UNA TEORÍA MÁS SOBRE EL AMOR
María del Carmen Altuve
Sostengo que el amor es antropófago, como nuestra naturaleza. Lo afirmo y lo compruebo. ÉL: Te extraño como a un sánduche de chancho. Claro está que para entender la magnitud del sentimiento del personaje es necesario despejar algunas variables. Tendríamos que preguntarnos, por ejemplo, cuánto le gusta a este hombre la carne de cerdo, si es su favorita, si la prefiere en fritada, en hornado o, de verdad con pan, si la ingiere a menudo o no, si la come con cebolla o sin ella.
Con un poco de perspicacia es fácil darse cuenta de que solo se extraña lo que no se tiene cerca. Entonces, por algún motivo aún desconocido se intuye que los amantes están separados. Qué tipo de distancia mantienen, eso es lo que toca descubrir. Si ese te extraño proviene de echar de menos a alguien o algo, sentir su falta, creo que la pareja va por buen camino, la separación podría ser solo circunstancial y los kilómetros pueden aumentar su pasión. En este caso, son ambos los que deciden trabajar o no el recorrido hacia su encuentro. Sin embargo, si el te extraño se produce porque uno de los dos ha cometido contra el otro la acción de apartar, privar a alguien del trato y comunicación que se tenía con él el asunto ya no es tan fácil, lo más probable es que haya algún herido. Y la experiencia ha demostrado que las cicatrices, aunque cerradas, siempre serán la memoria de un dolor. Parece que la Real Academia dificulta la resolución del problema, por eso, es mejor limitarse a resolver una interrogante: ¿a ELLA le gustará el sánduche de chancho?
Sin duda, su respuesta al piropo recibido será de mucha ayuda para demostrar mi hipótesis. ELLA: Eres el camarón de mi ceviche. Está enamorada y para confirmar la veracidad de su amor resulta urgente indagar si la mujer es alérgica a este marisco (amar es no exponerse a intoxicaciones), con cuánta frecuencia lo ingiere, si le gusta más el ceviche con salsa roja o con jugo de limón, si sabe prepararlo, si siempre escribe ceviche con v o también lo hace con b, si en realidad está segura de que el ceviche es ecuatoriano (¿o cree que es peruano?)
Es necesario observar: si ambos coinciden con el asunto de la cebolla la relación no puede tener mejores augurios.
Como el tiempo es corto no voy a explayarme ahora con las posibles connotaciones del presente del verbo ser conjugado en la segunda persona del singular. En el amor, como en otros temas, se es y nada más.
Eso sí, mucha atención si entre los gustos culinarios de la pareja aparecen las ostras como menú de cada día. Tarde o temprano habría conflicto, el asunto se volvería más delicado y podría ser una mala señal, ya que es de dominio público que estas son succionadas por sus comensales hasta que ya no queda ni un rastro de ellas. Pero también hay ostras que jamás logran abrirse (perdón, esa fue una digresión)Ahora ÉL: Mi pancito de yuca, solo quiero decirte que te amo… Tu yogurt. A estas alturas, considero que ya no es pertinente tratar de descifrar si la mujer está demasiado blanca o almidonada, si es rechonchita o si huele a queso. Prefiero confiar en que ella sí toma yogurt.
POSIBLES DESENLACES PARA UN AMOR CULINARIO. El encuentro. 1.- ELLA y ÉL se confunden en un solo abrazo y caen rodando por las calles hasta llegar al restaurante más cercano. 2.- Ambos engordaron demasiado y ya no pueden reconocerse. 3.- El infaltable final feliz: ÉL y ELLA terminan devorándose el uno al otro, como muchas parejas, como todos los antropófagos.
Texto trascrito con la autorización de la autora.
Fuente: http://www.solocrecer.com