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    LA DISCUSIÓN

    Luciano Lamberti Javier suspira y da otra vuelta en la cama. Suspiro fuerte para que me escuche. Me pregunto qué hora es. Perdí hace rato la noción del tiempo, a lo mejor las cuatro, a lo mejor las cinco de la madrugada. Nos acostamos a eso de las dos y media, a la vuelta de una reunión en la casa de uno de sus colegas psiquiatras, donde comimos una picada, bebimos vino, fumamos marihuana y  charlamos, sentados en unos cómodos sillones rústicos que el psiquiatra tenía en el living. Volvimos temprano porque mañana yo entro a las ocho a la tienda y nos acostamos y Javier no dejó de dar…