REFLEXIONES

¡A SUS ÓRDENES, MI SARGENTO!

Ricardo Ros

La sociedad trata por todos los medios de uniformarnos, de hacernos a todos iguales. Cuando yo tenía unos doce años, en mi clase había un muchacho que era diferente a todos los demás: no le gustaba jugar al fútbol, siempre estaba haciendo dibujos, le gustaba una música estridente, era muy amable con todos y trataba por todos los medios de abrazarnos. Lógicamente todos pensábamos que era muy afeminado y eso, en aquella época, era una forma de exclusión. Vestía pantalones vaqueros (algo sumamente extraño en aquellos años), se dejaba el pelo muy largo, con gran espanto para los profesores, y siempre tenía una sonrisa en la boca. Incluso el Director del Colegio llamó a su madre y le dijo que si seguía así tendría que expulsarlo, porque era una provocación para sus compañeros. No volví a saber nada de aquel chico hasta hace unos días, cuando un compañero de colegio me dijo que se había suicidado en la mili, porque no pudo aguantar la presión que ejercían contra él sus compañeros y sus superiores.

Han pasado muchos años y la sociedad actual se ha abierto mucho en relación con los años sesenta. La revolución del 68, el rock, las nuevas modas, han influido mucho en que cada uno elija su forma de vestir o de actuar. Pero aún así, esto me ha hecho reflexionar. Todos, tú también, tenemos aspectos que tratamos de evitar que conozcan los demás, porque pensamos que podría crear una forma de rechazo.

En la adolescencia el miedo a ser rechazado hace que todos se vistan de la misma manera, que a todos les guste la misma música, las mismas películas. Las redes sociales influyen mucho en crear estilos, tribus, formas de ver la vida. Las grandes empresas comerciales utilizan este sentido de la uniformidad en los adolescentes para venderles a todos lo mismo.

Una madre de un chico de 16 años me decía el otro día que su hijo no tiene amigos, porque no le gustan las cosas que hacen sus compañeros. Le gusta la música clásica, lee obras de autores ilustres y se viste con ropa sin marca. En fin, todo lo contrario a lo que les gusta a sus compañeros de colegio. No le gusta Facebook, odia los ordenadores y ni siquiera quiere tener un móvil. Me cuenta que ha conseguido “enganchar” con otro chico parecido en un club del barrio, y que los tienen a los dos absolutamente marginados.

Tú ya no eres un adolescente, eres una persona adulta. ¡Atrévete a ser diferente! ¿Qué podrías mostrar a los demás, pero tienes miedo de hacerlo? No me refiero sólo a tu forma de vestir, sino también a tu forma de actuar o de pensar. ¿Te da miedo enseñar lo sensible que eres ante determinadas cosas? ¿Podrías demostrar más amor a tus seres queridos? ¿Te reprimes ante determinados sentimientos? ¿No dices lo que piensas por miedo a que no te comprendan?

Sal de la uniformidad. Haz algo diferente.

¿Qué opinas?

Fuente: http://www.ricardoros.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

35 − = 29