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Julio 27, 2017



CUÁL ES EL SENTIDO DEL SUFRIMIENTO

 

 

Daniel Colombo

 

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.” La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.

 

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y sus penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía.

 

Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque en crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”. (Albert Einstein)

 

 

Algunas veces, frente a situaciones verdaderamente desafiantes, sobre todo en el plano de la salud, me he preguntado, y he escuchado a miles de personas preguntarse: ¿por qué a mí?

 

La respuesta me la dio Mónica, hoy una amiga, antes mi psicóloga, que me llevó de a poco a transformar esa inquisidora pesadilla mental en “¿por qué no a mí?”. Parece fácil, sin embargo, tuve que atravesar años para darme cuenta. Es un momento en el que haces clic y todo parece despejarse.

 

¿A cuántos de ustedes les ha ocurrido lo mismo, en cualquier aspecto de la vida? Seguramente, hubo circunstancias externas –y con una gran influencia de nuestros pensamientos negativos, o al menos, cargados de una energía no tan favorable en aquel momento– que nos marcaron y nos desafiaron. Y, sin embargo, aquí estamos.

 

A veces, el dolor físico –por ejemplo, a través de enfermedades–; psíquico –el que viene de pensamientos recurrentes y fantasmas–; emocionales –los que devienen de la dificultad que podemos tener para perdonar, dejar ir la culpa y el resentimiento–, y de cualquier otro tipo, son grandes maestros.

 

Quizás podemos convenir en que los grandes saltos de crecimiento en nuestra vida (apenas “un soplo en la eternidad”, como ha definido este paso por el planeta tierra más de un pensador) han venido de la mano de grandes dosis de sufrimientos y experiencias dolorosas. De cualquier forma en que se hayan manifestado.

 

Los seres humanos somos extremadamente sutiles en muchos casos. Es por eso que no necesariamente llegamos a manifestar el sufrimiento en enfermedades, depresión, adicciones o, incluso, atentando contra nuestra propia vida en muchos casos que conozco, sino que nos autoboicoteamos.

 

Esa mirada censuradora del verdadero Ser, ese inmutable que habita dentro nuestro y que conforma lo que verdaderamente está en la esencia de cada persona, muchas veces se rebela y se manifiesta, caprichosa y constante, en una actitud adolescente que revela (acá, con v corta) nuestra propia insatisfacción sobre cómo estamos viviendo.

 

¿Te pasó alguna vez que quisiste tener el poder de desaparecer, o de teletransportarte como en aquella serie y película Viaje a las estrellas a algún lugar que –soñamos– puede ser el paraíso? Sin embargo, casi al instante, si tenemos la facilidad de la introspección, miramos hacia dentro y nos damos cuenta (se nos revela) de que escapar no conduce a nada. Apenas puede maquillar el dolor o el sufrimiento.

 

En busca de sentido

Un libro verdaderamente transformador es El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, creador de una corriente de análisis llamada logoterapia. Frankl, que estuvo muchos años en los campos de concentración, perdió a su familia –mujer, hijos y muchos amigos– en aquella horrorosa situación. Sin embargo, más allá de lo que cualquiera pudiese pensar, se enfocó en cómo sacar provecho de esa cruenta vivencia.

 

Es así que, mentalmente –ya que estaba imposibilitado de hacerlo de otro modo– fue repasando las conductas de sus compañeros, y la suya propia, analizando en detalle con su ojo clínico los comportamientos que llevaban a que algunas personas sobrevivieran al horror, y otros no. Y cayó en la cuenta de que aquellos que más alegres estaban, que, por ejemplo, le ponían canciones a sus días aciagos o visualizaban un punto de luz blanca y pura que los rodeaba y los protegía, tenían mayores chances de seguir con vida.

 

La historia demostró –y el mismo Frankl lo relata en sus libros– que no todos salieron con vida; como no todos los afectados por enfermedades que comprometen seriamente la salud se recuperan. Sin embargo, una gran parte de ellos tuvieron un período más feliz, pleno y verdadero que los demás, ahogados en el dolor, la desesperación y la falta de esperanza.

 

¿Esperanza o fe?

Desde mi perspectiva, y sin querer sonar dogmático con esto –seguramente hay tantas opiniones como narices al respecto: cada uno de nosotros tenemos una–, hay una gran diferencia entre la esperanza y la fe.

 

La fe la interpreto como un acto donde entregamos lo que sea (el dolor, sufrimiento, una situación, el curso de la vida) a una fuente superior, y se lo damos en consignación para que se haga su voluntad.

 

La esperanza implica, además de fe, un inquebrantable trabajo interno de seguir levantándonos, pese a todo. Es, en cierto modo, adueñarnos del poder que reside dentro de nosotros, explorarlo, sacarle lustre, y utilizarlo casi como un escudo protector para atravesar cualquier desafío que se presente. Incluso aquel más desmoralizante y fuerte que nos toque vivir.

 

El maestro espiritual John Roger señala reiteradamente en sus libros y materiales de estudio: “No se te da nada que no puedas manejar”. No es un concepto nuevo; está en la Biblia y otras sagradas escrituras de prácticamente todas las religiones. Y esta frase, corta y potente, muchas veces funciona como un recordatorio de que las cosas que nos tocan vivir y atravesar vienen a enseñarnos algo. Son peldaños para crecer y avanzar.

 

¿Cómo lo vamos a hacer? Depende exclusivamente de nuestra actitud. Podemos pasar por ese puente movedizo llorando, o quizás, concientemente, hasta con lágrimas si es necesario, dar un paso tras otro, hasta haberlo cruzado. Cuando llegamos al otro lado, miramos hacia atrás, con compasión (con-pasión) por nosotros mismos, y nos reconocemos, amamos y aceptamos por haber dado ese gran salto en nuestra experiencia humana. Y seguramente –como también debes haber experimentado alguna vez– nuestra vida ya no será la misma. Es por eso que recordamos estos hitos con fechas y todo detalle.

 

Algún desprevenido dirá que somos masoquistas: que queremos acordarnos siempre del dolor. Sin embargo –tal vez coincidas en esto– se trata, ni más ni menos, que de tener bien alto y claro un fuerte punto de referencia para, desde ahí, proyectarnos hacia lo que sigue, sea cual fuere el curso que se nos regala en esta bendición que es estar vivos.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

TODOS SOMOS CUENTA CUENTOS, DE VERDAD

 

 

Verónica Herrera

 

Si hay una historia que fascinaba a mi hijo era la del gran perro rojo Clifford. ¿Quién no ha contado nunca una historia a un niño? ¿Quién no ha asumido el rol de un personaje para transmitir aventura, pasión o intriga a través de la lectura y la palabra?

 

A mí me inspiraba sentir la atención de Gabriel al escuchar cómo Clifford crecía y crecía, en pocos días, hasta sobrepasar el techo de su casa. Me enternecía observar la ilusión con la que ese chico de pocos años imaginaba aquel perro juguetón lanzando inmensos lengüetazos a su dueña.

 

 

Cuando se refieren a la vida real, los cuentos se convierten en historias. A diferencia de los cuentos infantiles, casi siempre extraordinarios, las historias de adultos muchas veces son más ordinarias. Más aún si las contamos en el ambiente laboral. Sean propias o ajenas, cortas o largas, pasadas o recientes, más o menos verídicas y creíbles, en el mundo de los negocios las historias son una poderosa herramienta de persuasión. Y son la persuasión y las historias factores necesarios en el manejo de marca personal y reputación profesional.

 

Saturados de información

 

Uno de los retos del líder moderno es captar atención, generar conexión y producir recordación de hechos en sus colaboradores. Es una confrontación con el exceso de datos e informaciones de todo tipo, que circula por todos lados, proveniente de todas partes.

 

Hay ruido en el ambiente; le toca al líder ayudar a su gente a decodificarlo con efectividad. El líder tiene la ardua tarea de filtrar contenidos e influenciar sembrando en el trabajador convicción propia y el consecuente compromiso que conducen realmente al trabajo esmerado y el alcance de objetivos.

 

La forma de hacerlo es a través del uso de historias dichas en el momento y de la forma correcta; esas que convierten al líder en un atractivo cuentacuentos.

 

La ciencia lo comprueba

 

Cuando el ser humano escucha historias sobre personas o personajes, positivas o negativas, se activa en su cerebro la producción de oxitocina o cortisol (respectivamente), lo cual produce sensaciones de bienestar o rechazo.

 

Estudios validados una y otra vez por doctores en neurociencia1 definen que la sensación agradable que genera una historia positiva produce simpatía y empatía hacia quien la cuenta, lo cual a su vez es fuente de confianza y credibilidad. Un relato alentador estimula también la memoria, agiliza la actividad prefrontal del cerebro ayudando también a que mensajes sean mejor recordados y hechos racionales o lógicos sean mejor entendidos.

 

Si esto de contar historias se maneja con intencionalidad y maestría, casos en los que el oyente siente rechazo o alguna forma de tensión pueden convertirse en oportunidad para generar primero atención y luego conexión. Debo agregar que hablo ahora del manejo de mensajes con mucho fundamento ético para no entrar en el terreno de la manipulación.

 

¿Cómo contar historias?

 

Muy en breve quiero referirme a las prácticas de Craig Wortman, profesor de Estrategias de Venta del Business Booth de la Universidad de Chicago, en lo que a crear historias poderosas se refiere.

 

Wortman hace énfasis en que las mejores historias son aquellas que contienen pocos datos racionales y mucho relato emocional. Sin restarle importancia a las informaciones cuantitativas y rígidas que necesariamente deben circular en el medio empresarial, dice Wortman que la lógica es poco necesaria cuando el objetivo es influenciar.

 

Y sugiere al líder que desarrolle el hábito de captar de su entorno y su cotidianidad historias de las que pueda apropiarse, con la debida mención de fuentes, para extraer su esencia y comunicar. Se trata de hechos personales o no; del pasado o el presente; de expectativas del futuro; de lo leído en un libro; lo observado en la naturaleza, o en algún contexto comunitario.

 

Se trata de extraer de lo vivido, lo sentido o sospechado, cuatro categorías de historias que producen distintas emociones y reacciones:

 

Historias de LOGROS, que son inspiradoras y motivacionales.

Historias de FRACASOS, que transmiten aprendizaje y humildad.

Historias CHISTOSAS, que producen relajación.

LEYENDAS, de personajes épicos, novelescos, cinematográficos que producen admiración y aspiración.

Concluyendo, modestia y veracidad son para mí dos pilares innegociables en este arte de usar historias para proyectar marca personal y liderar con astucia. Puede haber planificación y práctica, pero nunca arrogancia, manipulación o mentira. Recordemos que en la vida de todos ocurren muchas cosas. Son muchos los relatos que podemos construir. Hagámoslo con la ética y la autoconfianza por delante, seamos los mejores cuentacuentos, cuentos de verdad, verdad.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

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