25
July
2007

DIME LO QUE PIENSAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES0

David Fischman 

Nuestra mente es como un río de pensamientos. Si por el río fluye agua contaminada; es decir, pensamientos negativos o angustiosos, ellos destruirán nuestros sembradíos y no nos permitirán cosechar un crecimiento personal y profesional. Cuentan que un rey muy enfermo pidió a un gurú que lo curara. Éste le dijo que se salvaría cuando consiguiera ver todo azul. El rey inmediatamente mandó a pintar de azul casas y campos, a teñir las telas y exigió a todos sus súbditos vestirse de azul. Meses después regresó el gurú a ver al rey. El guardia, viéndolo vestido de blanco, lo obligó a ponerse traje azul. Cuando éste preguntó por qué, le respondieron: “Hace algunos meses un gurú loco aconsejó al rey ver todo azul”. El sabio respondió: “Yo soy ese gurú, pero quien se ha vuelto loco es el rey”. Al ver al rey le dijo: “Su Majestad, yo le pedí que viera todo azul, no que cambiase la creación de Dios. Lo que debió hacer fue ponerse lentes azules y así arreglar su problema”. Como en la historia, nosotros muchas veces pretendemos cambiar, sin éxito, a las personas y situaciones con quienes nos enfrentamos. Sin embargo, lo que sí podemos cambiar es nuestra percepción sobre ellos. Podemos ponernos unos lentes que nos permitan ver lo positivo de la vida. Ante una situación difícil podemos llenarnos de angustia, dolor, rabia y preocupación. O podemos cambiarnos los lentes y percibir el estímulo como una oportunidad para aprender y crecer en la vida. Los pensamientos son muy poderosos y afectan nuestro cuerpo. Numerosos estudios demuestran que pensar negativamente todo el día envía señales destructivas a nuestro cuerpo.

Si amontonamos basura en nuestra cocina, atraeremos ratas y cucarachas. De la misma manera, si llenamos nuestra mente de basura y negatividad, atraeremos personas y situaciones de energía negativa que complicarán más nuestra existencia. ¿Cómo evitarlo? Tomando conciencia de que nosotros somos los responsables de lo que pensamos. ¿Qué porcentaje de su día lo pasa con pensamientos negativos, preocupación y angustia? ¿Qué participación del mercado de su mente tienen los pensamientos negativos? Nosotros tenemos la responsabilidad de cerrar la puerta de nuestra casa para que no entren los ladrones. De la misma forma, en nuestra mente, nosotros tenemos la responsabilidad de cerrarle la puerta a los pensamientos negativos para que no roben nuestra paz y tranquilidad. Lo que tiene que hacer es poner un vigilante en su mente, que no permita que entren pensamientos destructivos. Cuando China era gobernada por Mao, el músico Li Shi Cum participó en un concurso en Europa. A su regreso fue encarcelado por tocar música occidental.

Luego de cinco años de vivir en condiciones extremas y sin tocar ningún instrumento, llegó a Pekín una orquesta occidental. Mao mandó a liberarlo para que tocara con ellos como propaganda. Li Shi Cum tocó el mejor concierto de piano de su vida. Cuando le preguntaron cómo logró tocar tan bien sin haber practicado durante su encarcelamiento, él respondió: “Estuve cinco años practicando este concierto en mi mente. Nunca paré de tocar”. Li Shi Cum, en una situación tan adversa como la prisión, pudo haberse sumergido en una profunda depresión y dejarse morir. Pero fue responsable de sus pensamientos y decidió pensar en algo positivo y constructivo que le diera esperanzas para vivir. La próxima vez que se enfrente a una situación adversa, recuerde que sólo usted decide lo que piensa y como consecuencia lo que crea para su vida.

Fuente: http://www.emprendedoresnews.com

25
July
2007

LA FALACIA DE SENTIRSE DESMOTIVADO0

Manuel del Pozo 

Cada uno de nosotros es responsable de su propia motivación. Esperar a que nos motiven es una forma de engañarnos a nosotros mismos y de esconder nuestras debilidades e incompetencias. 

Dos canteros estaban picando unos bloques de granito. Un visitante les preguntó lo que hacían. El primer cantero, de aspecto desaliñado, protestó: “Estoy cortando esta maldita piedra en bloques”. El segundo replicó: “Estoy en este equipo de trabajo que construye la catedral”. Esta historieta, relatada por el expresidente de la aerolínea SAS, Jan Carlzon, ejemplifica la responsabilidad en el objetivo global de la compañía, pero también pone de relieve dos actitudes contrapuestas ante el trabajo y ante la vida.

Seguro que todos conocemos muchos casos como el del primer cantero. Personas que se pasan el día repitiendo incansablemente el latiguillo de “estoy desmotivado; en la empresa nadie me motiva”. Oímos esta frase una y otra vez durante años y curiosamente siempre son las mismas personas las que dicen sentirse desmotivadas. Existe una inclinación profundamente enquistada a que la gente se queje a menudo de que en su empresa nadie le motiva. Ésta es una de las principales causas por la que se generan ambientes desagradables.

Este tipo de personas buscan la motivación fuera de ellos y de este modo la responsabilidad también se queda fuera. Es la actitud de quedarse de brazos cruzados esperando la llegada del milagro: “aquí estoy, venga, motívame”. Esta frase va seguida de una retahíla de excusas y de razones ficticias que se convierten en dardos contra el jefe y contra la sociedad en su conjunto. Todo el mundo es responsable de esa falta de motivación menos el sujeto en cuestión.
Hay que terminar con esta falacia que para lo único que sirve es para esconder las incompetencias y debilidades propias. Una persona no puede motivar a otra; cada persona se puede y se debe motivar a sí misma. La única manera para conseguir que alguien haga algo es que lo quiera hacer. Cada uno de nosotros es responsable de su propia motivación.

Un motivo para actuar
Como lo define el experto en gestión José Ballesteros de la Puerta, motivación es dar o tener un motivo para poner acción. Hasta que una persona no considere su motivo o motivos suficientemente fuertes como para actuar, no actuará por sí mismo. Una persona puede tener información para realizar una determinada tarea, puede tener capacidades y destreza, pero lo realmente importante y crítico es que desee hacerlo.

¿Significa esto que una persona no puede motivar a otra? ¿Es falso entonces que una de las principales cualidades del líder es que sepa motivar a su equipo? Las palabras de un antiguo entrenador de fútbol pueden servir de ejemplo sobre lo que estamos comentando: “Mi trabajo no consiste en motivar a los jugadores; ellos traen consigo una extraordinaria motivación; mi trabajo consiste en no desmotivarles”.

Si bien no podemos motivar a otro, lo que sí podemos hacer es ayudar a crear el clima apropiado que ayude a la automotivación. En este terreno es fundamental que las empresas fomenten el sentimiento de pertenencia a un grupo; que la retribución sea digna; que existan posibilidades de superación y promoción; y que las personas puedan sentirse útiles y orgullosos de lo que hacen. También es muy importante que los jefes de una organización creen canales de comunicación flexibles y eficaces que les permitan estar en contacto directo con todos los trabajadores. Este trasiego de conocimientos es una fuente inagotable de mejora.

Responsabilidad
Si bien es necesario que las empresas implanten mecanismos para ofrecer a los empleados los instrumentos necesarios para potenciar su trabajo -lo que los gurús denominan empowerment-, nada justifica la falta de motivación de la que hace gala mucha gente. Y este “nadie me motiva” lleva implícito un temor claro a la asunción de responsabilidades. El consejero delegado de la empresa Make a Team, Juan Mateo, es muy duro al respecto: “La responsabilidad vive malos tiempos; son muy pocos los que se responsabilizan de los actos que cometen cuando estos actos conllevan penalización o han culminado en situaciones ingratas; uno no se responsabiliza del fracaso, pero exige autoría cuando emerge el éxito”.

Queda claro que cada uno de nosotros somos responsables de nuestra propia motivación. Y lo que tenemos que ser capaces es de que dure. El gran enemigo del hombre es él mismo, y en nuestro interior ganamos o perdemos las batallas. Una actitud mental positiva resulta fundamental para potenciar nuestros puntos fuertes, minimizar nuestras debilidades y mantener el fuego de la motivación, como cuenta Zig Ziglar en su libro Nos vemos en la Cumbre: “Los domingos enciendo un fuego y me echo una siesta. Cuando me despierto, el fuego se ha apagado y los troncos humean. Me levanto, agarro el atizador y doy unos golpes a los troncos. Rápidamente brotan las llamas y nuevamente tengo un hermoso y llamante fuego. No echo más leña. Todo lo que hago es sacudir la que ya hay para que el oxígeno reactive el fuego”. Todos tenemos ascuas dentro y lo único que debemos hacer es avivarlas, como nos enseña Zig Ziglar.

Capital humano
Las verdaderas fortalezas de las empresas residen en el capital humano y animar e impulsar su desarrollo puede ser vital para la supervivencia de una organización dentro del competitivo mundo en el que vivimos. Resulta necesario que directivos y trabajadores hagan una profunda autocrítica de sus actitudes para buscar y mantener esa motivación que tanto nos preocupa.

Sólo así podrá convertirse en habitual una actuación como la que relata en todas sus charlas el vanidoso de Jan Carlzon, como ejemplo de lo que él dice que consiguió implantar en la aerolínea SAS:
Rudy Peterson era un hombre de negocios americano que estaba hospedado en el Grand Hotel de Estocolmo. Un día dejó el hotel y se dirigió al aeropuerto de Arlanda, al norte de Estocolmo, para realizar un vuelo a Copenhague y cerrar un negocio. Cuando llegó al aeropuerto se dio cuenta de que había dejado su billete en el hotel. Lo había colocado encima de la mesa para ponerse el abrigo y se había olvidado de recogerlo. Todo el mundo sabe que no se puede subir a bordo de un avión sin billete, de modo que Rudy Peterson ya se había resignado a perder el vuelo y el negocio. Pero se llevó una agradable sorpresa cuando explicó su problema a una empleada. “No se preocupe, señor Peterson -le dijo-.

Aquí está su tarjeta de embarque, le daré un billete provisional si usted me dice su número de habitación en el Grand Hotel y su destino en Copenhague, yo me ocuparé del resto”. Mientras Rudy Peterson esperaba en la sala de pasajeros, la empleada llamó al hotel e hizo que un botones subiera a la habitación a recoger el billete, que estaba donde Peterson dijo que estaría. La empleada envió una limousine de SAS para recogerlo y traerlo directamente al aeropuerto. Todo fue tan rápido que el billete llegó antes de que saliera el vuelo. Nadie estuvo más sorprendido que Rudy Peterson cuando el asistente de vuelo se le acercó y le dijo simplemente: “Aquí está su billete”.

Lógicamente, para SAS resultó caro -por el coste de la limousine- el recuperar el billete, pero a cambió consiguió un cliente para toda la vida. La actitud de la empleada de la aerolínea fue un claro ejemplo de responsabilidad y de participación en el objetivo global de la compañía.

Claro está, Jan Carlzon nunca ha explicado lo que hubiera ocurrido si no llega a aparecer el billete. 

Fuente: http://www.todomba.com

24
July
2007

CARTA A LOS JÓVENES0

Carlos Slim 

Les escribo esta carta con el fin de transmitirles un poco de mi experiencia en la vida, buscando contribuya a su formación, a su manera de pensar y de vivir, a su equilibrio emocional, a su sentido de responsabilidad para con ustedes y para con los demás a su madurez y, sobre todo, a su felicidad, que debe ser producto de su ser y quehacer cotidiano.
El éxito no es hacer bien o muy bien las cosas y tener el reconocimiento de los demás. No es una opinión exterior, es un estado interior. Es la armonía del alma y de sus emociones, que necesita del amor, la familia, la amistad, la autenticidad y la integridad.
El ser tan destacado como ustedes lo son, significa un privilegio, pero entraña también muchos riesgos que pueden afectar valores muy superiores al “éxito” profesional, económico, social o político. La fortaleza y el equilibrio emocional están en la vida interior y en evitar aquellos sentimientos que corroen el alma, tales como la envidia, los celos, la soberbia, la lujuria, el egoísmo, la venganza, la avaricia, la pereza, y son veneno que se ingiere poco a poco.
Cuando den, no esperen recibir, “queda aroma en la mano que da rosas”, dice un proverbio chino. No permitan que sentimientos y emociones negativas dominen su ánimo. El daño emocional no viene de terceros, se fragua y desarrolla en nosotros mismos.
No confundan los valores ni menosprecien sus principios. El camino de la vida es muy largo, pero se transita muy rápido. Vivan el presente intensa y plenamente, que el pasado no sea un lastre, que el futuro sea un estímulo. Cada quien forja su destino y puede influir sobre la realidad. No la ignoren.
Vivan con sentimientos y emociones positivas como el amor, la amistad, la lealtad, el valor, la alegría, el buen humor, el entusiasmo, la paz, la serenidad, la paciencia, la confianza, la tolerancia, la prudencia y la responsabilidad. Los opuestos que no invadan el alma, que duren poco en su ánimo, no los dejen alojarse, aléjenlos. Muchas veces cometerán errores, es usual y humano, traten siempre que sean menores, acéptenlos, corríjanlos y olvídenlos. No se obsesionen por ellos, el cielo y el infierno están entre nosotros. Lo que más vale en la vida no cuesta y cuesta mucho: el amor, la amistad, la naturaleza y lo que sobre ella ha logrado el hombre de formas, colores, sonidos, olores que percibimos con nuestros sentidos, sólo puede ser apreciado cuando estamos anímicamente despiertos.
Vivan sin miedos y sin culpas, los miedos son los peores sentimientos del hombre, lo debilitan, lo inhiben a la acción y lo deprimen, y las culpas son un lastre enorme en nuestro pensar, al actuar y en la vida. Hacen difícil el presente y obstruyen el futuro. Para combatirlos, seamos sensatos y aceptémonos como somos, con nuestras realidades, nuestros méritos y nuestras penas.
La ocupación desplaza a la preocupación y los problemas, al enfrentarlos, desaparecen. Así, los problemas deben hacernos cada vez más fuertes. De los fracasos, aprender, y los éxitos deben ser estímulos callados. Actúen siempre conforme les dicte su conciencia, pues a ésta nunca se le engaña. Los miedos y las culpas, entonces serán mínimos. No se encierren, ni arruinen su vida, vívanla con la inteligencia, el alma y los sentidos despiertos y alertas; conozcan sus manifestaciones y edúquense para apreciarla y disfrutarla.
El trabajo bien hecho no es sólo una responsabilidad consigo mismos y con la sociedad, es también una necesidad emocional.
Al final nos vamos sin nada, sólo dejamos nuestras obras, familia, amigos y, quizá, una positiva influencia, por lo que en ellos hayamos sembrado.
Con mis mejores deseos
 

Fuente: http://www.emprendedoresnews.com