REFLEXIONES

ME GUSTA, PERO NO LO HAGO

 

 

Ángela Feijoo

 

“Me gusta escribir, pero no lo hago. ¿Cuál será la razón?”. Alguien que aprecio y que escribe maravillosamente, compartió hace poco conmigo esta inquietud. “¿Falta de disciplina? Aunque para otras cosas sí soy disciplinada”, decía a manera de reflexión en el correo que me envió y que yo recibí como un verdadero regalo, porque me dio una idea para escribir un post.

“Me gusta hacer ejercicio, pero no lo hago. Me gusta reunirme con mis amigos, pero  no lo hago. Me gusta dibujar, fotografiar, nadar, cocinar…______ (llene usted el espacio en blanco) pero no lo hago”. Todos vivimos o hemos vivido esta paradoja. Y mejor ni pensar en cuántas cosas que no nos gustan y sin embargo sí las hacemos con puntualidad y exactitud.

En busca de una respuesta útil, recordé lo que Tal Ben-Shahar, profesor de la Universidad de Harvard, nos contó a quienes asistimos al evento Happiness Venezuela 2013: que los hábitos que no adquirimos antes de los 12 años son mucho más difíciles de incorporar más adelante, pero que si elegimos bien eso nuevo que queremos hacer y nos mantenemos haciéndolo durante al menos 21 días consecutivos, comenzará a formar parte de nuestras vidas, tal como lo es cepillarnos los dientes diariamente.

El profesor de Psicología Positiva –uno de los cursos más populares en esa universidad- usa el ejemplo de cepillarnos los dientes porque si bien al principio hacía falta que nuestros padres nos persiguieran y nos recordaran que debíamos cepillarnos, ahora, como adultos, no necesitamos de un gran esfuerzo de disciplina y autocontrol para hacerlo, porque es parte de nuestra cotidianidad. Y por otro lado, si un día se nos olvida seguro nos sentiremos incómodos o nos molestará, pero no por ello dejaremos de hacerlo, como solemos hacer con los nuevos hábitos.

Ben-Shahar hace referencia a lo que proponen Jim Loehr y Tony Schwartz, expertos en liderazgo, transformación y cambios, en su libro The Power of Full Engagement: que en vez de enfocarnos en cultivar la disciplina y el autocontrol como únicos medios para conseguir los cambios que queremos, lo que deberíamos hacer es introducir rituales. Y no pretender incorporar demasiados a la vez.

Aún no sé si lo puso en práctica ni mucho menos si le funcionó, pero esta fue la sugerencia que le hice a esa persona, que como tantas, disfruta escribir, pero no lo hace tan a menudo como quisiera:

“Conviértelo en un ritual. Tú pones las condiciones: ¿una vez a la semana? ¿tres? ¿a qué hora? ¿cuánto tiempo? ¿qué vas a hacer para que sea un momento especial que disfrutes más allá del propio placer de escribir? ¿te sentarás en el lugar favorito de tu casa o te vas a otra parte? ¿lo acompañarás con una música que te agrada o más bien lo que necesitas es un rincón silencioso? ¿lo harás previo a un encuentro o alguna otra actividad que consideras especial?”.

Lo importante, obviamente, es no faltar a la cita, que debe planearse bajo las condiciones más viables. De lo contrario sólo estaríamos saboteándonos, como aquel que quiere comenzar a hacer ejercicio y se inscribe en un gimnasio que le queda a cuatro horas de su casa.

Si escribir -o cualquier otra actividad- es algo que disfrutas y te brinda bienestar, crea un ritual y deja ya que comience a formar parte de tu vida de manera cotidiana.

¿Cuál ha sido tu secreto para incorporar exitosamente cualquier hábito nuevo a tu vida?

 

Fuente: http://www.inspirulina.com/

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