31
August
2010
George Carlin
La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas, mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, mejor medicina pero menor bienestar.
Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiado televisión y oramos muy rara vez.
Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente.
Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.
Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planeamos más pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.
Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hoy en día hay dos ingresos pero más divorcios, casas más lujosas pero hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega. Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta, y en que tu puedes elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas.
Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aquí siempre.
Acuérdate de ser amable con quien ahora te admira, porque esa personita crecerá muy pronto y se alejará de ti.
Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.
Acuérdate de decir te amo a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobre todo dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.
Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo.
Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus más preciadas ideas.
Y siempre recuerda:
La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.
Colaboración de Catalina Cordero R.
Fuente: http://grupo-payroll-services.blogspot.com
VaterEin
REFLEXIONES
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30
August
2010
Paulo Coelho
“Cuenta la leyenda que, al concebir su famoso fresco La Última Cena, Leonardo da Vinci se topó con una gran dificultad: necesitaba pintar el Bien –en la imagen de Jesús– y el Mal –en la figura de Judas”.
En 1476, dos hombres conversan en el interior de una iglesia medieval. Se detienen durante algunos minutos frente a un cuadro en el que se ve a dos ángeles, de manos dadas, descendiendo hacia una ciudad.
–Estamos viviendo el terror de la peste bubónica –comenta uno de ellos–. Hay personas muriendo; no quiero ver imágenes de ángeles.
–Esta pintura es sobre la peste –dice el otro–. Es una representación de la Leyenda Áurea. El ángel vestido de rojo es Lucifer, el Maligno. Fíjate en la pequeña bolsa que lleva atada al cinturón: allí dentro está la epidemia que ha devastado nuestras vidas y las vidas de nuestras familias.
El hombre observa la pintura con cuidado. Realmente, Lucifer lleva una pequeña bolsa; sin embargo, el ángel que lo conduce tiene una apariencia serena, pacífica, iluminada.
–Si Lucifer trae la peste, ¿quién es este otro que lo lleva de la mano?
–Este es el ángel del Señor, el mensajero del Bien. Sin su permiso, el Mal jamás podría manifestarse.
–¿Qué es lo que está haciendo, entonces?
–Mostrando el lugar donde los hombres deben ser purificados por una tragedia.
Da Vinci busca a sus modelos
Cuenta la leyenda que, al concebir su famoso fresco La Última Cena, Leonardo da Vinci se topó con una gran dificultad: necesitaba pintar el Bien –en la imagen de Jesús– y el Mal –en la figura de Judas–. Cierto día, mientras escuchaba a un coro, encontró en uno de los muchachos la imagen ideal de Cristo. Lo invitó a su taller, y reprodujo sus trazos en estudios y esbozos. Antes de que el muchacho saliera, le enseñó el proyecto del fresco. Lo elogió por representar el rostro de Cristo.
Pasaron tres años. La Santa Cena, que embellecía una de las iglesias más conocidas de la ciudad, estaba casi concluida, pero Leonardo da Vinci aún no había encontrado el modelo ideal para Judas.
El cardenal, responsable de aquella iglesia, empezó a presionar a Leonardo, exigiéndole que terminase cuanto antes su trabajo.
Después de muchos días buscando, el pintor encontró a un joven prematuramente envejecido, con la ropa hecha jirones, borracho, tirado en la cuneta. Con dificultad, les pidió a sus ayudantes que lo llevaran a la iglesia, pues ya no le quedaba tiempo para hacer esbozos.
Cargaron hasta allí al mendigo, que no conseguía entender bien lo que estaba ocurriendo: los ayudantes lo mantenían de pie, mientras Leonardo copiaba las líneas de la mezquindad, del pecado, del egoísmo, tan bien delineadas en aquel rostro.
Cuando terminó el trabajo, el mendigo –ya un poco recuperado de su resaca– abrió los ojos y se fijó en el fresco que tenía frente a él. Y dijo, con una mezcla de espanto y tristeza:
–¡Yo ya había visto ese cuadro antes!
–¿Cuándo? –preguntó sorprendido Leonardo.
–Hace tres años, antes de que perdiera todo lo que tenía. En una época en la que cantaba en un coro. Y el artista me invitó para que posara como modelo del rostro de Jesús.
Fuente: http://www.larevista.ec
VaterEin
LITERATURA, REFLEXIONES
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29
August
2010
La vida es esa cosa que pasa mientras…
… duermes plácidamente, ignorando toda la realidad.
… pones toda tu atención en la caja boba, evadiendo la realidad.
… dudas y pierdes una oportunidad.
… sueñas.
La vida sucede mientras haces realidad tus sueños, si es que deseas ocuparla en ello.
La vida duele, golpea, te hace reír, te permite aprender y crecer.
La vida, tu vida es, simplemente es. Tuvo un principio y tendrá un fin.
Como has de vivirla, es tu decisión. Puedes permanecer amargado por tus errores o insatisfecho con lo que tienes, pero tienes la opción de ser feliz, de dedicarte a aprender de tus fracasos.
Tu actitud define tu estilo de vida y es tu decisión más importante.
Existen personas que llevan un estilo de vida muy saludable, mientras otras eligen vivir dedicadas a protegerse de sus miedos (quizá ahorran mucho y se vuelven avaros).
Vivir feliz es un estilo de vida que depende de una decisión.
Fuente: http://elultimodepaz.blogspot.com
VaterEin
REFLEXIONES
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