LA TALLA NO IMPORTA
John Strak
He estado pasando un tiempo en los Países Bajos últimamente. Es un pequeño salto a través del Mar del Norte desde el Reino Unido, y Schiphol (Ámsterdam) debe de ser uno de los principales y más civilizados aeropuertos en el mundo.
Además del hecho de que hay vendedores de tulipanes holandeses uno detrás de otro en casi todo lugar de la terminal (que brindan el más maravilloso escenario hasta para el comprador más quisquilloso), ésta está sentada justo arriba de una estación del tren que ofrece conexiones fáciles a cualquier parte de los Países Bajos o cualquier otro país europeo a solo cinco minutos caminando desde las salas de llegada.
Pero si los hombres de Marte aterrizaran en la Tierra y preguntaran por una tarjeta de calificaciones con todos los países del mundo, los Países Bajos no estarían marcados como “No se lo pierda” en el rango. Nada más piense, es un país muy pequeño en el cual, aún con una pequeña población, la densidad poblacional es alta; la mayor parte de su territorio está por debajo o al del nivel del mar, y se han dedicado muchísimos esfuerzos para mantener el mar fuera de él; y su lenguaje no es el más fácil de dominar. ¿Por qué estarían los marcianos interesados en los Países Bajos?
Los libros de historia dan la primera pista para que los Marcianos quieran hacer un viaje a Ámsterdam. En el Siglo XVII los holandeses eran rivales de Inglaterra como el poder de comercial y colonial del mundo. Esas conexiones de comercio todavía son aparentes y la economía holandesa, a pesar de su pequeño territorio, ha alcanzado una presencia muy significativa y reputación en las exportaciones agrícolas y alimentarias.
La segunda pista está en el tamaño y la competencia de los negocios holandeses. Parte de su horticultura, sus empresas lácteas y cárnicas, y las cadenas de abastecimiento que las sostienen se colocan entre las más grandes del mundo, y pertenecen o están muy cercanamente conectadas a los productores.
Una tercera pista está en la reacción holandesa a la adversidad. En vez de considerar como un castigo el naturalmente bajo territorio holandés, éste se ha usado para construir un sistema de bajo costo para movilizar bienes (incluyendo los agrícolas) a través de largas distancias y, a través de los tres principales ríos que salen hasta el mar vía los Países Bajos, para acceder al resto de Europa. Esos canales, por ejemplo, han sido un factor primario en el crecimiento histórico de la producción holandesa de cerdos.
Una cuarta y última pista para los invasores marcianos es la composición y la actitud de los trabajadores y gerentes holandeses. Están reconocidos a través de Europa por su flexibilidad, productividad y formalidad, además de ser multilingües, participar activamente, ser cooperativos y proactivos.
Y ¿qué resulta de esto? Bueno, el PIB per cápita de alguien en los Países Bajos es de $39,000 dólares, justo detrás del a cifra para Estados Unidos de $46,000 dólares. Eso es sumamente notable cuando se compara y contrastan las bases de recursos de los dos países: 16 millones de personas contra 300 millones, y si se observan los indicadores no monetarios de desempeño, probablemente los Países Bajos estén adelante de Estados Unidos.
Usted se preguntará: ¿Es este blog un comercial para los Países Bajos? No, es una lección que realmente cuenta en los negocios (y en desarrollar una economía). Lo que importa no es la talla, o los recursos que se tengan bajo los pies, es la actitud y la aplicación de las personas.
Estoy seguro que cualquiera de ustedes que maneja un exitoso pequeño o mediano negocio estará de acuerdo.
Colaboración de Rina Fernández V.
Fuente: http://www.carnetec.com