31
May
2007
Antony de Mello
Recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido… Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general, o cuando lees un libro o ves una película que te gustan de veras. Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia ‘glorificación’ y ‘promoción’ y es un sentimiento mundano, mientras que el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.
Veamos otro contraste: recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando obtienes algún éxito, cuando consigues algo que anhelabas, cuando ‘llegas arriba’, cuando vences en una partida, en una apuesta o en una discusión. Y compáralo con el sentimiento que te invade cuando disfrutas realmente con tu trabajo, cuando de veras te absorbe por entero la tarea que desempeñas. Y observa, una vez más, la diferencia cualitativa que existe entre el sentimiento mundano y el sentimiento anímico.
Y todavía otro contraste más: recuerda lo que sentías cuando tenías poder, cuando tú eras el jefe y la gente te respetaba y acataba tus órdenes, o cuando eras una persona popular y admirada. Y compara ese sentimiento mundano con el sentimiento de intimidad y compañerismo que has experimentado cuando has disfrutado a tope de la compañía de un amigo o de un grupo de amigos con los que te has reído y divertido de veras.
Una vez hecho lo anterior, trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos mundanos, es decir los sentimientos de autobombo y vanagloria, que no son naturales, sino que han sido inventados por tu sociedad y tu cultura para hacer que seas productivo y poder controlarte. Dichos sentimientos no proporcionan el sustento y la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido ideados para producir ilusiones, emoción… y vacío.
Trata luego de verte a ti mismo en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuántas de las acciones que has realizado y de las actividades en que te has ocupado han estado libres del deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamente producen vacío, del deseo de obtener la atención y la aprobación de los demás, la fama, la popularidad, el éxito o el poder.
Fíjate en las personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese por esos sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichos sentimientos, que no los ansíe, que no emplee, consciente o inconscientemente, cada minuto de su vida en buscarlos? Cuando consigas ver esto, comprenderás cómo la gente trata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo pierde su vida. Y es que viven unas vidas vacías, monótonas, sin alma…
Propongo a tu consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración… Y así siguen hasta el final
del viaje.
Fuente: http://webalia.com
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31
May
2007
Rudolph Giuliani
Rudolph Giuliani pasará a la historia por su papel como alcalde de Nueva York el día de los ataques terroristas –11 de septiembre del 2001. Su serenidad, su solidaridad con las víctimas y los habitantes de la ciudad y su liderazgo en la recuperación de la “Gran Manzana” lo han convertido en una figura de talla mundial. De su libro, “Liderazgo” (Ed. Plaza & Janes), destacamos algunos de sus consejos:
· No hay nada mejor para la efectividad del trabajo en equipo que una reunión matutina con los colaboradores más cercanos.
· Primero lo importante, luego lo urgente.
· Se debe conseguir la mayor cantidad y mejor posible de información, ésta debe ser una obsesión.
· Nunca se deben descuidar los pequeños detalles.
· Hay que prepararse en profundidad, estudiar permanentemente, no depender tanto del conocimiento de los demás, analizar uno mismo los problemas. · Visualizar la meta y el proceso es un ejercicio útil.
· Organiza todo en torno a un propósito.
· Siempre hay que usar indicadores para medir el progreso. Todo puede ser contabilizado.
· Hay que asumir la responsabilidad plena por todas las tareas del oficio.
· Un buen líder informa con frecuencia y extensamente a sus seguidores acerca de cómo va la gestión.
· Se le debe dar clara línea y objetivos específicos a cada uno de los subalternos que reportan directamente.
· La clave del éxito consiste en rodearse de excelente gente.
· Ser consciente de los puntos débiles propios es indispensable para proceder a subsanarlos.
· Al escoger a los miembros del equipo no hay que dejarse impresionar por sus estudios, sino por los logros concretos que haya obtenido a lo largo de su vida.
· Es necesario estar constantemente “avivando el fuego” (motivando el grupo)
· Antes de tomar una decisión crucial se le debe dedicar todo el tiempo posible a tomar en consideración el mayor número de perspectivas posibles. Pero una vez tomada la decisión, sólo hay que concentrar las energías en esa alternativa.
· Las discusiones son útiles, no hay que evitarlas, generan “tensión creativa”.
Algunas decisiones se basan en estadísticas, otras en pura intuición. Las más complicadas requieren las dos.
· No se deben hacer promesas que no se puedan cumplir, hay que prometer menos de lo que se puede dar.
· Hay que desarrollar y comunicar convicciones firmes. Son los principios, los valores y las grandes ideas lo que hace efectivo a un líder. Sé tu propio hombre, dirige tu vida y escribe tu guión.
· La principal virtud: Lealtad.
· “La noción de que cambiar de parecer acerca de una cuestión equivale a mostrar debilidad es ridícula. Las personas deberían estar dispuestas a admitir cuándo hay una evidencia que les obliga a cambiar de parecer. Eso es una señal de honradez, no una falta de agallas”.
· Se debe comunicar en el lenguaje más claro y sencillo posible, de la manera más directa, sin intermediarios. Hay que ser uno mismo –hablar desde el fondo del corazón.
· No se debe dejar que las críticas definan la agenda.
· Los miembros del equipo no son fusibles que se cambian a la primera crisis. Hay que defenderlos todo lo posible.
· Hay que estar presente, físicamente, en el lugar apropiado, en los momentos difíciles. Las bodas son elegibles, los funerales obligados.
· Enfréntate a los matones y sé duro con los duros.
· Se tienen que controlar al máximo las emociones, pero si no puede no hay problema en mostrar el rostro humano.
Fuente: http://www.emprendedoresnews.com
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30
May
2007
Robert Kiyosaki
No medir los riesgos lo puede llevar a cometer errores. Pero paralizarse por las mismas causas, puede ser fatal para usted y su empresa. Aún el miedo debe administrarse correctamente.
Durante mi entrenamiento para ir a Vietnam, recibí parte de mi mejor capacitación en negocios. Es obvio que, en la guerra, la administración del miedo es un problema constante. Ya en combate, vi que en algunas ocasiones el miedo creaba cobardes, pero también creaba héroes. El miedo también provocó que algunos soldados fueran más listos… pero también que otros fueran unos verdaderos tontos.
Lo mismo ocurre en los negocios. Cuando cometo un error estúpido y costoso en los negocios, es porque tenía demasiado miedo o no tenía el suficiente miedo. Porque me porté demasiado como el ingenuo personaje televisivo Pee Wee Herman o como el temerario Rambo.
Creo que una de las razones por las que muchos emprendedores no avanzan es simplemente porque se comportan como Pee Wee Herman. Al menos es lo que me ocurre. Al examinar mi carrera como emprendedor, sé que habría tenido más éxito si me hubiera comportado como Rambo… si hubiera tenido mayores ilusiones, aceptado tareas más imposibles y tenido una mayor visión de las posibilidades.
De tallas y reflejos
Por mucho tiempo fui demasiado precavido, acepté pocos riesgos y tuve ilusiones pequeñas. Mi adinerado padre a menudo decía: “No puedes ver el tamaño de una persona al ver a la persona en sí. Necesitas ver su reflejo… lo que la rodea, para conocerlo”. En una ocasión me encontraba en Nueva York para reunirme con Donald Trump. Al entrar a su edificio de oficinas (note usted la palabra edificio y no sólo oficina) me quedé pasmado. Su reflejo en ese edificio era muy grande. Más tarde iba a bordo de una limusina que me conducía a los Estudios de la televisora CNBC para participar en el programa Donny Deutsch Show. De pronto, a mi derecha aparecieron varios edificios altos y totalmente nuevos con el nombre Trump.
“¡Cielos!” alcancé a articular. No podía ni siguiera imaginarme todo lo que se había requerido en terreno y materiales para construir tantos edificios en Manhattan: convenios con los sindicatos, los burócratas del gobierno de la ciudad, los ambientalistas, los medios de comunicación, y los comités de sectores que destruirían de un solo tajo a cualquier simple mortal.
Conforme el automóvil se deslizó a lo largo las filas de los Condominios Trump, comenté con el conductor: “¡Es increíble lo que Trump ha hecho aquí!” El conductor reparó y dijo: “¿Y qué? ¿Sabe que se declaró en quiebra una vez…? Así que no es tan listo”. Se detuvo por un momento y continuó: “¿Qué opina de su cabello?” Conforme el vehículo seguía su marcha, me percaté que me acompañaba un Pee Wee observando el trabajo de un Rambo… y yo me encontraba en algún punto entre ellos. Cuando observa su reflejo, ¿le gusta lo que ve?, ¿se parece a Pee Wee o a Rambo?, ¿cuán grandes son sus ilusiones?, ¿por qué es un emprendedor?
Recuerde: La falta de confianza en uno mismo mató más hombres que el propio enemigo. Si se me presenta la oportunidad, preferiría ser Rambo.
Fuente: http://www.soyentrepreneur.com
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