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UN HOMBRE RICO

UN HOMBRE RICO 

Harvey Mackay 

Cuando era chico, recuerdo que un amigo de mi padre, Bernie, era un próspero mayorista de fruta y verduras, y todos los veranos, cuando llegaban las primeras sandías, Bernie nos llamaba.  Papá y yo íbamos al depósito de Bernie ubicado junto a la playa, y nos sentábamos en el borde del muelle, con los pies colgando.  Bernie traía su machete, abría nuestra primera sandía, nos alcanzaba a ambos un gran pedazo y se sentaba junto a nosotros.  Entonces enterrábamos la cara en la sandía, comíamos sólo el corazón -la parte más roja, jugosa, firme, y libre de semillas- y tirábamos el resto. Bernie era lo que mi padre consideraba un hombre rico.  Siempre pensé que se debía a que era un hombre de negocios de mucho éxito.  Años después, me di cuenta de que aquello que mi padre admiraba en la riqueza de Bernie era que éste sabía cuándo dejar de trabajar, reunirse con amigos y comer sólo el corazón de la sandía.
Lo que aprendí de Bernie, es que ser rico es un estado de ánimo.  Algunos de nosotros, al margen de cuánto dinero tengamos, nunca seremos lo bastante libres como para comer sólo el corazón de la sandía.  Otros son ricos sin tener más que un cheque de su salario por delante.  Si uno no se toma el tiempo para dejar que los pies cuelguen sobre el muelle y disfrutar de los pequeños placeres, su carrera probablemente será abrumadora.

Durante muchos años, me olvidé de esa lección que aprendí de chico en el muelle de carga.  Estaba demasiado ocupado haciendo todo el dinero que podía.  Bueno, la volví a aprender.  Tengo tiempo para alegrarme con los éxitos de los demás y para disfrutar del día.  Ése es el corazón de la sandía.  He aprendido a arrojar el resto. 
 

¡Por fin soy un hombre rico! 

Fuente: http://planetarelatos.com

A LAS PUERTAS DEL INFIERNO

A LAS PUERTAS DEL INFIERNO 

Osho

Neo Tarot(36) 

Recuerda que en cada momento tú tienes la elección de estar en el cielo o en el infierno. Si no eres consciente estás en el infierno. Depende de ti. 

Hakuin, el Maestro Zen, es una de las raras flores. Un guerrero fue a él, un samurai, un gran soldado, y le preguntó: `¿Existe el infierno? ¿Existe el cielo? Si el infierno y el cielo existen, ¿dónde están las puertas? ¿Por dónde entro?

Era un guerrero simple. Los guerreros siempre son simples, sin astucia en sus mentes, ni aritmética. Sólo conocen dos cosas: la vida y la muerte. No había venido a aprender ninguna doctrina; quería saber dónde estaban las puertas, así podría evitar el infierno y entrar en el cielo. Y Hakuin le respondió en una manera que sólo podía comprender un guerrero.

Hakuin le dijo: `¿Quién eres?` El guerrero respondió: `Soy un samurai`.

Produce mucho orgullo ser un samurai en el Japón. Significa ser un guerrero perfecto, un hombre que no vacilará un sólo instante en dar su vida. Dijo: `Soy un samurai, soy un líder de samurais. Aún el emperador me debe respeto`.

Hakuin rió y le dijo: `¿Tú, un samurai? ¡Pareces un mendigo!`

Su orgullo estaba herido. El samurai olvidó para qué había venido. Desenvainó su espada y estuvo a punto de matar a Hakuin.

Entonces Hakuin rió y le dijo: `Esta es la puerta del infierno. Con esta espada, esta ira, este ego, acá se abre la puerta`.

Esto es lo que un guerrero puede entender. El samurai entendió inmediatamente. Volvió a poner la espada en su vaina… y Hakuin dijo: `Acá se abren las puertas del cielo`.

El infierno y el cielo están dentro de ti. Ambas puertas están dentro de ti. Cuando te conduces inconscientemente, allí está la puerta del infierno; cuando estás alerta y consciente, allí está la puerta del cielo. La mente es el cielo, la mente es el infierno, y la mente tiene la capacidad de convertirse en ambos. Pero la gente continúa creyendo que todo se halla en algún lugar afuera… El cielo y el infierno no están al final de la vida, están aquí y ahora. A cada momento se abre la puerta… en un solo instante puedes ir del infierno al cielo, del cielo al infierno.   

Raíces y Alas (pp. 82-98)                                     Fuente: http://www.satyam.com.ar

COMPARTIR LA SEMILLA

COMPARTIR LA SEMILLA

 

Miguel A. Echeverría López

 

Un hombre tenía un sembrado de flores estupendas; cada día salían de su cultivo centenares de paquetes a vender a la ciudad con las flores más bellas y fragantes que nadie pudiera conocer.Este señor año por año ganaba el premio a las flores más grandes y de mejor calidad y como era de esperarse era la admiración de todos en la región; un día se acercó un periodista de un canal de televisión a preguntarle el secreto de su éxito, a lo que el hombre contesto:– Mi éxito se lo debo a que de cada cultivo saco las mejores semillas y las comparto con mis vecinos, para que ellos también las siembren.

– ¿Cómo?- respondió el periodista- pero eso es una locura, acaso no teme que sus vecinos se hagan famosos como usted y le quiten su importancia?

El hombre dijo: – Yo lo hago porque al tener ellos buenos sembrados el viento me va a devolver a mi cultivo buenas semillas y la cosecha va a ser mayor; si no lo hiciera así ellos sembrarían semillas de mala calidad que el viento traería a mi cultiva y cruzaría las semillas, haciendo que mis flores sean de mala calidad.

Es necesario compartir nuestras mejores semillas de cualidades y virtudes para así obtener una cosecha excelente de una sociedad mejor.

Fuente: http://www.seminarios.com.mx

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