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Septiembre 16, 2019



TWILIGHT ZONE

Gino Winter

Tomaba un rico capuccino en un pequeño Starbucks, cerca de la 5ta. avenida, en un frío New York, cuando se me cruzó una belleza africana de metro ochenta, más negra que mi teléfono celular, con un cuerpo divino, un cabello de mil colores y unos labios que ya los quisiera Angelina Jolie; la siguió una Sofía Loren moderna, más delgada, pero igual de irresistible, con una latina que bien podría ser hija de Raquel Welch, y una japonesita, una nórdica, una francesa… en fin, un desfile de Victoria’s Secret tomando café a mi lado. 

Empecé a mirar a mi alrededor y vi con extrañeza y envidia, que las mesas estaban llenas de guapísimos jóvenes de metro noventa, elegantemente vestidos, en parejas o haciéndo compañía a las muchachas. 

Nunca me sentí más feo en mi vida: un enano de metro setentaicinco, con cuerpo de estibador, mal vestido y con anteojos pasados de moda, un dedo gordo con uñero, la última payaya chancada del cajón, un lapicero desechable con la tapa mordida.

Asolapadamente, trataba de encontrar las cámaras escondidas, pues podría ser uno de esos programas de bromas de la Tv y hasta pensé que había tropezado con un gusano quántico que me metió a la dimensión desconocida de algún multiverso espacio-temporal donde toda la gente era perfecta, menos yo.

Una amable barista me devolvió el alma al cuerpo cuando me informó que en el piso décimo del mismo edificio, quedaba una famosa agencia de modelos y todos esos muchachos estaban haciendo tiempo mientras los llamaban para confeccionar sus books de fotografías curriculares…

Fuente: https://cronicasilegales.blogspot.com

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