EL TIRO DE GRACIA
Ricardo Ros
José María tiene cincuenta y siete años, es viudo y tiene tres hijos y dos nietos. Todos los días, desde que tiene uso de razón, piensa en que quiere convertirse en un afamado escritor, en un escritor con ventas millonarias. Se imagina saliendo en la televisión, en los dominicales de los periódicos, dando charlas por todo el mundo. Un profesor, cuando tenía diez años les dijo a sus padres que el niño escribía muy bien, que tenía un gran futuro como novelista. Incluso ganó un concurso de cuentos de Navidad en el Colegio. José María dejó de estudiar a los dieciséis años y comenzó a trabajar en una fábrica. Tiene en su cabeza una novela impresionante, que seguro que será un best seller y la convertirán en película. El problema de José María es que nunca ha leído ningún libro ni ha escrito nada. Todo está en un proyecto permanente.
Paloma está desesperada. Ha fracasado en cinco relaciones, la han despedido de cuatro trabajos, se lleva fatal con sus hermanos y piensa que todo el mundo la odia y quiere hacerle daño. “Yo soy una persona normal, dice, que no me meto con nadie. Trato a todo el mundo con normalidad, pero todos me tratan como si fuera un desecho, me maltratan, me miran mal, no me invitan a sus fiestas, me desprecian”.
Olivia tiene 37 años y está desesperada porque cree que Dios y el mundo están contra ella. Olivia tuvo un accidente a los cinco años y se quedó en una silla de ruedas. Dice que no ha podido estudiar, que no ha tenido oportunidad de demostrar su valía, que nunca ha tenido pareja, que no va a tener ya la posibilidad de tener hijos, que se siente muy mal porque todo le sale mal.
José María, Paloma y Olivia nunca han plantado nada, siempre han esperado que las circunstancias u otras personas les solucionaran sus problemas. Creen que ellos no tienen nada que ver con su situación. Nunca han movido un dedo. No es posible recoger los frutos, si primero no hemos plantado, regado y abonado el árbol.
Hay muchas personas así. Esperan que, sin hacer nada, sus problemas se resuelvan como por arte de magia. Escribir un libro supone leer mucho y escribir cada día durante muchas horas. Tener amistades significa dedicarles mucho esfuerzo y tiempo. Tener un problema de inmovilidad no significa que no se puedan hacer millones de cosas.
Mi amigo Edy tuvo un accidente hace diez años y se quedó parapléjico de la cintura hacia abajo. Los primeros meses estuvo con una gran depresión, hasta que un día se dio cuenta que tenía que cambiar algo en su mentalidad. Cada día sale a la calle en su silla de ruedas, se dirige a un parque y se dedica a leer y escribir. Todos se paran a hablar con él, incluso entrena a un equipo de niños que juegan al béisbol. Ahora Edy tiene cientos de amigos, ha escrito un libro y sigue pensando que la vida es bella… a pesar de que no puede caminar. Su libro es una novela sobre la delincuencia. El accidente fue consecuencia de un tiro que le dio un policía cuando había entrado a robar a un almacén.
Edy ha aprendido con su “desgracia” que cuando se siembra, después se puede recoger la cosecha.
El éxito nunca llega mientras esperas
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Fuente: http://www.ricardoros.com