1
February
2012

CONVIVIR CON LA INCERTIDUMBRE


Julio Bevione

Vivimos días de incertidumbre. Mucha incertidumbre.

Los cambios que ocurren a nuestro alrededor van más rápido del tiempo que demoramos en procesarlos. Y cuando todo parece estar bajo control… vuelve a cambiar. La incertidumbre ya es parte de nuestra vida diaria y debemos aceptarla o nos robará la paz.

Una de las razones por las que no podemos convivir armoniosamente con este titubeo constante de la realidad es por nuestra caprichosa necesidad de estar mirando hacia el futuro. Estamos esperando que las cosas cambien, que se mantengan, que crezcan, que suban, que bajen o que terminen. Pero esperamos, siempre esperamos algo.

Y nos olvidamos de mirar el presente, el único espacio donde la incertidumbre puede encontrarse con la paz.

Trabajamos para lograr resultados, pero llevamos toda la atención a los resultados y no disfrutamos de lo que nos pasa. O vivimos tratando de entender todo lo que sucede y para lograrlo, rebuscamos en el pasado, el único lugar donde es posible encontrar información para intentar entender el presente. Pero a veces, ni siquiera el pasado nos da razones para entender el presente. Y el titubeo sigue. Y no estamos en paz.

Es por eso que en estos días propongámonos no perdernos en tratar de diseñar con exactitud nuestro futuro, ni de entender todo lo que nos pasa. En su lugar, dejemos que nuestro propósito sea tener paz con lo que nos sucede, en este momento.  Y la incertidumbre ya no será una amenaza.

Lo lograremos cuando nos conectemos con lo que tenemos y no lo que nos falta, lo que nos sucede y no lo que ocurrirá, con quien estamos compartiendo y no con quien esperamos que llegue. Conectarnos con lo que ocurre hoy, ahora, en este momento. Esa es la puerta para encontrar la paz.

Y cuando estemos en paz, veremos las cosas de otra manera.

Si, respiremos…

Fuente: http://www.inspirulina.com

31
January
2012

EL CAMINO SI ES DURO ES MÁS GRATIFICANTE


José Escaich

La Navidad siempre había sido un momento de reunión familiar y de alegría. Ese sentimiento era mayor desde que los tres hermanos estudiaban fuera de casa.

Los tres hermanos iban a pasar las fiestas a casa de sus padres. Hacía tiempo que no volvían a casa. La universidad y los exámenes les habían mantenido lejos de hogar. Circulaban por una autopista nueva, era una vía con una perfecta señalización. Donde todo era previsible. Podían calcular sin demasiado esfuerzo el tiempo y la forma con que llegarían al destino. Cada 20 kilómetros había una gasolinera para poder repostar, en intervalos bien calculados, había numerosas acogedoras áreas de reposo para poder estirar las piernas…Y por si ello fuera poco, el gps de coche iba indicando cuánto falta, qué nivel de tráfico había, las localidades por donde pasaban,…de hecho te lo marca todo.

Ellos como todo el resto de coches, que diligentes circulaban, se encuentran cómodos. No había sobresaltos. Todo era fácil y cómodo. Poco esfuerzo, solamente tu voluntad de conducir y estar alerta de cualquier circunstancia que te deparara la carretera. Todo estaba dentro de la previsibilidad.

Los tres tenían unas ganas locas de volver a abrazar a sus padres, de dormir en sus habitaciones de toda la vida, de pasear por el bosque, de ver de nuevo a sus amigos del pueblo, ¡a saborear la comida de su Mamá!

De repente: ¡¡Alerta!! ¡¡Crisis!!

Un enorme letrero en el centro de la moderna carretera anunciaba: “Carretera cortada”. Además una pequeña explicaba que era debido a falta de presupuesto.

Pararon el coche, se bajaron de él perplejos y totalmente sorprendidos. No estaba en el plan de que esa flamante nueva carretera se acabara en ese punto. Observaron efectivamente que detrás del letrero no existía nada. Solamente se abrían pequeños senderos que se perdían por el valle en el que estaban transitando. Ninguna indicación de hacia dónde ir, hacia donde seguir…

Tras ellos fueron parando todos los coches. Las primeras reacciones fueron de desconcierto y de malestar: “¿Cómo es que se ha cortado la carretera?, ¿Nos vendrán a buscar? ¿Qué hacemos?”, comentaba todo el mundo.

Mientras todo el mundo se lamentaba, los tres hermanos se miraron y sin mediar palabra recordaron como por telepatía las sabias palabras que su padre siempre les repetía: “El momento de dificultad es el momento del luchador. Es el momento de la gente con un espíritu lleno de energía. Es cuando uno ha de mostrar voluntad de sobrevivir. La voluntad de vencer a la situación. Las circunstancias no te han de poder”.

Se pusieron rápidamente de acuerdo en el primer paso: Tomar constancia de dónde y cómo estaban. Ya no podían confiar en la comodidad del coche para alcanzar el objetivo. Ya no servían los cálculos del gps de tiempo, tráfico y otras circunstancias. Ya no servía pensar en el camino en clave de áreas de servicio, áreas de reposo,…

Faltan aún muchos kilómetros por delante e iban a emprender el viaje a pie. Sabían a donde ir y sabían lo importante que era llegar. Aunque no supieran cómo, no habían dudas, ¡iban a casa!.

Se pusieron a preparar el viaje a pie. Seleccionaron la ropa, acumularon víveres y agua. Cogieron mantas para pasar la noche. Todo lo pusieron pequeños fardos que se colgaron a la espalda. Y empezaron su ruta.

Poco a poco el ruido de las reclamaciones y de las lamentaciones de los viajeros afectados se fue perdiendo a medida que los tres se abrían camino a su meta, con paso firme y decidido. Quedaban 100 kilómetros por delante, y eso no era precisamente una distancia menor cuando se tiene que hacer a pie.

Una sensación de adrenalina positiva les recorre el interior. Emprendían una forma distinta de hacer las cosas.

¿Cómo puede ser que se sientan motivados frente a una circunstancia tan negativa?.

La fuerza de querer alcanzar el objetivos sea como sea y sea cuando sea les da moral. Es eso lo que hace de las personas unos vencedores. No bajar la guardia nunca. Siempre con fuerza sea cual sea la aventura y el entorno.

Después de varios días alcanzaron la meta. Llegaron al lugar después de tres días de andar, andar y andar en lugar de una hora de coche. Nunca habían tenido tanta ilusión por llegar a casa de sus padres.

Llegaron tarde y cansados, pero la consecución de la meta tan complicada, tan difícil, les había traído paz y fuerza interior. Los tres días de ruta se llenaron de tiempo de conversar entre los hermanos, de explicarse muchas cosas, compartieron momentos de esfuerzo, sufrimiento y alegría, se motivaron unos a otros, tuvieron momentos de alegría. Porque en todo momento los tres llevaban una sonrisa en sus rostros. La meta valía la pena.

Ese año fue la mejor Nochebuena de toda su vida, ¡aunque fuera la noche del 29 de Diciembre!

Vencer las dificultades del camino es la manera de hacer crecer tu fuerza interior.

Fuente: http://escaich.blogspot.com/

30
January
2012

EL DISFRAZ DE LA TRISTEZA


Esther Esteban

Cuenta una leyenda que: “Había una vez…, un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente. Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia) urgida –sin saber porqué– se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua…  Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró. Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza. Y así vestida de tristeza, la furia se fue.  Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza, terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia. Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es solo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad…, está escondida la tristeza.” – Jorge Bucay.

A veces nos atravesamos con personas malhumoradas que sentimos que nos atacan. ¿Qué les pasa?, ¿Por qué nos hablan de esta manera si no les hemos hecho nada? Es más, ¡ni tan siquiera las conocemos!

Detrás de ese malhumor se esconde una profunda tristeza y se exterioriza con el disfraz de la furia. Cuando vemos o nos encontramos con una persona que está triste la entendemos y podemos sentir simpatía o empatía. Pero una persona con furia nos da rechazo, porque nos hace pensar que es agresiva e instantáneamente nos alejamos de ella. ¡Qué diferente trataríamos a esa persona y nos sentiríamos cerca de ella sabiendo que a través de la furia esa persona está exteriorizando una profunda tristeza!

Podemos ser más “duros” o más “blandos”, llevar máscaras para protegernos y cubrirnos para salir fuera y relacionarnos con el mundo exterior. Pero.., ¿hasta qué punto nos ayudan esas máscaras? ¿Acaso estando enfadados con nosotros mismos y el mundo solucionamos el problema de nuestra tristeza?

Es importante dejar al desnudo la furia y dejar que la tristeza florezca y nos permitamos sentirla. En ocasiones, las personas intentamos cambiar una emoción por otra en vez de quedarnos con ella, porque no nos gusta sentir lo que ella nos produce. Sin embargo, hacerlo nos evitará trabajar en el proceso emocional de sanación.

Detrás de la ira y el malhumor existen muchas otras emociones como miedo, preocupación, culpa, rechazo, incertidumbre, decepción, injusticia y dolor. Cuando sufras un arranque de ira o malhumor trata de tomarte una pausa, respira profundo y experimenta cómo se vive ese sentimiento en todo tu cuerpo sin evadirlo ni juzgarlo. Luego, cuando estés más tranquilo, pregúntate: ¿Qué hay detrás de esta furia? ¡Te sorprenderás de lo que encontrarás!

Fuente: http://www.inspirulina.com