30
September
2007

CONCENTRARSE EN LAS IDEAS0

Vic Johnson

(extracto de “Día a Día con James Allen”) 

“No se puede afrontar una dificultad sin fuerza para encararla y dominarla…Toda dificultad tratada adecuadamente puede ser superada; por tanto sentir ansiedad está fuera de lugar. La tarea que no puede ser superada deja de ser una dificultad para convertirse en un imposible… Y ante lo imposible solo podemos – rendirnos.”

– James Allen: “Byways of Blessedness”(Camino a la bendición.) 

Seguro que casi toda la gente que lee estos artículos piensa que los he escrito para otros. La verdad es que los escribí para mí. Los necesito tanto o más que aquellos para los que escribo. Hace algunos días, cuando comencé con esto, me encontré con una dificultad y permití que se adueñara de mí una gran ansiedad. No se trataba de una dificultad desconocida, ni siquiera del todo inesperada, pero sabía que se volvería más compleja a largo plazo. Una de esas decisiones que preferiríamos no tomar, que te hacen desear no tener que levantarte por la mañana.

Las palabras de James Allen son extraordinariamente acertadas en este tema, porque vienen a decirnos básicamente que no hay problema por el que debamos preocuparnos. O podemos solucionarlo o es imposible de solucionar.

De algún modo recuerda a la popular plegaria de la serenidad: “Señor concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo; y sabiduría para saber reconocer unas y otras”.

Una vez escuché a Rita Davenport dar un buen consejo sobre cómo manejar en la vida la mayoría de los problemas: “Si el dinero lo puede arreglar, entonces no es un problema”.

Vale, eso está muy bien, me diréis, pero yo no tengo el dinero para arreglarlo, por lo que sí tengo un problema. Falso. Porque lo cierto es que para conseguir esa cantidad de dinero que precisas sólo se necesita una idea. Así que en lugar de concentrarnos en el dinero que no tenemos (lo que sin duda traería más problemas a nuestras vidas), debemos concentrarnos en las ideas, ideas, ideas.

Existe otra buena razón para no sentir ansiedad ante la dificultad con la que nos enfrentamos hoy – y contiene una lección. Y una vez aprendida, nos hará más fuertes y sabios. Mi héroe personal, Emmet Fox, escribió: “Por norma, cualquier dificultad con la que te encuentres en un momento dado, no importa la que sea, suele ser exactamente la que en realidad necesitas en ese momento, ya que superarla es un paso más que te acerca a tu objetivo. La verdadera desgracia, la única tragedia, sería padecerla y no aprender esta lección”.

Merece la pena pensar en ello. 

Fuente: http://www.foreverliving.es/

30
September
2007

LA CRISIS ES UNA OPORTUNIDAD0

Claudia Cirelli y Pablo de la Iglesia 

Todas las cosas están sujetas al cambio; cuando nuestro cuerpo está en crisis debido a alguna enfermedad o a algún desarreglo en la alimentación, o por un exceso debido a las horas dedicadas al trabajo, seguramente nos está avisando que está incómodo, que ha llegado a un límite de tolerancia, siendo la crisis la única forma que tiene de alertarnos de la situación, pidiéndonos ayuda y atención a gritos. También las llamadas “crisis curativas” están brindándonos la oportunidad de depurarnos, de limpiarnos y posibilitarnos un reencuentro con el equilibrio y unas auténticas ganas de vivir; aunque en los primeros momentos sintamos algunas molestias, algún dolor de cabeza aislado, estos son provocados por la movilización de toxinas en el organismo; la oportunidad de una evolución real y favorable está en puerta.

Para alcanzar esta distinción, son muy importantes algunas facetas de nuestra personalidad: un toque de valor, algo de paciencia y un poco de constancia, harán de esta etapa un descubrimiento personal que nos conducirá a experimentar las mayores certezas acerca del funcionamiento de nuestro cuerpo, y luego, naturalmente, desearás compartir con los demás.

Hay personas que impulsadas por un sentimiento de incertidumbre y miedo, abandonan la terapia que ha provocado una saludable y necesaria crisis curativa, privándose así de una posibilidad de curación, de mejorar su salud y de enriquecer su experiencia; estos sentimientos paralizantes no son más que condicionamientos de la mente, que nos esclavizan a las cadenas que siempre hemos tenido y a la elección de patrones de conducta que ni siquiera hemos elegido concientemente.

Sería muy beneficioso preguntarnos a donde nos conduce esta actitud de resistencia; cada vez que nos hemos cerrado a alguna cosa o comentario, o a alguna propuesta o nueva idea, deberíamos recordar como nuestro cuerpo también se cierra y se ve afectado de tal forma que terminamos padeciendo las frecuentes contracturas musculares, los intensos dolores de cabeza, irregularidades en el tracto intestinal y muchas otras sintomatologías.

Podemos observar, como nuevamente, una actitud o impulso negativo nos lleva a vivir en un círculo vicioso: MIEDO-RESISTENCIA- ENFERMEDAD; es preciso agudizar nuestra conciencia para estar bien alertas, bien despiertos y así podremos superar los acontecimientos y alejarnos de este circulo vicioso de inconciencia y enfermedad.

La crisis no es más que una combinación de dos factores desencadenantes; los emocionales contradictorios y los hábitos o costumbres no integradoras, los cuales nos conducen directamente a situaciones conflictivas y juegan un papel protagónico en las enfermedades físicas y psicológicas.

Si nos diéramos cuenta que las situaciones desagradables y los momentos dolorosos se vienen sucediendo desde hace ya muchos años a lo largo de nuestra vida, como escenas de una película sin fin, nos dispondríamos a observar aquello que nos molesta, lo que nos aqueja, y estaríamos en condiciones de quitar ese exceso de carga emocional que entorpece nuestro pensamiento volviéndonos individuos funcionalmente poco prácticos.

Las relaciones conflictivas, una alimentación inadecuada, un tratamiento médico ineficaz, nos impedirán poder disfrutar de este proceso maravilloso de aprendizaje que es, sin ninguna duda, la vida; la crisis es la oportunidad que nos permite despertar y reconocer estos obstáculos, para luego, utilizando las herramientas adecuadas, trascenderlos en un camino de evolución sin límites. 

Fuente: http://www.egrupos.net

29
September
2007

ESCUCHE ACTIVAMENTE0

Billy Vaisberg 

Aunque todos creemos ser buenos escuchadores, la mayoría de las personas (incluyendo los gerentes) solo escucha cerca de un 25% de lo que dicen los demás. Escuchar es la forma más utilizada de comunicación, sin embargo es la menos enseñada. Entre otras cosas, sólo escuchan palabras, y no los sentimientos expresados o el verdadero significado de lo que el interlocutor trata de decir.

Existen múltiples razones por las que esto ocurre. Entre ellas: 

  • Ya han tomado una decisión antes de oír los argumentos
  • Tienen prejuicios sobre lo que les dirán
  • Tienen expectativas sobre lo que quieren que nos digan
  • Les falta concentración
  • Pierden el interés
  • Hay ruido en el ambiente
  • Demasiadas presiones de trabajo y de tiempo

En pocas palabras, escuchar activamente es un proceso comunicacional que involucra tanto al que habla como al que escucha, en el que quien escucha trata de entender lo que la otra persona siente o lo que realmente quiere decir. Seguidamente, el receptor repite el mensaje en sus propias palabras, para que sea verificado. La respuesta queda limitada a lo que entendió del mensaje, sin emitir opiniones o juicios.

Escuchar activamente es una actividad exigente, que no sólo requiere de mucha habilidad, sino que exige responder con el nivel emocional adecuado. No es una habilidad sencilla; requiere de aprendizaje, tiempo, paciencia y mucho trabajo. Es por ello que no debe aplicarse a toda conversación – resérvelo para los casos que lo ameriten, tales como crisis o problemas personales.

Para escuchar activamente 

  • Ponga mucha atención: Deje de lado lo que está haciendo. No hable, mantenga la mano lejos del teléfono, suelte el bolígrafo. Siga escuchando aunque le parezca equivocado o irrelevante.
  • Relájese y deje a la otra persona que se relaje: Si logra que su interlocutor se relaje, tiene la mitad del camino recorrido. Lo ayudará a decir mejor lo que venía a decir. No haga uso de su autoridad.
  • Utilice lenguaje corporal: Exprésele interés en lo que dice, asintiendo, sonriendo o con gestos similares.
  • No interrumpa: Escuche detenidamente sin interrumpir. De esta manera, la persona sentirá que tiene alguien en quien puede confiar, y le revelará sus sentimientos reales.
  • Muestre simpatía: Deje bien claro que está interesado. Pídale a su interlocutor que le ayude a entender el problema.
  • Repita lo que le dijeron: Hágalo repetidamente hasta que su interlocutor le diga “si, exactamente”. Parafrasear aclara el significado y estimula el entendimiento. Use las mismas palabras que le dijeron – no agregue palabras suyas.
  • No le tema al silencio: El silencio permite reflexionar sobre lo que la otra persona ha dicho. Aunque parece incómodo, no debe temerle.
  • Enfóquese en el problema, no en la conducta: Las emociones pueden distorsionar cualquier situación.
  • Responda: Diga al menos “entiendo”. Otras técnicas para escuchar activamente mas abajo.
  • Exprese sus sentimientos: Dígale lo que siente, no sin antes entender como se siente la otra persona. Sin embargo, no se involucre sentimentalmente en el asunto.
  • Ponga atención a la actitud: cualquier gesto, sentimiento o temas que evada el interlocutor pueden dar claves acerca de lo que realmente quiere decir.

Técnicas: 

  • Estimule: demuestre interés para lograr que la persona siga hablando. Conteste “entiendo…”, “ya veo…”, “a-ha…”, o “eso es interesante…”.
  • Re-formule: demuestre que está escuchando y entendiendo. Repita lo que la persona dijo, haciendo énfasis en los hechos. Digas cosas como “si entiendo correctamente, tu idea es…” o “en otras palabras, …”.
  • Reflexione: demuestre que entiende lo que el interlocutor siente. Conteste “sientes que…” o “eso te tiene molesto”.
  • Resuma: haga un breve resumen de los hechos importantes, enfatizando el progreso hasta el momento, y estableciendo las bases para seguir hablando. Diga cosas como “en resumen…”.

Fuente: http://www.degerencia.com