MOTIVACIÓN

¿SERVISTE HOY?


David Montalvo

Qué triste sería el mundo si todo estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender.

Gabriela Mistral

En esta casa en común llamada mundo, compartimos nuestra habitación con millones de personas. Diariamente tenemos la oportunidad de hacer que esta experiencia sea más plena para todos.

En momentos nos toca limpiar la sala, barrer el piso de la entrada o hacer la comida. Siempre hay oportunidades para poner nuestro granito de arena y hacer placentera nuestra estancia.

Como en cualquier hogar, es importante tener obligaciones, derechos y responsabilidades. Necesitamos la tolerancia, apertura mental y la comunicación; pero no podemos dejar a un lado el ingrediente característico de las personas iluminadas, la cualidad de todos aquellos que hacen cambios en este mundo: SERVIR.

¿Servir? Si querido lector, leíste bien. Vaya verbo ¿no? No dice en ningún momento ser servido o que me atiendan, dice SERVIR.

El ser humano es fundamentalmente bueno, diría Catón. Y porque es bueno, tiene en el fondo de su corazón la intención de hacer algo por los demás. La diferencia aparece cuando esa intención se convierte en acción.

Vale la pena servir en el hogar universal, pero no servir sólo porque el otro es buena gente o nos cae bien, no servir al funcionario público para que después nos regrese el “favorcito”. No tranquilicemos la conciencia sirviendo a la suegra sólo para que nos dedique una mejor cara o al empleado para que no nos demande por maltrato.

Hay que servir por el hecho de servir. Así de fácil, así de práctico. Servir para que nuestra vida sirva a los demás. Servir hasta que duela, decía la Madre Teresa; pero no que duela el egoísmo, sino las manos de tanto dar.

En este planeta servir al prójimo es una oportunidad maravillosa para que nuestro espíritu se fortalezca. Servimos con un pedazo de pan, pero también con un fuerte abrazo. Servimos con unas monedas, pero también ayudando al invidente a cruzar la calle. Servimos con una ofrenda a Dios, pero también dando unas palabras de aliento al anciano que pide limosna afuera de la iglesia.

Todo el día, desde que nos levantamos, tenemos la posibilidad de servir en algo o a alguien. Todos aquellos que no te piden apoyo pero intuyes que lo necesitan, aquel que tiene arrastrando su problema, en la casa, fuera de ella. Ocasiones existen.

Pero sinceramente te confieso que no es tarea fácil. Jesús Aniorte tiene razón al decir que servir es cosa de fuertes, porque pocos se atreven a vencerse a sí mismos, porque nuestra negativa a servir a los demás, nuestro miedo a estar por debajo, está gritando nuestra “pequeñez” y nuestra sin-importancia.

Aunque estoy seguro que es mejor dar que estar con los brazos cruzados. Cuando servimos, sin quererlo, recibimos más de lo que damos. Cuando servimos, tenemos asegurada una recompensa llamada felicidad. Tagore no se equivocaba cuando decía “Soñé que la vida era alegría. Me desperté y vi que la vida era servicio. Me puse a servir y en el servicio encontré la alegría”

No esperes grandes oportunidades, majestuosas campañas. Porque mientras, hay muchos consuelos que quedan sin darse, muchas lágrimas que no se enjugan, muchos favores que no se hacen, muchos problemas que no se resuelven.

Sólo los grandes sirven. Sólo ellos se atreven a “rebajarse”. Pero al final de la vida, son los que marcan el camino.

Fuente: http://www.liderazgoymercadeo.com

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