nuestros hijos-as y seguir sintiendo siempre el amor incondicional, así también debemos saber bien que las amigas y los amigos son imprescindibles en nuestra vida. A ellos debemos siempre acompañar en su vuelo, desde donde quiera que estemos, no importa cuánto tiempo no nos veamos, el saber que hay alguien en el mundo que está ahí, con el que siempre podemos contar, no tiene precio.

Con el amigo-a caminamos juntos, disfrutando, riendo, conversando…y queriéndonos entrañablemente. Con el pasar de los años, surge también la enorme tarea de aprender a desprenderse de ellos-as cuando éstos-as han decidido empacar antes que nosotros. Esta despedida es muy dura e inevitable, por cierto. De ahí que siendo algo tan cierto, debemos aprender cuanto antes a que la muerte llega y es parte de la vida.

En estos días he visto como un ser querido ha tenido que “empacar” obligadamente ante un diagnóstico de cáncer terminal. ¿Qué hacer ante la evidencia? Físicamente, nada, no está en nuestras manos, pero creo que podemos dar todo el amor que podamos, mandarle la mejor de las energías para que este viaje que está a punto de empezar sea bueno y en paz.

La vida nos condiciona a circunstancias y al mirarlas con el alma, podemos entender con el corazón y evitar quejarnos, afligirnos, victimizarnos. Aceptar cualquier circunstancia con amor nos permitirá conseguir la paz que requerimos, el agradecimiento por el viaje terrenal que hemos realizado y pedir al Universo que nos dé “asientos de primera clase”, si es posible, en este nuevo vuelo.

El dolor, la tristeza…es algo innato en el ser humano cuando un ser querido se va, así que mejor vivamos lo que tengamos que vivir y expresemos lo que tengamos que expresar y permanezcamos en paz interior para permitir al “viajero” ir en tranquilidad.

Sin quitar el dolor que ocasiona la partida de alguien, pensemos siempre en él y entendamos con amor que llegó su momento y que así debía ser. No nos atranquemos en cuestionamientos sin sentido y menos en quejas infructuosas.

Amar de manera incondicional nos obliga, cariñosamente, a aprender a dejar ir. A los hijos cuando deban volar solos y a los amigos que se van de la tierra cuando su hora llegó.

Somos seres de paso por la tierra pero infinitos en el amor universal.

 

Fuente: http://caminandoyprendiendo.com

 

 

 

 

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