2
February
2012
Francisco Cáceres Senn
¿Qué fue primero? ¿La gallina o el huevo?
Famosa frase que no tiene respuesta. Aparentemente.
¿Qué sería primero? ¿El éxito para alcanzar la felicidad? ¿O es la felicidad la que nos permite tener éxito?
Porque solo hace falta echar un vistazo a la humanidad para darnos cuenta de que casi en su totalidad vivimos de acuerdo al primer paradigma, buscar el éxito para lograr la felicidad. Éxito en forma de dinero, poder, objetos y culto personal y como consecuencia, claro está, la felicidad.
Es tan sutil este pensamiento que trabaja sin darnos nosotros cuenta de ello y domina la mayor parte de nuestra existencia.
Pero no me quiero dar a entender mal. Este no es un mensaje en contra del materialismo comercial y sin sentido que gobierna nuestras vidas. Nada más lejos. Muy al contrario, mi filosofía personal considera la posesión de dinero y bienes, el reconocimiento de los demás y todas esas manifestaciones de poder como algo lógico del mundo en que vivimos y deseable de obtener siempre por medios éticos.
La buena noticia es que la ciencia respalda el segundo paradigma
Lograr el éxito en base a ser feliz primero. Sí, ya sé que eso es imposible y que suena más bien a conformismo. Puedo escuchar ahora mismo todas las buenas historias que han justificado por años todo mi mal humor. Y el suyo, tal vez.
Pero el hecho es que la ciencia respalda con investigaciones serias que sólo las personas que dominan sus estados de ánimo (podemos hablar de que se sienten felices sin motivo) pueden aspirar al éxito.
Y según estos mismos expertos de lo que hoy en día se denomina Psicología Positiva y que cada vez tiene más adeptos y demostraciones de su eficacia, son pocos los cambios que tenemos que implementar en nuestras vidas para mejorar nuestro coeficiente de felicidad y el éxito que se genera de este aumento.
En resumen: Emmons y McCulough en el 2003 encontraron que un ejercicio práctico diario que impactaría positivamente nuestros CF (Coeficiente de Felicidad) es pensar conscientemente en por lo menos 3 cosas acerca de las cuales sentirnos agradecidos; Statcher y Pennebaker en el 2006 encontraron que escribir todos los días un pequeño diario personal también resultaba positivamente impactante; Babyak en el 2000 realizó un estudio que demostraba que el ejercicio ligero mejoraba nuestro CF; Dwek en el 2007 llegó a las mismas conclusiones con la meditación practicada todos los días y Lyubomirsky en el 2005 encontró que las personas que realizaban actos de amabilidad espontáneos también mejoraban sensiblemente su CF.
Por tanto, te recomiendo que seas tremendamente egoísta y que de ahora en adelante y con el firme propósito de alcanzar tu éxito personal adquieras alguno de los hábitos anteriores al menos, si es posible todos, que harán sentir mejor a los demás con seguridad. Porque cuando nosotros estamos mejor, las personas que nos rodean se sienten mejor a nuestro lado, y esto no es física nuclear.
Pero eso no nos importa. Si los demás se siente bien, mejor por ellos. Porque, repito, la única razón por la que vamos a ser amables y gentiles, positivos y nobles es porque estamos firmemente decididos a alcanzar el éxito.
Parece que después de todo, la gallina fue primero.
Fuente: http://franciscocaceressenn.blogspot.com
Posted: REFLEXIONES
1
February
2012
Julio Bevione
Vivimos días de incertidumbre. Mucha incertidumbre.
Los cambios que ocurren a nuestro alrededor van más rápido del tiempo que demoramos en procesarlos. Y cuando todo parece estar bajo control… vuelve a cambiar. La incertidumbre ya es parte de nuestra vida diaria y debemos aceptarla o nos robará la paz.
Una de las razones por las que no podemos convivir armoniosamente con este titubeo constante de la realidad es por nuestra caprichosa necesidad de estar mirando hacia el futuro. Estamos esperando que las cosas cambien, que se mantengan, que crezcan, que suban, que bajen o que terminen. Pero esperamos, siempre esperamos algo.
Y nos olvidamos de mirar el presente, el único espacio donde la incertidumbre puede encontrarse con la paz.
Trabajamos para lograr resultados, pero llevamos toda la atención a los resultados y no disfrutamos de lo que nos pasa. O vivimos tratando de entender todo lo que sucede y para lograrlo, rebuscamos en el pasado, el único lugar donde es posible encontrar información para intentar entender el presente. Pero a veces, ni siquiera el pasado nos da razones para entender el presente. Y el titubeo sigue. Y no estamos en paz.
Es por eso que en estos días propongámonos no perdernos en tratar de diseñar con exactitud nuestro futuro, ni de entender todo lo que nos pasa. En su lugar, dejemos que nuestro propósito sea tener paz con lo que nos sucede, en este momento. Y la incertidumbre ya no será una amenaza.
Lo lograremos cuando nos conectemos con lo que tenemos y no lo que nos falta, lo que nos sucede y no lo que ocurrirá, con quien estamos compartiendo y no con quien esperamos que llegue. Conectarnos con lo que ocurre hoy, ahora, en este momento. Esa es la puerta para encontrar la paz.
Y cuando estemos en paz, veremos las cosas de otra manera.
Si, respiremos…
Fuente: http://www.inspirulina.com
Posted: REFLEXIONES
31
January
2012
José Escaich
La Navidad siempre había sido un momento de reunión familiar y de alegría. Ese sentimiento era mayor desde que los tres hermanos estudiaban fuera de casa.
Los tres hermanos iban a pasar las fiestas a casa de sus padres. Hacía tiempo que no volvían a casa. La universidad y los exámenes les habían mantenido lejos de hogar. Circulaban por una autopista nueva, era una vía con una perfecta señalización. Donde todo era previsible. Podían calcular sin demasiado esfuerzo el tiempo y la forma con que llegarían al destino. Cada 20 kilómetros había una gasolinera para poder repostar, en intervalos bien calculados, había numerosas acogedoras áreas de reposo para poder estirar las piernas…Y por si ello fuera poco, el gps de coche iba indicando cuánto falta, qué nivel de tráfico había, las localidades por donde pasaban,…de hecho te lo marca todo.
Ellos como todo el resto de coches, que diligentes circulaban, se encuentran cómodos. No había sobresaltos. Todo era fácil y cómodo. Poco esfuerzo, solamente tu voluntad de conducir y estar alerta de cualquier circunstancia que te deparara la carretera. Todo estaba dentro de la previsibilidad.
Los tres tenían unas ganas locas de volver a abrazar a sus padres, de dormir en sus habitaciones de toda la vida, de pasear por el bosque, de ver de nuevo a sus amigos del pueblo, ¡a saborear la comida de su Mamá!
De repente: ¡¡Alerta!! ¡¡Crisis!!
Un enorme letrero en el centro de la moderna carretera anunciaba: “Carretera cortada”. Además una pequeña explicaba que era debido a falta de presupuesto.
Pararon el coche, se bajaron de él perplejos y totalmente sorprendidos. No estaba en el plan de que esa flamante nueva carretera se acabara en ese punto. Observaron efectivamente que detrás del letrero no existía nada. Solamente se abrían pequeños senderos que se perdían por el valle en el que estaban transitando. Ninguna indicación de hacia dónde ir, hacia donde seguir…
Tras ellos fueron parando todos los coches. Las primeras reacciones fueron de desconcierto y de malestar: “¿Cómo es que se ha cortado la carretera?, ¿Nos vendrán a buscar? ¿Qué hacemos?”, comentaba todo el mundo.
Mientras todo el mundo se lamentaba, los tres hermanos se miraron y sin mediar palabra recordaron como por telepatía las sabias palabras que su padre siempre les repetía: “El momento de dificultad es el momento del luchador. Es el momento de la gente con un espíritu lleno de energía. Es cuando uno ha de mostrar voluntad de sobrevivir. La voluntad de vencer a la situación. Las circunstancias no te han de poder”.
Se pusieron rápidamente de acuerdo en el primer paso: Tomar constancia de dónde y cómo estaban. Ya no podían confiar en la comodidad del coche para alcanzar el objetivo. Ya no servían los cálculos del gps de tiempo, tráfico y otras circunstancias. Ya no servía pensar en el camino en clave de áreas de servicio, áreas de reposo,…
Faltan aún muchos kilómetros por delante e iban a emprender el viaje a pie. Sabían a donde ir y sabían lo importante que era llegar. Aunque no supieran cómo, no habían dudas, ¡iban a casa!.
Se pusieron a preparar el viaje a pie. Seleccionaron la ropa, acumularon víveres y agua. Cogieron mantas para pasar la noche. Todo lo pusieron pequeños fardos que se colgaron a la espalda. Y empezaron su ruta.
Poco a poco el ruido de las reclamaciones y de las lamentaciones de los viajeros afectados se fue perdiendo a medida que los tres se abrían camino a su meta, con paso firme y decidido. Quedaban 100 kilómetros por delante, y eso no era precisamente una distancia menor cuando se tiene que hacer a pie.
Una sensación de adrenalina positiva les recorre el interior. Emprendían una forma distinta de hacer las cosas.
¿Cómo puede ser que se sientan motivados frente a una circunstancia tan negativa?.
La fuerza de querer alcanzar el objetivos sea como sea y sea cuando sea les da moral. Es eso lo que hace de las personas unos vencedores. No bajar la guardia nunca. Siempre con fuerza sea cual sea la aventura y el entorno.
Después de varios días alcanzaron la meta. Llegaron al lugar después de tres días de andar, andar y andar en lugar de una hora de coche. Nunca habían tenido tanta ilusión por llegar a casa de sus padres.
Llegaron tarde y cansados, pero la consecución de la meta tan complicada, tan difícil, les había traído paz y fuerza interior. Los tres días de ruta se llenaron de tiempo de conversar entre los hermanos, de explicarse muchas cosas, compartieron momentos de esfuerzo, sufrimiento y alegría, se motivaron unos a otros, tuvieron momentos de alegría. Porque en todo momento los tres llevaban una sonrisa en sus rostros. La meta valía la pena.
Ese año fue la mejor Nochebuena de toda su vida, ¡aunque fuera la noche del 29 de Diciembre!
Vencer las dificultades del camino es la manera de hacer crecer tu fuerza interior.
Fuente: http://escaich.blogspot.com/
Posted: MOTIVACIÓN, REFLEXIONES