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Febrero 17, 2018



FELICIDADES SIN CONDICIONES

 

 

Gonzalo Peltzer

 

Ya pasaron las fiestas de fin de año y también una de las manías argentinas, que es como un sello de nuestra cultura colectiva: los que saludan diciendo “si no nos vemos, feliz Navidad” o “si no nos vemos, felices fiestas” o “si no nos vemos, feliz Año Nuevo” o la fórmula que sea, pero siempre con el preámbulo “si no nos vemos”.

Los que saludan así –y esto es lo más argentino que hay– se ponen como personaje principal de la felicitación y la condicionan de tal modo que haría pensar a los saludados que si se llegaran a ver antes de que se cumpla la condición, el saludo no vale. Pero además cabría completar en nuestro pensamiento la segunda parte: “…y si te veo que seas un infeliz de cuarta”.

¿Hasta cuándo se puede decir “si no nos vemos”? Está claro que se podría decir hasta un microsegundo antes del nanosegundo de Año Nuevo. Pero el problema en estas épocas globales es resolver cuándo empieza el año, ya que mientras la Tierra gira, Año Nuevo es a cada rato durante unas 48 horas y nos estamos viendo todo el tiempo por Skype, Whatsapp, Facebook, Periscope, Instagram y demás inventos de la vida moderna.

Lo lógico sería decir “Feliz 2018” (o feliz lo que sea) sin más vueltas y todas las veces que queramos, ya que no hay ninguna razón para pensar que las felicitaciones anteriores se anulan con las posteriores o que solo vale la última felicitación, que vendría a ser la que se dice en el momento exacto del cambio de año.

Tampoco entiendo a los que en lugar de devolver felicitación a los felicitadores, le encajan un “igualmente” sin más trámite. En vez de expresar sus deseos con sus propias palabras, ponen un espejo que refleja el saludo ajeno. Es muy improbable que sus deseos o sus ganas de felicitar sean idénticos a los del que los saludó, ya que por suerte los seres humanos no somos iguales ni siquiera al más igual de nuestros iguales.

Se lo pongo en otro contexto y va a ver qué feo queda eso de ponerle espejos a lo que nos dicen:

–Mi amor, no puedo vivir sin ti.

–Igualmente.

–Tú eres la luz de mis días.

–Igualmente.

–Te quiero como nadie ha querido jamás.

–Igualmente.

–¿No eres capaz de decir otra cosa?

–Igualmente…

Tan feo como ponerle condiciones a la felicidad.

 

Fuente: http://www.larevista.ec

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