4
January
2008
Dios puso en el ser humano dos maravillosas herramientas: la memoria y la imaginación. Mediante la memoria aprendemos del pasado; y mediante la imaginación creamos el futuro. Son tan poderosas estas herramientas, que cuando las usamos mal, producen poderosos resultados negativos.
Por ejemplo, esos seres que utilizan la memoria tan sólo para recordarse sinsabores y fracasos; o los que usan su imaginación para crearse hipotéticos problemas e imposibilidades. Convierten así su vida en un mundo de infelicidad.
Pero la memoria, bien dirigida, es toda una bendición. Nos recuerda éxitos pasados, dándonos confianza para el futuro. Y nos recuerda también nuestros errores, ayudándonos así a no cometerlos nuevamente.
¿Y la imaginación? Es esa herramienta maravillosa que nos permite literalmente “ver” las cosas no como son, sino como quisiéramos que fueran. Utilizadas correctamente, nos conducen magníficamente a crearnos un mejor futuro.
Vayamos ahora a sus planes para el 2008. ¿Qué quisiera usted haber logrado cuando haya finalizado? ¿Qué clase de respeto quiere de los demás? ¿Qué clase de persona anhela usted ser?
¿En qué quiere haber prosperado usted? ¿Y los suyos? ¿Tiene ya claras sus metas? ¿O dejará que la falta de planes planifique su fracaso?
LO NEGATIVO: Dejar de utilizar, o utilizar en nuestra contra, la memoria y la imaginación.
LO POSITIVO: Comprender que Dios nos hizo para triunfar, crearnos a propósito, mediante nuestras metas, un mejor futuro.
Fuente: http://www.quechilero.com
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26
December
2007
Leo Alcalá
Errar es de humanos. Más aun, errar es de personas exitosas.
El éxito no es la ausencia del fracaso o de la equivocación. De hecho, el camino del éxito se define muchas veces cuando nos encontramos ante lo que—juzgado desde la perspectiva limitada del momento—salió mal.
En todo momento, la probabilidad de fallar es real. Quizá en algunas circunstancias la probabilidad es del 1%; en otros un opuesto 99%. Pero es posible. Fallar es uno de tantos escenarios posibles.
¿Qué haces tú ante la posibilidad del fracaso? ¿Te paralizas? ¿Lo evitas a toda costa? ¿Prefieres quedarte con lo seguro?
Varios son los refranes populares que reflejan creencias quizá instaladas en un inconsciente colectivo que le huye al riesgo. Un par de ejemplos:
“Más vale pájaro en mano que cien volando”.
“Más vale malo conocido que bueno por conocer”.
Pero aquí va otro: “El que no arriesga… ni gana ni pierde”. Yo prefiero expresarlo así: “El que no arriesga ¡pierde!”. Pierde la oportunidad de aprender. Pierde la claridad de aquello que no funciona. Pierde el tiempo que ahora podría dedicar con mayor eficacia al logro de sus metas. Pierde la plenitud que se experimenta cuando—aun ante el fracaso—sabes que has dado lo mejor de ti.
Nuestro mayor peligro no es que fallemos en grande, sino en que nos conformemos con pequeños éxitos. Victorias por debajo de tu potencial que te conduzcan a un conformismo limitante.
Bob Proctor, autor norteamericano, lo dice así:
“Fallar no te hace un fracasado. El único momento en que fracasamos es cuando decidimos no seguir intentándolo”.
Hace un par de noches escuché una conferencia de Carlos Saul Rodríguez, psicólogo venezolano que ha trabajado con nuestra selección nacional de fútbol. Allí le escuché una historio de cuando inició su trabajo con la selección y compartió con los “muchachos” del equipo una convicción esencial para triunfar: de cada partido hay dos resultados posibles, o ganamos o aprendemos.
¿Te estás dando el permiso para fracasar?
Porque si no estás reduciendo significativamente tu capacidad para avanzar. Si quieres aumentar tu éxito quizá sea cuestión de exponerte más a la posibilidad de fallar.
Suena extraño, pero funciona:
Aumenta la frecuencia de tus fracasos y—si rápidamente los transformas en aprendizajes—amplificarás exponencialmente la dimensión de tus éxitos.
Tres palabras: Arriésgate. Aprende. Avanza.
Y bien podemos sumar una cuarta: ¡Ahora!
Fuente: http://www.publicidad-internet.com
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23
December
2007
Blair Singer
Hace algunas semanas hice referencia a una de las causas por las que mucha gente que se inicia en el negocio de las ventas fracasa, y esto se debe por que en algún momento han perdido la negociación con su propia mente; es decir, se han dejado vencer por su “vocecita”.
En muchas ocasiones esta batalla se libra sobre el terreno de la confusión, de la adversidad, el caos o la duda. Es en esos momentos cuando las cosas parecen no tener solución, y al mismo tiempo prevalece una sensación de frustración. De lo que no nos damos cuenta es que este tipo de situaciones nos ofrecen una verdadera oportunidad de crecimiento personal.
Hago mención de esto porque mucha gente cuando está a punto de alcanzar el éxito… se queda corta. Sólo alcanzan entre el 80 y el 90% de todo su potencial; esto se debe a que no confían plenamente en el proceso de aprendizaje. Evitan cometer errores o buscan la salvación en las manos de terceras personas.
Siempre existe el caos y la confusión antes de que aparezca la claridad y el orden. Así es como trabaja la naturaleza.
Puedes haber sido condicionado por el orden social para aceptar las respuestas de alguien más. Existen dos problemas con esta situación. El primero, es que te aleja de toda posibilidad de obtener un verdadero aprendizaje y acumulación de recursos para enfrentarte a la adversidad en el futuro. El segundo, es que por lo general los comentarios y los consejos de los demás nos llegan demasiado tarde y además están basados en un juicio hecho a la ligera de la situación ya que quién se encuentra atrapado en el dilema eres tú.
El verdadero aprendizaje se obtiene cuando caes, encuentras el error, aprendes de el y corriges la situación.
Aquí te presento una lista que puedes usar como referencia para asegurarte de que te encuentras en el camino correcto y más corto hacia el aprendizaje.
1. Rodéate con personas sinceras, que puedan decirte la verdad aunque a veces no sea agradable. Este tipo de personas son tus verdaderos amigos.
2. Nunca niegues el haber cometido un error, te escondas o mientas al respecto. Si nunca reconoces tus errores jamás podrás corregirlos. La batalla que se pierde con mayor frecuencia dentro de nuestra mente, es en la que nos mentimos acerca de nosotros mismos. Admite tus errores rápidamente.
3. No seas demasiado duro contigo mismo. No exageres la situación, pero tampoco te consideres un tonto. Has ingresado a la prestigiosa fraternidad de muchos ganadores que han fracasado mucho antes que tú. Presume acerca de tus errores especialmente si son enormes.
4. Si llegas a buscar ayuda, encuentra a un mentor que te ayude a descubrir la verdad por ti mismo y te motive a aprender. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero la mejor forma de aprender a manejar los errores es cometiéndolos “lo más rápido posible” confiando en que el proceso de aprendizaje a la larga te dará la experiencia necesaria para minimizarlos.
Buckminster Fuller solía decir que “Los errores se convierten en pecado cuando NO los admitimos”. “Cuando los seres humanos admitimos y reconocemos que hemos cometido un error, es cuando se más nos acercamos a esa “misteriosa integridad” que gobierna el universo”.
¡Sé increíble!
Fuente: http://micibercafe.com.mx
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