31
August
2009
“Si se pudiera proteger a los acantilados de las tormentas, nunca podría admirarse la belleza de sus quebradas”
Elizabeth Kübler-Ross
Muchas veces hemos sentido que la vida no vale la pena vivirla. En un caso extremo, escuché en la radio a una mujer que decía: “No quiero tener hijos, porque solo se viene a este mundo a sufrir. Y quiero ahorrarles ese sufrimiento”.
Pero… ¿Realmente la vida es así? ¿O nosotros la hacemos así?
Lo que realmente te hace sufrir, no es la vida en sí… son tus expectativas respecto a cómo debería ser el mundo o cómo debería actuar tal persona.
Por ejemplo, cuando te enojas con tu pareja porque no llegó a tiempo o no te expresa su amor como a ti te gustaría que lo hiciera.
Entonces, lo que te daña no es tu pareja… son tus pensamientos y emociones con respecto a cómo debería actuar tu pareja, de acuerdo a la etiqueta del hombre o mujer perfecto que tienes.
Si sufres porque la vida es cruel… es porque tienes un concepto equivocado de lo que realmente es. Crees que en la vida todo debería ser felicidad.
Imagínate que piensas que un bosque debe ser con puras rosas, ríos limpios, venados corriendo, un sol reluciente y una suave lluvia.
Pero cuando vas a uno ¡Oh sorpresa! También hay insectos, serpientes… y la lluvia ¡es un diluvio!
Imagínate sufriendo porque lo encontraste así y diciéndote “No vale la pena estar en un bosque, es horrible: serpientes, bichos ¡qué horror!” ¿No tiene sentido verdad?
En el fondo sabes que así es un bosque. No como tú pensabas que era. Lo que puedes hacer, es estar alerta contra las serpientes. También, cubrirte para que la lluvia no te moje.
Y disfrutar las rosas que veas y los venados.
Simplemente aceptas la naturaleza como es y no te lamentas. Te adaptas a ella.
En la vida, es igual. Cuando la vemos como un paquete completo, en el que hay amor, muerte, instantes imborrables y fracasos dolorosos, la aceptas como es.
A partir de esa aceptación, puedes adaptarte a ella. Pregúntate que capacidad dormida en ti, necesita salir a flote cuando te enfrentes a un nuevo desafío.
Por ejemplo, yo de niño no sabía bailar salsa. La necesidad de gustarle a las niñas me hizo aprender ¡Ahora he llegado hasta dar clases de baile!
Me daba miedo hablar en público. Era muy tímido. La necesidad y las circunstancias me obligaron a hablar en público ¡Ahora soy conferencista! Imagínate cuantas capacidades dormidas en mí se han despertado por la necesidad.
Siempre pregúntate ¿Qué capacidades dormidas en mi tienen que salir a flote con este desafío?
El dolor y las derrotas son una gran oportunidad para replantearnos como estamos viviendo la vida. Te confieso que acostumbro caminar cerca de los bosques, lejos de la gente, cuando las tormentas de la vida hacen que se me pongan las cosas difíciles.
Anclarme dentro del ruido cotidiano cerca de la naturaleza, dándome un breve espacio para reflexionar acerca de mis desafíos actuales y replantearme nuevas metas, ha sido invaluable para mí.
Si no, ya me habría vuelto loco.
Te recomiendo que hagas lo mismo. Busca un espacio diario de reflexión.
Todos somos producto de nuestras reacciones ante los retos. Somos hermosas quebradas hechas por las tormentas de la vida.
“Un guerrero acepta su suerte, sea cual sea, y la acepta con total humildad. Se acepta a sí mismo con humildad, tal como es; no como base para lamentarse, sino como un desafío vital”
Juan Castañeda
Tus circunstancias acéptalas como son, y pregúntate “¿Qué puedo hacer al respecto?” Te sorprenderá como a mí lo sencillo que es solucionar un problema, una vez que dejes de pensar en él y te enfoques en resolverlo.
Generalmente, las mejores oportunidades de nuestra vida, vienen disfrazadas de problemas.
No importa cuáles sean estos. Siempre existe una solución.
Así que ¡a disfrutar la vida se ha dicho!
Colaboración de Verena Sieber de Price
Fuente: http://www.unicoamor.com
Posted: CRECIMIENTO PERSONAL
30
August
2009
Zig Ziglar
Tal vez nunca hayas oído hablar de la doctora June Mc Carroll, sin embargo es una mujer que dejó su huella en el mundo. Nació en Nebraska y vivió en California como médica general. Curiosamente, su fama no viene del mundo de la medicina.
Un accidente hizo que se pusiera a pensar en cómo hacer más seguras nuestras carreteras. En una ocasión le golpearon su automóvil en un costado, así que decidió hacer algo para que los vehículos no obligaran a otros a salir de las carreteras.
Mientras manejaba en una carretera que tenía el centro pandeado, June notó que el hundimiento ayudaba a los conductores a mantenerse en su propio carril. Se le ocurrió una idea y empezó a tratar de persuadir al concejo del pueblo a que “pintara una línea en la mitad de la carretera” para dar ejemplo y para “estar a la cabeza de la nación en seguridad pública”.
Recibió la típica respuesta burocrática de que su idea era ingeniosa pero poco práctica. Sin embargo, la doctora McCarroll era un de aquellas personas que no aceptaba un no como respuesta, por tanto llevo su idea al club femenino local. El voto fué unánime en apoyo al proyecto. Pero como dice el refrán, algunas mentes son como el concreto: fundidas y rígidas. June continuó enfrentando la testarudez burocrática por siete años antes de que su idea se implementara.
C.N. Hamilton era un incondicional partidario local del concepto de la doctora Mc Carroll. Cuando en 1924 se convirtió en miembro de la Comisión de Carreteras de California, convenció a sus compañeros de que aprobaran la pintura experimental de una línea central de cerca de 8 kilómetros a los largo de la Ruta 99. También se pintó una franja adicional de prueba. Los accidentes disminuyeron de manera espectacular en ambos tramos, de modo que todo el Estado hizo alarde de las líneas McCarroll en sus carreteras. Desde entonces, casi todo el mundo ha seguido este ejemplo.
MORALEJA: Cuando concibas una idea en la que creas con fervor, síguela, especialmente si aquellos que respetas creen que la idea es buena. Insiste en ella porque la perseverancia amable y agradable es a menudo la clave para que tu idea llegue a realizarse
SI CREES, SI REALMENTE CREES, PERSISTIRÁS
Fuente: http://www.impactoprofesional.com
Posted: MOTIVACIÓN
29
August
2009
Leo Alcalá
Todos los tenemos. Nadie escapa de ellos.
Toda historia de éxito los contiene. Y las de fracaso, también. Pero en el manejo de éstos es dónde se define la victoria o la derrota.
Hay quienes creen que su existencia significa que no deben seguir. Hay quienes se pierden en el juego y confunden su significado.
Sólo quienes comprenden el propósito de éstos, manifiestan la “alquimia” transformando lo que para la mayoría es una adversidad, en lo que para los que triunfan es una oportunidad.
Obstáculos. Problemas. Desafíos. Retos. Adversidad. Crisis.
¿Por qué? “¿Por qué a mí?”, dicen algunos.
Entender las razones y las causas de que algo se manifieste en tu vida es útil si esa búsqueda se convierte en claridad y cambio. Claridad para marcar mejor tu rumbo y cambio para ser más eficaz en el logro de lo que buscas.
Pero la mayoría de la gente, cuando se pregunta el por qué de sus tribulaciones, se queda atrapada en la culpa. O cuando menos, en la sensación de una autoestima debilitada por la realidad del momento.
Antes que buscar el por qué, es de mayor valor explorar el para qué.
Más que la razón, es una cuestión de propósito. ¿Cuál es el propósito de los obstáculos? ¿Para qué sirven?
Algunos te dirán que es para que abandones el camino. Argumentarán que las barreras son una indicación de que por ahí no es el camino. Los más negativos, dirán que los fracasos son muestra de que no tienes con qué.
Pero, ¿quiénes hablan así?
Los que no han logrado sus sueños. Los que se han quedado atrás. Quienes se han conformado con una pálida versión de lo que una vez creyeron que era posible.
Pregúntale a alguien que está viviendo su vida plenamente. Interroga al que ha triunfado. Pide consejo al que está del otro lado del fracaso. Explora qué piensa el que exuda plenitud.
Te dirán algo totalmente diferente.
Te entregarán un significado, un entendimiento sobre lo que significa un obstáculo, que es opuesto al de la mayoría.
Y no en vano lo han logrado. No por casualidad son quienes son.
Palabras más, palabras menos, te dirán lo siguiente:
Los obstáculos no están ahí para impedirte lograr lo que quieres. Las barreras aparecen en tu camino para darte el chance de mostrar cuán intensamente quieres lo que deseas.
Si no entiendes esto, al buscar entender el por qué algo sucedió te enredarás en la culpa y se debilitará tu determinación a lograr.
Es cuando comprendes que las barreras, los obstáculos, las adversidades, los desafíos y los problemas no están ahí para frenarte, sino para que decidas qué tanto lo quieres y fortalezcas tu carácter, podrás indagar en las causas con el entusiasmo por encontrar la próxima clave que te permitirá llegar más allá.
Los obstáculos no existen para frenar a quienes realmente están comprometidos con su éxito. Están ahí para detener a todos los demás.
Ante las circunstancias negativas en las que te puedas encontrar, recuerda esto: ellas también pasarán.
Así como ha sido todo en tu vida. Llegará en momento en que no estarán. Son circunstancias. Son eventos. Son etapas y estaciones.
Te toca a ti decidir si tu compromiso con lo que quieres es tan transitorio como el problema del momento, o si es ahora la oportunidad para conectarte con tu fuerza interna y avanzar.
Porque el éxito está lleno de obstáculos, de caídas, de tropiezos y equivocaciones.
Quienes lo conquistan no son perfectos. No son inmunes. Son simplemente seres de carne y hueso que deciden, ante cada nuevo desafío, perseverar. Una y otra vez.
Personas, como tú, que eligen entender que cada obstáculo es una oportunidad para renovar y reforzar su fe, su determinación y su convicción puesta en acción por mejores posibilidades.
¿Cuál es el verdadero significado de tus obstáculos? El que tú decidas.
En ti está relacionarte con lo que te sucede de manera potenciadora. De ti depende aprovechar las circunstancias para definir tu fe y poner tu determinación en acción.
Fuente: http://www.pasionenaccion.com
Posted: CRECIMIENTO PERSONAL