REFLEXIONES

LAS TORMENTAS

Cuentan que un día un campesino le pidió a Dios le permitiera mandar sobre la Naturaleza para que, según él, le rindieran mejor sus cosechas. Dios se lo concedió. Entonces cuando el campesino quería lluvia ligera, así sucedía; cuando pedía sol, éste brillaba en su esplendor; si necesitaba más agua, llovía más regularmente; etc.

Pero cuando llegó el tiempo de cosechar su sorpresa y estupor fueron grandes, porque la cosecha resultó un total fracaso. Disgustado le reprochó a Dios ¿porqué salió así la cosa si yo había puesto los climas que eran convenientes y adecuados?

Dios le dijo: Tú me pediste lo que quisiste, más no lo que de verdad convenía. Tú nunca me pediste tormentas, y éstas son muy necesarias para limpiar las siembras. Las tormentas ahuyentan a las aves y animales que comen los frutos de las plantas y las protege de las plagas que las destruyen.

Así nos pasa, queremos que nuestra vida sea puro amor y dulzura y nada de problemas. El optimista no es aquel que no ve las dificultades, sino aquel que no se asusta ante ellas, ni se echa para atrás. Por eso debemos comprender que las dificultades son ventajas porque maduran a las personas y las hacen crecer. Por eso muchas veces nos hace falta una verdadera tormenta en nuestra vida para realmente comprender cuánto nos hemos preocupado por tonterías y chubascos pasajeros.

Lo más importante no es huir de las tormentas, sino tener fe y confianza en que pronto pasarán y dejarán algo bueno en nuestras vidas. El primer éxito no es la gran victoria, como el primer fracaso no significa la completa derrota. Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana. Hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria. Una retirada a tiempo es en sí una victoria. Antes de ponerte una barrera, recuerda lo que vas a dejar dentro y lo que quedará afuera de tu vida. Dios guarde tu camino.

Fuente: http://miaguilucho.wordpress.com

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