LITERATURA

LA MAMÁ DE ROSSATI

 

 

Liliana Miraglia

 

Esto sucedió hace mucho tiempo y ya no podrá volver a suceder, porque Rossati no ha vuelto desde esa vez y porque entonces estaban preparados para cualquier cosa.

Cuando sonó el teléfono, la tía Edelmira estaba sentada al pie de la ventana tejiendo un saco azul con una lana terriblemente peluda; y, el tío Gabriel, escuchaba en la radio los pormenores de la visita de Rossati. Edna que era la que se encontraba más cerca y que además, por ser la más joven, era la más rápida, se levantó de un salto a contestar. Antes lo dejó sonar una vez más, se pasó la mano por el pelo, se acomodó la blusa dentro de la falda y cuando se sintió bien presentada, con un gesto elegante aunque estudiado, levantó la mano, descolgó el auricular y lo apoyó en su oreja, mientras su voz en una nota musical desconocida dijo un largo, reposado y desesperado; “¡Aloó!??”

Las caras de la tía Edelmira, del tío Gabriel y de la tía Asunción, que llegaba en ese momento con las compras en la mano, transformaron la curiosidad que reflejaban, en miradas de asombro ante la voz ahogada de Edna que parecía a punto de desplomarse cuando logró decir atropelladamente: “¡Es la mamá de Rossati!”.

La palabra confusión se hizo carne en el recuerdo de la voz lejana de la mamá de Rossati y en los movimientos entorpecidos del tío Gabriel, que apoyaba el auricular a un costado del aparato del teléfono.

La tía Asunción se atrevió a decir, que recién había pasado por la plaza y que era casi imposible llegar hasta Rossati, porque la multitud ya había llenado la plaza y aún si no fuera así no era tan fácil, pero ya todos estaban mirando a Edna, y con sus ojos la elegían como la portadora del mensaje.

Edna recogió su bolso que reposaba en una esquina del sillón y salió de prisa, dejando atrás a la familia convulsionada. Una vez en la calle, apurando cada vez más el paso, se sintió ridícula, el comienzo de la plaza quedaba a poca distancia, pero ir a llamar a Rossati, pasando por semejante multitud y encima para decirle que su mamá lo llamaba por teléfono, era en absoluto inconcebible, pero no le quedó otra que aceptar una única realidad insobornable, ellos eran uno de los pocos en el pueblo que tenían teléfono y eso los obligaba a dar cualquier tipo de mensaje. Por eso avanzó decidida hasta la plaza, pero todo lo que pudo hacer fue comprobar que lo mejor que podía pasar hubiera sido que la mamá de Rossati no llamara nunca. La plaza se rebosaba de gente y la tribuna donde debía pararse Rossati estaba rodeada de un cerco impenetrable de policías.

Se volvió atrás dispuesta a ser ella quien se excusara con la mamá de Rossati, pero cuando entró a la casa se encontró al tío Gabriel que decía desesperado por el teléfono: ¡”paciencia señora, se trata de pocos minutos…”!; a la tía Asunción que sacudía el polvo, enderezaba los muebles y había preparado una bandeja con juego de café de plata, una taza recién lavada y una primorosa servilleta de lino bordada a mano; y a la tía Edelmira que se le saltaron los puntos del tejido en cuanto la vio entrar; con pocas ganas de aceptar cualquier tipo de derrota y, ahora sí, esperando con ansiedad la presencia de Rossati.

Edna volvió a salir por las mismas y se quedó un rato parada en la vereda esperando que le pidieran explicaciones; levantó la mano para saludar a Esteban que siempre estaba por ahí jugando y en quien ella había pensado como una posible ayuda, ya que siempre se entrometía en lo que no le importaba, pero no le dijo nada, y peor aún cuando oyó que el tío Gabriel malhumorado se quejaba en el interior de la casa. Abrió la puerta justo cuando éste decía que la mamá de Rossati era una petulante y que su impaciencia no le permitía oír ningún tipo de razones, lo que hizo que Edna se disgustara tanto que agarró el auricular y cuando se disponía a decirle unas cuantas cosas a la mamá de Rossati, sólo logró escuchar una voz que decía encolerizada y ya casi sin sentido: “es que se han vuelto locos, quién es ese Rossati, habla la mamá de Rossana, Ro-ssa-na.”

 

Transcrito y publicado con la autorización de la autora

 

Fuente: http://www.solocrecer.com/

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